Profesionales

Sobre el significado actual de la profesión médica y sus retos

[divider_flat] El sociólogo alemán Ulrich Beck define como zombis a ciertas categorías sociales que no están muertas ni vivas. En un mundo convulsionado por la globalización, la individualización institucionalizada, la transformación del capitalismo, el efecto ambivalente de las nuevas tecnologías, la aceleración de los cambios y otros signos de nuestra época que los sociólogos apenas alcanzan a dibujar, ciertas estructuras sociales se han transformado tanto que casi no son reconocibles. Son categorías zombis, según Beck, la clase social, el estado-nación o la familia. Porque, ¿qué significa una familia, hoy? Los hijos cada vez menos viven con sus dos progenitores porque los divorcios sucesivos alteran la vida familiar tradicional; los hijos y nietos pueden decidir quién es su padre o madre principal, sus abuelos principales, pues el núcleo y las relaciones familiares de una persona pueden variar mucho a lo largo de la vida. En ciudades como Londres o Munich, más de la mitad de los hogares son unipersonales, formados por solteros, viudas y separados, singles que quizá esperan volver a formar otra pareja o quizá no, pero que mientras tanto mantienen sus lazos familiares y su autonomía. La llamada ¿posfamilia¿, con relaciones personales cambiantes y negociables, está desbancando a la familia nuclear, del mismo modo que la mujer desplaza al hombre en muchas profesiones y que el trabajo fijo y para toda la vida está siendo sustituido por el empleo frágil y flexible, que desfigura muchos oficios y profesiones. (más…)

Estudiantes quemados

Sobre el burnout y la angustia de los futuros médicos

Tanto hablar del burnout de los médicos y de cómo quema el ejercicio de la profesión, y resulta que los médicos ya vienen quemados de la facultad. El asunto no está todavía bien estudiado (apenas hay cuatro decenas de estudios en MedLine), pero hay indicios que señalan que los estudios de medicina son más estresantes y pasan una mayor factura emocional que otras disciplinas universitarias. Una reciente investigación realizada en EE UU ha llegado a la conclusión (provisional, obviamente) de que cuanto más se aproximaban los estudiantes al final de su formación médica más probabilidades tienen de estar quemados. En conjunto, el 45% de los estudiantes reconoce padecer burnout, ese síndrome de angustia profesional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización (tendencia a tratar a los demás como objetos y no como seres humanos) y bajo sentimiento de realización personal.

El trabajo, firmado en primer lugar por Lotte Dyrbye y publicado en Academic Medicine, una revista de la Association of American Medical Colleges que incluye numerosos artículos relacionados con la calidad de la enseñanza y sus condicionantes, consistió en una encuesta a 1.098 estudiantes de tres facultades de Medicina del estado de Minnesota que representan los tres tipos de enseñanza médica en EE UU: tradicional estatal (University of Minnesota en Twin Cities), estatal orientada a la atención primaria (University of Minnesota en Duluth) y privada centrada en las especialidades (College of Medicine de la Mayo Clinic en Rochester). Los resultados de esta encuesta podrían extrapolarse al resto de facultades de EE UU y significan, cuando menos, un toque de atención para los centros de enseñanza de otros países desarrollados, pues la formación médica no es sustancialmente diferente. En todas partes, la transición de la facultad al trabajo para completar la formación mediante una residencia es una de las fases más críticas en la profesión médica. La triada de largas jornadas de trabajo, falta de sueño y fatiga es moneda corriente en los jóvenes médicos que inician su bautismo profesional como residentes. A esto hay que añadir un variable nivel de angustia creada por el contacto con el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, la necesidad de formarse, las responsabilidades y otros factores que pueden dar lugar a unos primeros signos de fatiga y desilusión cuando todavía no se ha completado la formación.

Que se queme un estudiante es como si se quemara un corredor antes de correr, una desgracia prematura que hace pensar en desajustes básicos. Si los datos de esta encuesta se confirman con otros estudios, deberían saltar todas las alarmas porque realmente habría algo esencial que está fallando en la profesión, desde el aprendizaje al ejercicio. Cada vez parece más claro que la salud y el bienestar de los profesionales de la salud están siendo desatendidos, y lo  que insinúa este estudio es un elemento adicional para que el atractivo de la profesión médica siga cayendo todavía más.

Crisis de cuidadores

Sobre la carencia de médicos y la devaluación de la profesión

Las niñas quieren ser sobre todo maestras y veterinarias, pero al menos a un pequeño porcentaje les gustaría ser médicas; en cambio, los niños no se ven a sí mismos como médicos, sino como futbolistas, pilotos de Fórmula 1 y otras figuras de relevancia mediática. En general, los hijos de médicos ya no aspiran a la profesión de sus padres, y éstos tampoco se la aconsejan a sus hijos. Hay una paulatina deserción de las profesiones sanitarias que tiene que ver con el creciente descontento profesional, la falta de reconocimiento social y de realización personal, la insuficiente remuneración, el cansancio emocional, los problemas de formación, la entrada de médicos menos preparados de otros países, la medicalización creciente de la vida cotidiana, las presiones de los enfermos, la globalización de la salud y su creciente consideración como un producto de consumo más y otros muchos y diversos factores que han hecho cotizar a la baja la figura del profesional de la salud. En sólo unas décadas la medicina ha perdido su tradicional prestigio, y se encamina hacia una situación deficitaria de profesionales. Con el envejecimiento de la población, la inmigración y la creciente demanda de prestaciones, y mientras todavía se siguen haciendo contratos por unas horas para cubrir una guardia, ya se empieza notar una cierta carestía de médicos, sobre todo de los bien formados, y una inquietud por el futuro de las profesión.

