Médicos afortunados
Sobre la medicina y el valor de la vida humana a la luz de John Berger
A mediados de la década de 1960, el escritor y artista británico John Berger y el fotógrafo suizo Jean Mohr se adentraron en una aislada comunidad rural inglesa para convertirse en la sombra amiga de un médico de pueblo. Durante seis semanas, acompañaron a este médico general, John Sassall, en sus visitas a enfermos, en su consulta, en sus salidas intempestivas por alguna emergencia, en sus días y en sus noches. Alojados ambos en la casa de Sassall, vivieron de cerca las vicisitudes de un médico rural y compartieron con él sus momentos de reposo, sus inquietudes y su vida familiar. Sigue →
El ruido y la crisis
Sobre la insostenibilidad del actual modelo de comunicación médica
Hay muchas razones por las que el médico puede sentirse y ser reconocido como un profesional diferente a los demás. Algunas de ellas son indiscutibles, y se derivan de que la salud es un valor supremo y su cuidado acarrea ciertas facultades y obligaciones especiales. Pensemos en los momentos únicos del nacimiento y la muerte, o en cómo se relajan las barreras de la intimidad ante los médicos. Pero hay otros aspectos diferenciales, y aquí voy a referirme a la comunicación, aunque al sacarla a colación bien pueden salir otros asuntos enredados, como cuando tiras de una cereza y te llevas un montón. Sigue →Quo vadis?
Sobre la capacidad de la medicina universitaria de reinventarse a sí misma
Los médicos ya no pisan sobre tierra firme. Hace tiempo que el granítico suelo de la medicina ya no resiste como solía. Se resquebraja por la desproporción entre la demanda incesante de los pacientes y la oferta limitada; la indefinición de los límites de la medicina y de las funciones del médico; la entrada en escena de la genómica, la medicina predictiva y otros avances científicos; la feminización de la profesión; el abismo creciente entre países ricos y pobres; los cambios en la relación médico-enfermo; las enfermedades emergentes; la globalización y un largo etcétera de cambios y disfunciones. Todo esto acentúa la crisis del sistema global de salud, es decir, el conjunto del dispositivo humano y tecnológico que cuida de la población mundial. La medicina universitaria (academic medicine) ha sido definida como la capacidad de este sistema de pensar, estudiar, investigar, descubrir, evaluar, enseñar, innovar, aprender y mejorar. Pero las facultades de medicina tampoco andan fina apara esta importante misión. Sigue →
Modales
Sobre la medicina basada en la etiqueta y la buena educación
Muchas de las quejas de los pacientes sobre sus médicos no tienen que ver con su competencia profesional. Ni siquiera se refieren a su falta de compasión o de sintonía emocional. Aunque la formación de los médicos cada vez pone más énfasis en la empatía, no es fácil modificar la “humanidad” de un médico, su forma de ser, su mayor o menor facilidad para sintonizar con otras personas. De lo que se quejan muchos enfermos es de algo mucho más básico y aparentemente banal como son los modales de sus médicos: “no se ha dignado mirarme a los ojos”, “no sabía con quién estaba hablando porque ni siquiera me ha dicho su nombre”, “ni una sonrisa”, “no ha apartado los ojos del ordenador”… La alusión a la buena educación puede parecer algo anacrónico cuando no secundario en el escenario de la relación médico-paciente, donde se tratan temas mucho más serios. Pero si en cualquier otra profesión relacionada con la atención al público se cuidan los modales, ¿por qué no habrían de cuidarse también en la consulta médica? ¿acaso no es importante aquí la satisfacción del usuario? ¿no podría esto influir incluso en su bienestar y salud? Sigue →Profesionales
Sobre el significado actual de la profesión médica y sus retos
El sociólogo alemán Ulrich Beck define como zombis a ciertas categorías sociales que no están muertas ni vivas. En un mundo convulsionado por la globalización, la individualización institucionalizada, la transformación del capitalismo, el efecto ambivalente de las nuevas tecnologías, la aceleración de los cambios y otros signos de nuestra época que los sociólogos apenas alcanzan a dibujar, ciertas estructuras sociales se han transformado tanto que casi no son reconocibles. Son categorías zombis, según Beck, la clase social, el estado-nación o la familia. Porque, ¿qué significa una familia, hoy? Los hijos cada vez menos viven con sus dos progenitores porque los divorcios sucesivos alteran la vida familiar tradicional; los hijos y nietos pueden decidir quién es su padre o madre principal, sus abuelos principales, pues el núcleo y las relaciones familiares de una persona pueden variar mucho a lo largo de la vida. En ciudades como Londres o Munich, más de la mitad de los hogares son unipersonales, formados por solteros, viudas y separados, singles que quizá esperan volver a formar otra pareja o quizá no, pero que mientras tanto mantienen sus lazos familiares y su autonomía. La llamada ¿posfamilia¿, con relaciones personales cambiantes y negociables, está desbancando a la familia nuclear, del mismo modo que la mujer desplaza al hombre en muchas profesiones y que el trabajo fijo y para toda la vida está siendo sustituido por el empleo frágil y flexible, que desfigura muchos oficios y profesiones. Sigue →Estudiantes quemados
Sobre el burnout y la angustia de los futuros médicos
Tanto hablar del burnout de los médicos y de cómo quema el ejercicio de la profesión, y resulta que los médicos ya vienen quemados de la facultad. El asunto no está todavía bien estudiado (apenas hay cuatro decenas de estudios en MedLine), pero hay indicios que señalan que los estudios de medicina son más estresantes y pasan una mayor factura emocional que otras disciplinas universitarias. Una reciente investigación realizada en EE UU ha llegado a la conclusión (provisional, obviamente) de que cuanto más se aproximaban los estudiantes al final de su formación médica más probabilidades tienen de estar quemados. En conjunto, el 45% de los estudiantes reconoce padecer burnout, ese síndrome de angustia profesional caracterizado por agotamiento emocional, despersonalización (tendencia a tratar a los demás como objetos y no como seres humanos) y bajo sentimiento de realización personal.
