Hoja de ruta nutricional

Sobre el fiasco de PREDIMED y la necesidad de ambiciosos ensayos en nutrición

Hay un abismo entre afirmar que la dieta mediterránea “reduce” las enfermedades cardiovasculares y afirmar que las personas que siguen esta dieta “presentan” menos enfermedades de este tipo. Este abismo es el que media entre una relación causa-efecto y una simple asociación, no necesariamente causal. Y este abismo es el que hay entre la conclusión de uno de los principales ensayos clínicos sobre nutrición de los últimos tiempos (el estudio PREDIMED, publicado en el New England Journal of Medicine el 4 de abril de 2013 y dado a conocer poco antes en la web) y la conclusión de la nueva versión del estudio (publicada el 21 de junio de 2018), tras la retirada de la primera por deficiencias en la ejecución. La historia de esta retractation es toda una lección de mala y buena ciencia, a la vez que un buen ejemplo de las dificultades de establecer conclusiones firmes sobre nutrición humana y de la montaña rusa de los mensajes sobre alimentación y salud.  (más…)

A vueltas con lo saludable

Sobre el etiquetado de salud en los alimentos y el sentido y uso de las palabras

¿Qué es un alimento “saludable”? ¿Qué productos merecen llevar esta etiqueta? ¿Qué significa exactamente? Lo que en principio parece fácil de responder, no lo es tanto si se consideran las implicaciones de esta etiqueta y su utilidad para la salud pública. Esto es lo que se constata al preguntar a expertos, fabricantes y consumidores. De todas formas, disponer de una definición clara y operativa del término “saludable”, basada en criterios científicos, puede ser una herramienta informativa valiosa. Pero tal y como está comprobando la agencia alimentaria estadounidense (Food and Drug Administration, FDA), esto no es algo sencillo. Hace unos años abrió el melón del etiquetado y todavía no ha llegado a ningún consenso. (más…)

Disparates sin gluten

Sobre la absurda y potencialmente peligrosa moda de comer alimentos sin gluten

En la última década los supermercados y restaurantes se han ido colonizando por alimentos y platos sin rastro de gluten. La etiqueta “sin gluten” se ha convertido de forma casi inadvertida en un reclamo más de salud asociado a lo que comemos o dejamos de comer. El cambio parece paulatino, pero en realidad ha sido algo casi instantáneo, si tenemos en cuenta que los cereales de secano que contienen este compuesto proteico (el trigo principalmente, pero también el centeno, la cebada y sus derivados) han sido la base de la alimentación durante 10.000 años en buena parte del mundo. El gluten no solo está presente en panes, pastas, cuscús, pasteles, bollos y galletas, sino también en salsas y cervezas. ¿Cómo puede ser que se haya convertido de repente en un producto abominable? Todo indica que se trata de una moda, un reclamo mágico que no es fácil de combatir con hechos y evidencias científicas. Las imágenes y narrativas que sustentan la propaganda “sin gluten” quizá se combatan mejor con imágenes y narrativas de signo opuesto e igualmente eficaces, pero antes que nada conviene conocer las pruebas científicas.

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Descomplicar la dieta

Sobre la inflación de mensajes dietéticos y los problemas de su puesta en práctica

Comer es mucho más que nutrirse o alimentarse. Es un acto biológico, pero a la vez genuinamente social y cultural, determinado por la tradición y modelado desde la infancia. No es exagerado afirmar que es más fácil cambiar de religión que de hábitos alimentarios, como decía el experto en nutrición Francisco Grande Covián. Pero dicho esto, es fácil constatar cómo en los países occidentales estos hábitos se han ido distanciando de la tradición para bien y para mal. El aumento de la oferta alimentaria, sobre todo de productos procesados, y la todavía mayor inflación de mensajes sobre cómo alimentarse han convertido el sencillo acto de comer comida en un galimatías de calorías y nutrientes, de ciencia y pseudociencia, en el que la sensatez y la credibilidad no están necesariamente alineadas. (más…)

El beber y sus circunstancias

Sobre las dificultades y prejuicios para analizar el problema del alcohol y la salud

Hay pocos asuntos sobre el estilo de vida y la salud tan difíciles de considerar objetivamente como el consumo de alcohol. La dificultad no está en reconocer los riesgos del abuso agudo y, sobre todo, del consumo crónico, pues está probada su relación con diversos tipos de cáncer, daños en el hígado, la demencia alcohólica y una lista de 200 trastornos. Es sabido que el alcohol causa cada año 3,3 millones de muertes (el 5,9% de la mortalidad global) y que es una de las primeras causas de morbilidad y lesiones, según datos de la OMS. La dificultad está, entre otras cosas, en traducir el conocimiento en cambios de hábitos, en aclarar los efectos del consumo ligero y moderado (entre otras cosas, por la imposibilidad ética de realizar ensayos clínicos) y en definir el umbral del consumo de bajo riesgo, aunque probablemente esto sea una quimera. Uno de los escollos principales, pero no el único, es que existe un indisimulado anhelo social de que este límite esté lo más alejado posible de la abstinencia. Este anhelo tiene que ver con la milenaria relación que tiene el alcohol con muchas sociedades, su asociación con la comida y las celebraciones, los intereses económicos y los prejuicios de los investigadores. (más…)