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Talentos

Sobre las dotes naturales y la genética frente a la voluntad y el deseo

La palabra talento y sus diferentes acepciones provienen de la conocida parábola bíblica de los talentos. En ella se menciona una antigua unidad monetaria, el talento (del griego, τÜλαντον o tálanton), muy difundida en la época del Nuevo Testamento por todo el Mediterráneo. Un talento se correspondía con la masa de agua que cabe en un ánfora y equivalía a 6.000 dracmas o, lo que es lo mismo, 21,600 kilos de plata. Los talentos que entrega el hombre de la parábola a sus tres siervos para que los administren en su ausencia eran un buen capital, que los dos primeros consiguieron duplicar y el tercero se limitó a enterrar. Un dracma de la época era la mensualidad de un artesano o un soldado, de modo que las 6.000 mensualidades de un talento son mucho más que el sueldo de toda una vida. La parábola sobre la buena o mala administración de los talentos recibidos está probablemente en el origen de la evolución semántica de un vocablo que en griego significaba plato de la balanza, peso y, después, moneda, hasta la acepción actual de inteligencia, aptitud o dotes naturales. La vida de las palabras, como han mostrado el maestro Joan Corominas y otros ilustres filólogos, es un viaje apasionante por la historia sometido a las influencias e ideas dominantes en cada época. Sigue →

El efecto Flynn

Sobre el aumento de la inteligencia y el pensamiento crítico

La inteligencia humana parece aumentar año tras año, generación tras generación. Esto es al menos lo que dicen los test de inteligencia. Si nos atenemos a ellos, el cociente intelectual (IQ) ha crecido a lo largo del siglo pasado a razón de tres puntos por década en los países desarrollados. Quien descubrió este sorprendente fenómeno, a principios de la década de 1980, fue James R. Flynn, un profesor de ciencia política de Nueva Zelanda que ha alcanzado notoriedad por este hallazgo, conocido como “efecto Flynn”. Los datos y estudios sobre este fenómeno sugieren que la generación de nuestros abuelos tendría, con los test actuales, un IQ medio de 80, muy inferior a los 100 puntos que definen la inteligencia media y rozando lo que podría catalogarse como un ligero retraso intelectual. Para corregir el efecto Flynn y mantener el valor medio del IQ en 100 puntos, los test de inteligencias se ajustan cada cierto tiempo. Pero este necesario reajuste o reset para normalizar el IQ no hace sino dar alas a la controversia sobre la propia naturaleza de la inteligencia y la explicación del efecto Flynn: ¿Cómo es posible que cada generación sea más inteligente que la de sus padres? ¿Qué es realmente la inteligencia? ¿A qué obedece el efecto Flynn? ¿Se mantendrá en el siglo XXI? Sigue →

Primogenitura

Sobre el orden de nacimiento y el cociente intelectual

La condición de primogénito impone derechos y deberes en casi todas las culturas, en algunos casos de forma tan ostensible y con diferencias tan notables entre el primer hijo y los demás hermanos que rayan la injusticia. Ahora que, al menos en los países desarrollados, abundan los hijos únicos (primogénitos y benjamines a la vez) y la primogenitura se ha diluido en las leyes y costumbres, esta condición biológica y social vuelve a incordiar de la mano de ese fetiche inventado por los psicólogos a principios del siglo pasado: el IQ o cociente intelectual (la puntuación en los test de inteligencia). Y todo porque un estudio publicado ahora en Science parece corroborar una vez más algo tan controvertido y complicado de explicar como es que la primogenitura aporta un plus de inteligencia respecto al segundo y sucesivos hermanos. Sigue →

Cefalocentrismo

Sobre las nociones de inteligencia y aprendizaje

La noción de inteligencia ha cambiado mucho en el último siglo, pero todavía resulta imprecisa, provisional y, sobre todo, carente de una base científica sólida. A principios del siglo XX, los psicólogos zanjaron el debate sobre la naturaleza de la inteligencia con una definición que suponía toda una declaración de intenciones profesionales: “la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia”. La definición resultaba tan ofensiva a la propia inteligencia humana como operativa para los psicólogos, pues propició el desarrollo de todo un marco teórico y práctico basado en sofisticados test que supuestamente permitían medir la capacidad intelectual de las personas. El cociente intelectual (CI o IQ) era el destilado estadístico de estos test, un número que resumía la inteligencia de una persona y que no sólo permitía separar en una escala los listos de los tontos, sino aventurar su éxito personal y profesional. A pesar del perfeccionamiento de los test, la vida, claro está, se encargaba de desmentirlos todos los días y de poner en evidencia que la inteligencia no es algo tan rígido y mensurable como la altura de una persona. Sigue →

