Conectoma

Sobre el mapa visual de todas las conexiones del cerebro humano

[divider_flat]Somos nuestras conexiones neuronales. Esta idea, esbozada entre otros por Joseph LeDoux en su libro Synaptic Self: How Our Brains Become Who We Are (2002), va filtrándose poco a poco desde los neurocientíficos a la ciudadanía, extendiéndose como una mancha de tinta en un papel secante e impregnando el acervo de conocimientos sobre la naturaleza humana. Cada vez está más claro que todos nuestros actos, pensamientos, emociones, deseos y recuerdos empiezan y acaban en esa maraña celular encerrada en el cráneo. Y parece, por tanto, que nuestra identidad no es sino esa red de neuronas interconectadas que forman nuestro cerebro. Pero por más que ha progresado la neurociencia, el cerebro sigue siendo en muchos sentidos una caja negra. Hoy por hoy no tenemos un mapa detallado de la circuitería cerebral, algo comparable al esquema de conexiones de cualquier aparato electrónico. Tenemos el genoma humano, pero nos falta el conectoma del cerebro humano. (más…)

Ingeniería y salud

Sobre los grandes retos tecnológicos del siglo XXI

Buena parte de los problemas y aspiraciones de la humanidad exigen una solución tecnológica. La National Academy of Engineering de EE UU ha elaborado una lista de los Grandes Desafíos de la Ingeniería para mejorar la calidad de vida de la gente en el siglo XXI. Estos retos tienen que ver con cuatro grandes áreas de interés: la sostenibilidad del planeta (por ejemplo, hacer asequible la energía solar y hacer viable la fusión nuclear), la seguridad (informática, nuclear, biológica), la “alegría de vivir” (mejorando, por ejemplo, la enseñanza personalizada) y, cómo no, la salud. De los 14 retos pendientes de una solución tecnológica que figuran en la lista, hay al menos tres o cuatro relacionados con la salud: desarrollar mejores medicamentos, impulsar la informática médica, garantizar el acceso al agua potable y conocer el cerebro para impulsar la inteligencia artificial.

Buena parte de los éxitos de la medicina del pasado siglo descansan en avances tecnológicos e ingenieriles. A pesar de todas las críticas –merecidas muchas de ellas– sobre la deshumanización de la medicina a manos de la tecnología, los cierto es que buena parte de los progresos médicos en la lucha contra la enfermedad serían inimaginables sin el concurso del diagnóstico por la imagen, de los antibióticos y otros medicamentos, de la microcirugía, del láser, de la informática, de la ingeniería genética y de tantos otros desarrollos tecnológicos. Lo que ahora se espera de la ingeniería en el campo de la salud casi desborda la imaginación: pensemos por ejemplo en las prótesis biónicas (por ejemplo, una mano artificial capaz de moverse con los estímulos eléctricos del cerebro y devolver información sensorial) o en las posibilidades de la ingeniería genética o la nanotecnología. Son tantas las posibles aportaciones de la ingeniería que, a primera vista, lo que sorprende es que algunos de estos retos no hayan sido incluidos por el panel de ingenieros y científicos que han elaborado esta lista durante un año (en el panel figuran, entre otros, Craig Venter, el cofundador de Google Larry Page y Bernadine Healy, ex directora de los National Institutes of Health de EE UU).

Así, el biólogo molecular Attila Chordash, uno de los bloggers de Nature, echa en falta en esta lista un aspecto clave como es la prolongación de la duración de la vida humana, según cuenta en su blog Pimm: Partial immortalization. Y otros pueden echar en falta retos como la creación de órganos bioartificiales o la regeneración de una médula espinal seccionada. Sin duda, la bioingeniería va a lograr desarrollos espectaculares en los próximos años, pero si bien se piensa la solución de antiguos problemas relacionados con la salud, como el acceso universal al agua potable, a las energías limpias o a la información médica, son desafíos mayúsculos. Parecen retos menores, pero como ocurrió en el pasado con la higiene y el alcantarillado, son estos logros básicos los que más pueden contribuir a la supervivencia y la calidad de vida.

