La ciencia y sus premios

Sobre el equivocado Nobel de Ochoa y el reconocimiento de los logros científicos

Pocos saben que al español Severo Ochoa le dieron en 1959 un Nobel de Medicina que no se merecía. Este premio se otorgó, de forma inusitadamente rápida, a Arthur Kornberg y a Ochoa “por su descubrimiento de los mecanismos de la síntesis biológica de los ácidos ribonucleico [ARN] y desoxirribonucleico [ADN]”. Kornberg había identificado la ADN polimerasa, la enzima responsable de la síntesis de ADN, y Ochoa, la ARN polimerasa, responsable de la síntesis de ARN. Sin embargo, al poco se comprobó que la enzima de Ochoa era la polinucleótido fosforilasa, mientras la auténtica ARN polimerasa fue descubierta en 1960 por otros científicos, que se quedaron sin su Nobel. El fiasco científico fue enorme y marcó la posterior carrera del científico asturiano. La fosforilasa resultó luego crucial para el siguiente gran hito de la biología molecular, el desciframiento del código genético. La contribución de Ochoa a este logro sí fue decisiva y hubiera merecido el Nobel de 1968, con el que se premió este avance. Pero no se lo dieron. El caso de Ochoa no es aislado, pero ilustra muy bien cómo funciona la ciencia, su carácter autocorrectivo, el desfase entre mérito y reconocimiento público, e incluso la marginación de las científicas (Marianne Grunberg-Manago, alumna de Ochoa, también participó en el aislamiento de la fosforilasa y no recibió el Nobel). Continue Reading →

Lo más nuevo no siempre es mejor

Sobre la ineficacia de muchos de los nuevos y caros fármacos contra el cáncer

Lo más nuevo no es necesariamente mejor, aunque suele resultar más caro. En el caso de los nuevos medicamentos contra el cáncer, la constatación de la veracidad de esta afirmación resulta demoledora para los sistemas sanitarios públicos, para los pacientes con cáncer y sus familias, para los médicos, para el sistema regulador de los fármacos, para la investigación biomédica y para la sociedad. Para todos excepto para la “industria del cáncer” (las compañías farmacéuticas y todo su entorno que obtiene algún beneficio económico o profesional). El tratamiento medio anual con un medicamento contra el cáncer cuesta 85.000 euros (100.000 dólares) por paciente. Teniendo en cuenta la población potencialmente afectada (casi la mitad de los hombres y más de la tercera parte de las mujeres sufrirán un cáncer a lo largo de su vida), no hay que hacer cálculos complejos para ver que esto es insostenible. Pero lo peor es que siguen saliendo nuevos y más caros fármacos al mercado, que la mitad ellos no funciona y que, en el mejor de los casos, aportan un beneficio clínicamente insignificante.
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Circulación de cerebros

Sobre el impacto científico de la movilidad internacional de los investigadores

La llamada ciencia “open” tiene más implicaciones que el mero acceso abierto a revistas y artículos científicos, que de por sí ya es importante. La ciencia es probablemente uno de los mejores exponentes de la apertura, la colaboración internacional, la movilidad de personas y el trabajo cooperativo, por no hablar de la manida y equívoca globalización. Y ahora empezamos a apreciar hasta qué punto la investigación realizada en colaboración por autores de distintos países tiene mayor impacto científico. Un análisis bibliométrico publicado en Nature indica que, aunque la inversión nacional en investigación y desarrollo es importante para producir ciencia, cuando nos referimos a la ciencia de más calidad, o al menos la que tiene más citas y mayor impacto, lo que de verdad parece contar es la colaboración internacional. Continue Reading →

Investigar con datos personales

Sobre el uso de datos médicos en investigación y otros fines menos altruistas

El debate mediático sobre la protección de datos personales apenas acaba de comenzar, pero pronto llegará al ámbito de la salud. La preocupación está despuntando por la invasión de anuncios personalizados en internet que revelan un tráfico de datos sobre nuestros intereses de compra. La gente es cada vez más consciente de que no hay servicios gratis, sino que los paga con sus datos. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) calcula que el valor medio anual de los datos personales en Facebook es de cinco dólares para los usuarios europeos y de 10 dólares para los de EE UU y Canadá. El perfil de un usuario que busca un seguro es mucho más caro y el de quien busca una hipoteca todavía mucho más. Una encuesta realizada por la consultora KPMG entre consumidores de 24 países revela que la mitad aceptaría productos gratis o rebajados a cambio de menos privacidad. Así, por ejemplo, la mayoría aceptaría instalar en su coche un aparato para supervisar su conducción a cambio de una rebaja en el precio del seguro. Pero, ¿consentiría un trueque similar con sus datos médicos? La encuesta no lo pregunta, pero sí confirma que los datos médicos están entre los que la gente está menos dispuesta a compartir. Continue Reading →

La evidencia es un grado

Sobre las pruebas científicas, los grados de certeza y la toma de decisiones de salud

La experiencia puede ser un grado en muchas situaciones y circunstancias, pero en biomedicina lo que sí que es un grado es la evidencia, o mejor dicho, la calidad de la evidencia. La expresión en español (un calco del inglés quality of evidence) no es demasiado afortunada, aunque también se emplean los términos nivel de certeza o confianza, que parecen más claros. De lo que se trata es de disponer de un sistema objetivo y consensuado que permita jerarquizar las evidencias o pruebas científicas disponibles sobre los efectos de las intervenciones sanitarias (tratamientos de todo tipo, pruebas diagnósticas, etc.). Y de utilizar esta jerarquía para ayudar a tomar decisiones que afectan a la salud individual y colectiva. Continue Reading →

Interdisciplinas y nuevas ciencias

Sobre los objetos de estudio científico a lo largo de la historia

¿Por qué tenemos una ciencia para el estudio de la luz, la óptica, y no la tenemos para el estudio de las sombras? ¿Por qué hay una ciencia de la materia, la física, y no hay otra dedicada a las formas? ¿Por qué y desde cuándo dividimos las ciencias en humanas, sociales y naturales? ¿Por qué no clasificamos las áreas de conocimiento en ciencias de lo visible y de lo invisible? ¿O en ciencias terrenales, celestiales y de lo que se sitúa entre el cielo y la tierra? Preguntas como estas no tienen una respuesta sencilla y homogénea, como advierte la eminente historiadora de la ciencia Lorraine Daston en su librito Breve historia de la atención científica. La ciencia ha ido seleccionando sus objetos de estudio no tanto de forma caprichosa, que también, sino sobre todo como resultado de las ideas, los problemas y los intereses de cada época histórica. Continue Reading →