Los perros no son humanos

Sobre el deterioro del semen perruno y su falaz interpretación en clave humana

La noticia de que la calidad del esperma de los perros británicos está empeorando, según una investigación de la Universidad de Nottingham, no es una gran noticia. ¿A quién le importa la fertilidad de los perros? Entiéndase la pregunta, por favor, en términos relativos y en su contexto periodístico. A mucha gente le importa la salud de estos animales, desde luego, pero el problema del semen perruno solo se convierte en noticia si donde dice perro se lee, implícita o explícitamente, hombre. Eso es lo que han hecho, por ejemplo, The Guardian (Study showing decline in dog fertility may have human implications) y El País (El semen de los perros puede explicar la baja fertilidad de los hombres). Pero no: el estudio en cuestión ni arroja luz ni permite explicar nada sobre la supuesta pérdida de calidad del esperma humano. A pesar del buen oficio de los periodistas, esta noticia que nunca debió serlo solo añade ruido, confusión e incertidumbre.

El estudio británico, financiado por la Guide Dogs for the Blind Association y realizado con datos de 1.925 eyaculaciones de 232 sementales de perros guías en 26 años, muestra un deterioro claro de la calidad del semen. Revela, entre otras cosas, una tendencia descendente del porcentaje de espermatozoides con movilidad normal y la presencia de algunos compuestos orgánicos persistentes (COP) en los testículos y el semen. Aunque estos datos pueden ser más o menos interesantes, el estudio no confirma –ni tampoco lo pretende– ninguna asociación entre la calidad del esperma y la presencia de COP. Además, solo analiza tendencias en perros, por lo que extrapolar sus resultados al hombre es pura especulación. Así las cosas, la noticia no aporta nada al esclarecimiento del auténtico problema y desafío científico: el posible declive de la fertilidad del hombre y el estudio de la influencia de los tóxicos ambientales y otras causas.

La primera voz de alarma sobre el deterioro del semen humano sonó en 1992, cuando el equipo de la danesa Elisabeth Carlsen publicó en el BMJ el análisis de los datos de 61 estudios realizados entre 1938 y 1991 con un título aparentemente definitivo: Evidence for decreasing quality of semen during past 50 years. El artículo acumula ya más de 2.700 citas, lo que da una idea del frenesí investigador en este campo y permite aventurar que, por la disparidad de métodos y resultados, las cosas no deben de estar tan claras. Hace 16 años escribí sobre la polémica del espermatozoide menguante y desde entonces el panorama sigue sin aclararse. En 2011, Jens Peter Bonde, Cecilia Høst y Jørn Olsen resumían la falta de consenso científico y los problemas metodológicos en un instructivo comentario de Epidemiology titulado Trends in Sperm Counts. The Saga Continues.

La saga se ha convertido en un auténtico culebrón científico y mediático, en el que están involucrados los siempre insidiosos tabaco y alcohol, las grasas saturadas, los teléfonos móviles, la televisión, el verano, los calzoncillos ajustados y una larga lista de factores, entre los que destacan los ubicuos, invisibles y escurridizos COP. El reto científico para esclarecer el problema es mayúsculo y exige gran refinamiento metodológico. Piénsese, sin ir más lejos, en la importancia de controlar la abstinencia sexual para estudiar el semen o el sesgo de las muestras con hombres que acuden a clínicas de fertilidad. El asunto es ya suficientemente complejo como para mezclarlo con datos de animales. Parece mentira tener que decirlo, pero ni siquiera los perros, por más que vivan bajo nuestro mismo techo, coman lo mismo y hasta vean la televisión, son humanos. Y los estudios realizados con ellos nunca pueden ser interpretados en clave humana.

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Los perros no son humanos

Sobre el deterioro del semen perruno y su falaz interpretación en clave humana

La noticia de que la calidad del esperma de los perros británicos está empeorando, según una investigación de la Universidad de Nottingham, no es una gran noticia. ¿A quién le importa la fertilidad de los perros? Entiéndase la pregunta, por favor, en términos relativos y en su contexto periodístico. A mucha gente le importa la salud de estos animales, desde luego, pero el problema del semen perruno solo se convierte en noticia si donde dice perro se lee, implícita o explícitamente, hombre. Eso es lo que han hecho, por ejemplo, The Guardian (Study showing decline in dog fertility may have human implications) y El País (El semen de los perros puede explicar la baja fertilidad de los hombres). Pero no: el estudio en cuestión ni arroja luz ni permite explicar nada sobre la supuesta pérdida de calidad del esperma humano. A pesar del buen oficio de los periodistas, esta noticia que nunca debió serlo solo añade ruido, confusión e incertidumbre.

El estudio británico, financiado por la Guide Dogs for the Blind Association y realizado con datos de 1.925 eyaculaciones de 232 sementales de perros guías en 26 años, muestra un deterioro claro de la calidad del semen. Revela, entre otras cosas, una tendencia descendente del porcentaje de espermatozoides con movilidad normal y la presencia de algunos compuestos orgánicos persistentes (COP) en los testículos y el semen. Aunque estos datos pueden ser más o menos interesantes, el estudio no confirma –ni tampoco lo pretende– ninguna asociación entre la calidad del esperma y la presencia de COP. Además, solo analiza tendencias en perros, por lo que extrapolar sus resultados al hombre es pura especulación. Así las cosas, la noticia no aporta nada al esclarecimiento del auténtico problema y desafío científico: el posible declive de la fertilidad del hombre y el estudio de la influencia de los tóxicos ambientales y otras causas.

La primera voz de alarma sobre el deterioro del semen humano sonó en 1992, cuando el equipo de la danesa Elisabeth Carlsen publicó en el BMJ el análisis de los datos de 61 estudios realizados entre 1938 y 1991 con un título aparentemente definitivo: Evidence for decreasing quality of semen during past 50 years. El artículo acumula ya más de 2.700 citas, lo que da una idea del frenesí investigador en este campo y permite aventurar que, por la disparidad de métodos y resultados, las cosas no deben de estar tan claras. Hace 16 años escribí sobre la polémica del espermatozoide menguante y desde entonces el panorama sigue sin aclararse. En 2011, Jens Peter Bonde, Cecilia Høst y Jørn Olsen resumían la falta de consenso científico y los problemas metodológicos en un instructivo comentario de Epidemiology titulado Trends in Sperm Counts. The Saga Continues.

La saga se ha convertido en un auténtico culebrón científico y mediático, en el que están involucrados los siempre insidiosos tabaco y alcohol, las grasas saturadas, los teléfonos móviles, la televisión, el verano, los calzoncillos ajustados y una larga lista de factores, entre los que destacan los ubicuos, invisibles y escurridizos COP. El reto científico para esclarecer el problema es mayúsculo y exige gran refinamiento metodológico. Piénsese, sin ir más lejos, en la importancia de controlar la abstinencia sexual para estudiar el semen o el sesgo de las muestras con hombres que acuden a clínicas de fertilidad. El asunto es ya suficientemente complejo como para mezclarlo con datos de animales. Parece mentira tener que decirlo, pero ni siquiera los perros, por más que vivan bajo nuestro mismo techo, coman lo mismo y hasta vean la televisión, son humanos. Y los estudios realizados con ellos nunca pueden ser interpretados en clave humana.

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