Con distintos grados y matices, este fenómeno afecta a todas las sociedades desarrolladas. Y esta escasez de médicos y sanitarios es un problema todavía más acuciante a nivel mundial. Como refleja The World Health Report de 2006 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el déficit de recursos humanos en todo el mundo es uno de los grandes problemas de salud a escala global. La OMS estima que hacen falta de forma urgente más de cuatro millones de profesionales sanitarios en 57 países, 36 de ellos subsaharianos, para atender necesidades de salud básicas. Los datos de la OMS indican que estamos ante una enorme crisis de recursos humanos y justifican la elección de este tema para dar contenido a su día mundial de la salud, que se celebra el 7 de abril de cada año desde 1950. Aunque nada tienen que ver los problemas de salud de los países ricos con los de los pobres, unos y otros se enfrentan a una crisis de recursos humanos. En todas partes, la medicina se perfila hoy como una profesión difícil y sacrificada, pero a la vez sigue siendo una profesión fascinante. Quizá ahora más que nunca. A pesar de todos los pesares, no se ha deshumanizado gravemente ni siquiera en las sociedades más tecnológicas y complejas. Y además, como reflejan las revistas médicas, tiene ahora mayor vigor intelectual que nunca. Lo que se echa en falta es un mayor apoyo político y social a los médicos y otros profesionales que se dedican al cuidado de la salud. Eso sería lo inteligente, porque como dice el médico Armand Grau “una sociedad inteligente cuida a sus cuidadores”.

El doctor Kellogg

Sobre el mesianismo del inventor de los copos de cereales

Los Kellogg’s, que pasan por ser el segundo gran invento estadounidense en materia de alimentación después de la Coca-Cola, cumplen ahora en 2006 un siglo de existencia. La marca que revolucionó la forma de desayunar de los americanos ha conseguido en este tiempo la formidable tarea de diseminar sus artificiosos copos de cereales por todo el mundo (en España, sin ir más lejos, se consumen un kilo por habitante y año). Un siglo después de su fundación, la imagen de la empresa es, según se ve a través de internet, un caleidoscopio de tigres, animalillos varios y personajes de dibujos animados, mezclados con juegos infantiles, consejos de salud y otros elementos de mercadotecnia con los que colonizar el mundo.

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Médicos dedicados

Sobre los valores éticos, científicos y humanísticos

John Awoonor-Williams trabaja en una de las zonas más pobres del mundo, en el norte de Ghana. Es el único médico que hay para 187.000 habitantes, en un área sin teléfono, agua corriente, radio y televisión, y hasta hace cuatro años sin electricidad. Sus condiciones profesionales son, obviamente, bien distintas a las de otros médicos de otros lugares. Las caras de la medicina son innumerables porque los sistemas sanitarios, los riesgos para la salud, el nivel de vida de los países y otros muchos factores determinan una gran variabilidad en las condiciones de trabajo de los médicos alrededor del mundo. Lo que les une a todos ellos es su dedicación al cuidado de los enfermos. Médicos dedicados del mundo es precisamente el título de un libro singular recién editado por la World Medical Association con los perfiles humanos y profesionales de 65 médicos de 58 países, entre ellos el de John Awoonor-Williams. Estos médicos dedicados han sido elegidos por sus compañeros de las 84 asociaciones médicas nacionales que integran esta organización que promueve la excelencia en medicina y los valores básicos de la medicina: humanismo, ciencia y ética.

Los 65 médicos elegidos por la WMA son dignos representantes de estas tres tradiciones perdurables de la medicina. Entre ellos están, por ejemplo, el venezolano Jacinto Convit, que ayudó a erradicar la lepra, el chino Nanshan Zhong, que alcanzó notoriedad mundial por sus trabajo en la reciente epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), o el británico Richard Doll, recientemente fallecido, que relacionó hace 50 años el tabaquismo con el cáncer de pulmón. Todos ellos aportan reflexiones que convendría considerar. Como la que hace Pedro Alonso, el único español que aparece en la lista, por sus recientes éxitos en el desarrollo de una vacuna eficaz contra la malaria: “La enfermedad no es simplemente una consecuencia de la pobreza, es también una causa de la pobreza”. O lo que recuerda el búlgaro Nikolai Tsankov: “A veces una sonrisa puede curar más que todas las excelencias científicas que posea un médico”. O lo que explica Refaat Kamel, cirujano de Egipto: “La medicina es un estilo de vida. Mantiene el cerebro ávido y curioso”. O lo que señala el psiquiatra y experto en bioética Luis Picard-Ami,  de Panamá: “Me preocupa profundamente que la medicina se convierta en una industria”. O lo que reflexiona Adib Jatene, cirujano torácico y cardiovascular de San Paulo (Brasil): “La profesión existe para ayudar a quienes sufren y no para ayudar a la gente a ganar dinero”. Por suerte para la profesión hay muchos, muchísimos otros médicos dedicados como ellos.