La lengua como juguete

La lengua como juguete

Sobre calambures, juegos de palabras y la lingüística lúdica en general[divider_flat]

“Entre el clavel blanco y la rosa roja, su majestad escoja”. Con este calambur, uno de los más famosos de la historia de la literatura española, Quevedo consiguió insultar a la Reina Mariana de Austria, esposa de Felipe IV, llamándola “coja” sin que se percatara. Los calambures son una de tantas posibilidades de jugar con el lenguaje y probablemente una de las que primero exploramos. Por eso son tan habituales en las adivinanzas que aprendemos cuando empezamos a descubrir –jugando– los entresijos de la lengua: “oro parece, plata no es” o “blanca por dentro, verde por fuera, si quieres que te lo diga, espera”. Parece mentira que haya que recordarlo, pero el lenguaje es uno de nuestros primeros y más duraderos juguetes. (más…)

Babilonios, ¿cuántas lenguas necesitamos?

Babilonios, ¿cuántas lenguas necesitamos?

Sobre los aspectos económicos, políticos y culturales de la diversidad lingüística[divider_flat]

La pregunta puede parecer más o menos políticamente correcta, pero no podemos ignorarla por improcedente, pues sobrevuela esta nueva Babel que es el mundo globalizado. Se dirá, con razón, que mientras haya dos hablantes, cualquier lengua es necesaria; además, todas las lenguas son importantes –incluso las muertas– para conocer mejor la historia, la cultura y la mente humanas. La lengua es, casi, una prolongación del alma (de la conciencia, que decimos hoy), pero a la vez es un instrumento de comunicación que obliga a plantearnos cuántas necesitamos para ser eficaces. (más…)

Científicos lenguas estudiar

Científicos lenguas estudiar

Sobre el orden natural de las palabras y los pensamientos[divider_flat]

En español no decimos “la chica a la mesa golpea” y mucho menos “golpea a la mesa la chica”. En todas las lenguas, las unidades de una frase siguen generalmente un orden determinado. Y los hablantes, cuando se dejan de literaturas y otros efectos especiales, suelen poner en ese orden prefijado las unidades básicas de una sentencia: sujeto (S), verbo (V) y objeto (O). En español, como en inglés, en chino mandarín y en el 41% de las lenguas del mundo, utilizamos el orden SVO. Pero hay todavía más lenguas (el 47%) que siguen la secuencia SOV y ponen el verbo al final, como el japonés, el turco o el euskera. Y hay algunas pocas (8%), como el hebreo, que empiezan por el verbo y se ajustan al orden VSO. (más…)

Sin palabras, no hay matemáticas que valgan

Sin palabras, no hay matemáticas que valgan

Sobre lo mucho, lo poco y las limitaciones del pensamiento anumérico[divider_flat]

En el mundo hay muy pocos idiomas que carezcan de palabras para los números. Estas lenguas anuméricas se pueden contar con los dedos de una mano, aunque resultaría imposible hacerlo en una de esas lenguas, ya que no tienen palabras para decir “uno”, “dos”, “tres”… ¿Acaso los hablantes de esas lenguas no saben hacer las sumas o restas más sencillas? ¿Cómo se las apañan entonces? (más…)

Lenguaje emocional

Lenguaje emocional

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Publicado el 25.09.2012 en Molienda de ciencia @ Molino de Ideas

Sobre la comunicación de las emociones y los sentimientos

Una de las principales limitaciones del lenguaje es la de traducir el intenso y florido mundo emocional en palabras. Superar esta insuficiencia de todas las lenguas es, en buena medida, el gran empeño de la literatura. Pero son dos sistemas de comunicación tan diferentes que, a pesar de la amplitud del vocabulario emocional, a menudo se tiene la sensación de que la traducción resulta imposible, que las emociones y los sentimientos van –o vienen– por un lado y las palabras por otro. (más…)

¿Por qué los extranjeros hablan tan rápido?

¿Por qué los extranjeros hablan tan rápido?

Sobre la fonotáctica y la capacidad computacional del cerebro humano[divider_flat]

Entrada publicada el 28.08.2012 en Molienda de ciencia @ Molino de Ideas

Enfrentados a una lengua extranjera que no dominamos, a menudo tenemos la impresión de que los nativos hablan muy deprisa, más rápido que nosotros en nuestra propia lengua. La percepción es, por supuesto, equivocada, pues con algunas variaciones, dependiendo de su densidad silábica, todas las lenguas se hablan ni más ni menos que a la velocidad que permite el cerebro humano, que es la misma para todos.

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