El equívoco homeopático

Sobre los riesgos y contradicciones de esta terapia y su necesaria regulación

La edad de la inocencia de la homeopatía podría estar tocando a su fin. Poco a poco está siendo evacuada de las universidades y los colegios médicos, y se va poniendo el foco en los riesgos y contradicciones de esta pseudociencia. En cuanto a los riesgos, parece claro que puede matar si se usa como alternativa terapéutica para el cáncer, como ilustra el caso recién conocido de una economista española fallecida tras tratarse su cáncer de mama con homeopatía. A raíz de este y otros casos, cientos de médicos y científicos han pedido a la ministra de Sanidad que ponga coto a la venta libre de homeopatía en las farmacias y regule su uso. Lo curioso es que poco antes el Gobierno español trasladó a la Unión Europea, en la reunión de ministros de Sanidad celebrada en Viena del 10-11 de septiembre, una propuesta que incluso va más allá: dejar de considerar medicamentos a los productos homeopáticos.

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Cómo elegir sabiamente

Sobre la campaña Choosing Wisely para limitar pruebas y tratamientos innecesarios

La iniciativa Choosing Wisely para reducir los daños y costes innecesarios de la propia medicina tiene ya más de cinco años de recorrido, desde su lanzamiento en 2102. Pero las ideas e iniciativas sanitarias, especialmente las que tratan de revertir las malas prácticas, tardan en difundirse y asentarse. La noción de que la medicina no debe hacer daño es tan vieja como la profesión médica, pero necesita reformularse de tanto en tanto para adecuarse a los nuevos tiempos y sus problemas. Así han surgido las ideas sobre la evidencia científica de las intervenciones, el balance entre beneficios y riesgos, el sobretratamiento y tantas otras que confluyen en una constatación: menos medicina es lo mejor en muchos casos. Choosing Wisely arrancó precisamente para identificar, especialidad por especialidad, aquellas intervenciones médicas que no están avaladas por pruebas científicas y que no son realmente necesarias. Y el amplio interés médico y mediático que ha despertado la iniciativa parece avalar su necesidad.   (más…)

Adherencias y adhesiones

Sobre cumplimientos, seguimientos y otras muestras de sintonía

[divider_flat] No deja de ser curioso que la expresión “adherencia al tratamiento” haya hecho fortuna para indicar que un paciente se toma todas y cada una de las pastillas recetadas, a la hora justa y sin saltarse ninguna, o que sigue a rajatabla cualquier otra prescripción médica. Hasta ahora, en la literatura médica no había otras adherencias que las bridas de tejido conjuntivo que entorpecen la movilidad de una víscera, aparte de la inmunoadherencia, que podemos visualizar como la unión entre las moléculas y/o células que participan en una reacción inmunológica. Esta “adherencia al tratamiento” no es sino la traducción fácil, acrítica y confusa del inglés adherence to treatment, cuya lectura literal nos puede dar a entender que estamos ante una persona adherida íntimamente a su tratamiento, como pegada con pegamento. Y no se trata de eso, por más que haya pacientes que no se despeguen de su pastillero, o que los planteamientos del médico y sus prescripciones susciten la más firme adhesión por parte del paciente. ¿O acaso sí se trata de eso? (más…)

Colesteroles

Sobre las múltiples caras de una molécula demonizada

[divider_flat] Al colesterol le ha tocado el papel de malo en esa película sobre la salud cuyo guión lo escriben día a día y mano a mano investigadores, médicos y medios de comunicación. De poco sirve recordar que es una molécula esencial para la vida, pues tanto el papel de malo como el de bueno (piénsese, por ejemplo, en las vitaminas o los antioxidantes) parecen imprimir carácter. Aunque los guionistas diferencian un colesterol bueno de otro malo, la audiencia no está para refinamientos. Algunos creen que la cruzada contra el colesterol es desproporcionada, y llaman la atención sobre algunos estudios para revisar la consideración de una sustancia de la que todavía queda mucho por conocer. (más…)

Analgesia musical

Sobre la falta de pruebas científicas en musicoterapia

La música tiene tan buena prensa –incluso médica– que resulta un poco sospechosa. Difícilmente se le encuentra un pero como adyuvante terapéutico, aunque lo cierto es que hay una clamorosa falta de pruebas científicas que lo avalen. Empieza a haberlas a favor de su empleo en alguna enfermedad concreta, como por ejemplo la esquizofrenia (para potenciar la atención, lo que  mejora el estado general y mental de estos pacientes). Pero, ¿cuál es la evidencia sobre una de sus aplicaciones más cacareadas y atractivas: la analgesia musical?

Una revisión que acaba de publicar The Cochrane Library, la revista de la Cochrane Collaboration, ha analizado un total de 51 ensayos sobre este tema y no ha podido extraer ninguna conclusión firme –por falta de estudios de calidad– sobre si la música alivia o no el dolor asociado a las pruebas diagnósticas, a la dilatación y el parto, y al cáncer, entre otros padecimientos estudiados. En cambio, sí ha concluido que la música puede ser un buen complemento analgésico tras una intervención quirúrgica. La revisión, dirigida por María Soledad Cepeda, anestesista del Tufts-New England Medical Center y profesora de la Universidad Javeriana de Bogotá (Colombia), indica que la música reduce la necesidad de tomar opiáceos tras una operación, y que su efecto analgésico es comparable al de 325 miligramos de paracetamol. Sin embargo, las ventajas analgésicas de la música son muy pequeñas como para disminuir los efectos secundarios de los fármacos, según Cepeda. La revisión, que abarca 14 estudios con 489 pacientes que escucharon música, muestra que la reducción del dolor postoperatorio llega a ser de casi un punto en una escala de 0 a 10 entre quienes escucharon música y quienes no lo hicieron; si la música era seleccionada o no por el propio paciente resultaba indiferente. En cuanto al alivio del dolor, el análisis de los datos de los 4 de los 14 estudios que preguntaron a los pacientes sobre este aspecto revela que era necesario tratar a cinco pacientes con musicoterapia para encontrar una reducción del dolor.

Al margen de estas pruebas que se van aportando con cuentagotas a favor de la analgesia musical, todo lo que pueda decir la literatura médica –por no hablar de la pseudocientífica– sobre los mecanismos por los que la música alivia el dolor no es más que pura especulación, pues apenas se sabe algo. Y esto ocurre con la mayoría de las llamadas terapias complementarias. Las ideas circulantes sobre su eficacia y mecanismo de acción suelen tener poca base científica porque en la mayoría de los casos faltan datos. Sin embargo, como estas medicinas son cada vez más utilizadas, la necesidad de que se sometan al método del ensayo clínico empieza a ser apremiante. Hay quien ha sugerido que estas terapias podrían gravarse con un pequeño impuesto para financiar los necesarios ensayos clínicos. Y no es una mala idea, porque urge tener datos fiables para poner cada cosa en su sitio. Incluso la música.