El trabajo, firmado en primer lugar por Lotte Dyrbye y publicado en Academic Medicine, una revista de la Association of American Medical Colleges que incluye numerosos artículos relacionados con la calidad de la enseñanza y sus condicionantes, consistió en una encuesta a 1.098 estudiantes de tres facultades de Medicina del estado de Minnesota que representan los tres tipos de enseñanza médica en EE UU: tradicional estatal (University of Minnesota en Twin Cities), estatal orientada a la atención primaria (University of Minnesota en Duluth) y privada centrada en las especialidades (College of Medicine de la Mayo Clinic en Rochester). Los resultados de esta encuesta podrían extrapolarse al resto de facultades de EE UU y significan, cuando menos, un toque de atención para los centros de enseñanza de otros países desarrollados, pues la formación médica no es sustancialmente diferente. En todas partes, la transición de la facultad al trabajo para completar la formación mediante una residencia es una de las fases más críticas en la profesión médica. La triada de largas jornadas de trabajo, falta de sueño y fatiga es moneda corriente en los jóvenes médicos que inician su bautismo profesional como residentes. A esto hay que añadir un variable nivel de angustia creada por el contacto con el sufrimiento, la enfermedad y la muerte, la necesidad de formarse, las responsabilidades y otros factores que pueden dar lugar a unos primeros signos de fatiga y desilusión cuando todavía no se ha completado la formación.
Que se queme un estudiante es como si se quemara un corredor antes de correr, una desgracia prematura que hace pensar en desajustes básicos. Si los datos de esta encuesta se confirman con otros estudios, deberían saltar todas las alarmas porque realmente habría algo esencial que está fallando en la profesión, desde el aprendizaje al ejercicio. Cada vez parece más claro que la salud y el bienestar de los profesionales de la salud están siendo desatendidos, y lo que insinúa este estudio es un elemento adicional para que el atractivo de la profesión médica siga cayendo todavía más.
Crisis de cuidadores
Sobre la carencia de médicos y la devaluación de la profesión
Las niñas quieren ser sobre todo maestras y veterinarias, pero al menos a un pequeño porcentaje les gustaría ser médicas; en cambio, los niños no se ven a sí mismos como médicos, sino como futbolistas, pilotos de Fórmula 1 y otras figuras de relevancia mediática. En general, los hijos de médicos ya no aspiran a la profesión de sus padres, y éstos tampoco se la aconsejan a sus hijos. Hay una paulatina deserción de las profesiones sanitarias que tiene que ver con el creciente descontento profesional, la falta de reconocimiento social y de realización personal, la insuficiente remuneración, el cansancio emocional, los problemas de formación, la entrada de médicos menos preparados de otros países, la medicalización creciente de la vida cotidiana, las presiones de los enfermos, la globalización de la salud y su creciente consideración como un producto de consumo más y otros muchos y diversos factores que han hecho cotizar a la baja la figura del profesional de la salud. En sólo unas décadas la medicina ha perdido su tradicional prestigio, y se encamina hacia una situación deficitaria de profesionales. Con el envejecimiento de la población, la inmigración y la creciente demanda de prestaciones, y mientras todavía se siguen haciendo contratos por unas horas para cubrir una guardia, ya se empieza notar una cierta carestía de médicos, sobre todo de los bien formados, y una inquietud por el futuro de las profesión.
Con distintos grados y matices, este fenómeno afecta a todas las sociedades desarrolladas. Y esta escasez de médicos y sanitarios es un problema todavía más acuciante a nivel mundial. Como refleja The World Health Report de 2006 de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el déficit de recursos humanos en todo el mundo es uno de los grandes problemas de salud a escala global. La OMS estima que hacen falta de forma urgente más de cuatro millones de profesionales sanitarios en 57 países, 36 de ellos subsaharianos, para atender necesidades de salud básicas. Los datos de la OMS indican que estamos ante una enorme crisis de recursos humanos y justifican la elección de este tema para dar contenido a su día mundial de la salud, que se celebra el 7 de abril de cada año desde 1950. Aunque nada tienen que ver los problemas de salud de los países ricos con los de los pobres, unos y otros se enfrentan a una crisis de recursos humanos. En todas partes, la medicina se perfila hoy como una profesión difícil y sacrificada, pero a la vez sigue siendo una profesión fascinante. Quizá ahora más que nunca. A pesar de todos los pesares, no se ha deshumanizado gravemente ni siquiera en las sociedades más tecnológicas y complejas. Y además, como reflejan las revistas médicas, tiene ahora mayor vigor intelectual que nunca. Lo que se echa en falta es un mayor apoyo político y social a los médicos y otros profesionales que se dedican al cuidado de la salud. Eso sería lo inteligente, porque como dice el médico Armand Grau “una sociedad inteligente cuida a sus cuidadores”.