La mano

Sobre su función en el desarrollo de la mente y en el arte

Ese gesto “tan feo” de señalar con el dedo a alguien, por el que son recriminados algunos niños pequeños, es todo un hito en el desarrollo mental de la especie y del propio niño. Hasta los 14 meses de edad, los niños no saben ejecutar ese “gesto de intencionalidad”, como lo denominan los psicólogos cognitivos y evolutivos. Pero ninguno de nuestros parientes más próximos en la escala evolutiva, ni los chimpancés ni ningún otro despabilado mono, es capaz de apuntar con el dedo de forma espontánea o después del oportuno adiestramiento. Y es que este sencillo gesto es muy revelador de la peculiar conexión mano-cerebro que tiene la especie humana y que, probablemente, no ha sido suficientemente valorada e investigada. Sigue →

Más y mejor

Sobre los fármacos para la superación y el bienestar

Del libro Trescientos medicamentos para superarse física, sexual e intelectualmente ya casi nadie se acuerda. Irrumpió de forma polémica en España a finales de 1989 y, si no fuera por las hemerotecas, casi podría decirse que nunca existió. A primera vista no hay ni rastro de él en internet y tampoco es fácilmente visible en la Agencia Española del ISBN del Ministerio de Cultura, donde figura escondido con un nombre equivocado, Trecientos medicamentos para superarse psíquicamente…. Pero la obra, traducida del francés y adaptada por médicos anónimos a la farmacopea española, fue un auténtico éxito de ventas, aunque ya solo se encuentra en los circuitos del libro usado. Planteaba una cuestión que tiene que ver con el doping pero que va más allá: el uso de los medicamentos que se pueden obtener en las farmacias para superar las propias capacidades y las limitaciones impuestas por la biología y las condiciones personales. En los 17 años transcurridos desde su publicación, el panorama ha cambiado de forma considerable: no sólo se han perfeccionado los métodos de dopaje en el deporte, sino que se han puesto al alcance del consumidor algunos fármacos realmente novedosos que permiten acariciar la idea de una cierta felicidad por vía farmacológica. Basta pensar en un solo fármaco, el sildenafilo o Viagra, para percatarse de hasta qué punto algunos medicamentos han superado la barrera puramente terapéutica para convertirse en un producto de consumo y de uso recreativo.

Entre los medicamentos esenciales de la OMS, destinados a tratar las principales enfermedades que afectan a las personas de todo el mundo, y la pastilla azul para potenciar la respuesta sexual o la toxina botulínica para quitar las arrugas, se extiende un amplio muestrario de sustancias con propiedades e indicaciones muy diversas. En un extremo están los medicamentos exclusivos para enfermedades y en el otro, los que pueden ser utilizados para tratar condiciones de la vida corriente que han sido medicalizadas o farmacologizadas, como pueden ser la tristeza o el envejecimiento. Los primeros podrían considerarse fármacos de línea blanca y los segundos encajarían en la denominación de medicamentos del bienestar, una categoría más difusa y sofisticada destinada a todo aquello que a la gente le gustaría poder remediar con pastillas para sentirse mejor, desde la calvicie hasta la fobia social, desde la celulitis a la falta de energía. Mientras en los países más pobres escasean los medicamentos esenciales, en las sociedades desarrolladas la demanda de medicamentos para mejorar el propio estado de bienestar físico, mental y social no ha hecho más que empezar. Ya hay están en fase de investigación numerosas sustancias para potenciar la memoria y la inteligencia, pero vendrán otras muchas para expandir nuestras capacidades que sin duda tendrán infinidad de adeptos. Así las cosas, se hace necesario distinguir entre un tipo y otro de medicamentos, porque sus implicaciones médicas, sanitarias, económicas e incluso éticas se antojan bien distintas.