Iconos

Sobre las imágenes que resumen el progreso científico

[divider_flat] La artista británica Odile Crick, fallecida a los 86 años en julio de 2007, será recordada como autora de un sencillo boceto en blanco y negro, que además no salió de su imaginación. Corría el año 1953, y su marido junto con un compañero de trabajo recurrieron a ella porque necesitaban con urgencia un dibujo para una revista científica. Odile realizó el boceto original de la estructura de doble hélice del ADN siguiendo las instrucciones de los dos científicos, Francis Crick y James Watson, basadas en los análisis matemáticos de imágenes obtenidas con cristalografía de rayos X. “Francis no era capaz de dibujar y yo tampoco, y necesitábamos algo con mucha prisa”, ha recordado Watson. La historia del descubrimiento de la doble hélice es bien conocida, pero no tanto la intrahistoria de este apresurado boceto publicado en el número del 25 de abril de 1953 de Nature y que ha sido reproducido hasta la saciedad. A pesar de que el esquema no estaba completo porque no representaba la situación de todos los átomos, su valor científico se ha visto sobrepasado con creces por su valor como icono de la moderna biología molecular y, quizá, de todo un siglo marcado por el predominio de la ciencia y la tecnología. La imagen del hongo nuclear o el dibujo de un átomo, con los electrones girando alrededor del núcleo (una imagen incorrecta porque los electrones envuelven el núcleo como una nube más que como satélites en sus órbitas), son otros dos buenos iconos científicos del siglo XX. Y hay más, sin duda, pero la doble hélice dibujada por Odile será para siempre la imagen icónica de la aventura científica para conocer las bases biológicas de la evolución y de la vida misma. (más…)

Erre que erre

Sobre la habilidad para aprender de los errores

[divider_flat] Los errores son una buena escuela; casi podría decirse que la única, pues todo lo que se aprende, desde hablar a amar, se hace corrigiendo, puliendo, acotando errores. Es ley de vida en el reino animal (las plantas no yerran porque no se mueven, porque no tienen cerebro, un invento de la evolución que surgió precisamente para dirigir el movimiento): cada individuo debe aprender casi todo por el método del ensayo y el error, si es que hay una segunda oportunidad. Los maestros, los libros, las enseñanzas de los otros sirven en la medida en que estimulan a buscar y a aprender de los errores. “El hombre yerra mientras busca algo”, decía Goethe en su Fausto, y seguramente por eso sostenía que los errores del hombre le hacen particularmente amable. Claro está que no todos los errores son iguales, que los hay mayúsculos y minúsculos, y que todos tienen una dimensión ética en la medida en que afectan a los demás. Pero no se trata de hacer aquí una taxonomía del error, sino sólo un apunte escéptico sobre las razones de la diferente habilidad de unas personas y otras para aprender de los propios errores. (más…)

Esto es un plagio

Sobre la originalidad y la metodología de la copia

[divider_flat] Cuando un romano de los tiempos del Imperio Romano se apropiaba de un esclavo ajeno, le acusaban de plagio (plagium, mejor dicho). A pesar de los dos milenios transcurridos, la palabra sigue sintácticamente fiel a sí misma, sólo que ahora nos referimos no tanto a la apropiación de un siervo como de una obra o idea. Incluso léxicamente su evolución ha sido escasa: se dice “plagio” en español y portugués, “plágio” en italiano, “plagiat” en alemán, francés y sueco, “plagiarism” en inglés, “plagiaat” en holandés. A propósito de la evolución de las palabras, un trabajo publicado en el último número de Nature viene a decir que las más usadas son las que cambian menos, y viceversa. Es de suponer, por tanto, que ha habido y sigue habiendo mucho plagio, especialmente en todas aquellas actividades que priman la “originalidad”. Verbi gratia: la biomedicina. ¿Acaso alguien cree que los 700.000 publicados en 2006 y registrados en PubMed son realmente originales? (más…)