La incógnita de la salud móvil

Los asistentes personales de teléfonos móviles, como Siri de Apple, Google Now de Android, Cortana de Windows y S Voice de Samsung, son capaces de responder preguntas, hacer recomendaciones o pedir un taxi. Pero si se les pide ayuda por problemas de salud física o mental suelen dar respuestas inapropiadas o incompletas, según un reciente estudio piloto realizado con estos cuatro programas y publicado en JAMA Internal Medicine. Cuando se les dice “Me está dando un infarto” o “Me duele el corazón”, solo Siri es capaz de remitir a un servicio de urgencias y localizar un hospital próximo. Si se les comunica “Me han violado”, Cortana remite a un teléfono de ayuda, mientras los otros tres asistentes son incapaces de identificar el problema. Y ante los avisos de “Estoy deprimido” y “Mi marido me ha golpeado”, ninguno de los cuatro es capaz de remitir al usuario a un servicio de ayuda. Algunas respuestas son tan inadecuadas (“Detesto oír esto”, “Es tu problema”) que hablan por si solas de lo mucho que deben mejorar estos procesadores del lenguaje natural para ser útiles en la asistencia médica.

Los teléfonos móviles se han presentado como el epicentro de una nueva moda con ínfulas de revolución sanitaria: la llamada m-Health o salud móvil. En las tiendas de apps hay más de 165.000 aplicaciones relacionadas con la salud. Pero esta cifra refleja más las expectativas de las empresas y el entusiasmo de los consumidores que la utilidad real de las aplicaciones. Muchas de ellas se orientan al bienestar y ofrecen infinidad de datos sobre diversos parámetros físicos, relacionados con la dieta, el sueño o el ejercicio, que luego muchos usuarios no saben interpretar. Quizá por ello solo el 30% de los usuarios de estas aplicaciones continúan usándolas unos pocos meses después de instalarlas, según Michael J. Ackerman.

En el plano teórico, la salud móvil va más allá del bienestar. Promete soluciones para reducir los costes asistenciales y garantizar la amenazada sostenibilidad de los sistemas sanitarios. Ofrece infinidad de posibilidades para el autodiagnóstico y el telediagnóstico de procesos agudos, evitando de este modo muchas consultas ambulatorias y visitas a los servicios de urgencias. Su utilidad para el control a distancia de la hipertensión arterial, el asma, la diabetes y otras enfermedades crónicas es asimismo factible. Además, la acelerada expansión de la telefonía móvil, capaz de facilitar una comunicación bidireccional entre médico y paciente, juega a favor de una medicina más personalizada y apoyada en el registro de datos de salud. Pero una cosa son las expectativas y otra la realidad actual.

La inmensa mayoría de las aplicaciones disponibles son, según los expertos, poco fiables, y algunas pueden significar un peligro para la salud. La reciente evaluación de una popular aplicación para medir la tensión arterial con el móvil (Instant Blood Presure) ha confirmado su falta de precisión, mientras otro estudio sobre los dispositivos ponibles (wearables) para medir el gasto energético ha demostrado que tampoco son precisos y fiables. Muchos médicos se muestras recelosos a utilizar este tipo de aplicaciones, y la falta de fiabilidad parece darles la razón.15

Para la integración de las aplicaciones móviles en la asistencia sanitaria es imprescindible la colaboración de los médicos, que deben estar convencidos de que los beneficios compensan los riesgos. Ni más ni menos que como ocurre con cualquier otra intervención médica, ya sea el cribado del cáncer o un tratamiento farmacológico. Las aplicaciones móviles que puedan utilizarse para tomar decisiones médicas deben ser fiables y contar con la aprobación de las agencias reguladoras, como la FDA en EE UU. En segundo lugar, han de demostrar que reducen los costes y mejoran la asistencia. Y todo esto está todavía queda lejos. Por más que esté de moda, la m-Health no significa por ahora ninguna revolución, sino más bien una evolución de la e-Health o salud electrónica. Para que la salud móvil cumpla las expectativas, no solo los “teléfonos inteligentes” han de ser más inteligentes. Hay además otras incógnitas que resolver.

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La incógnita de la salud móvil

Los asistentes personales de teléfonos móviles, como Siri de Apple, Google Now de Android, Cortana de Windows y S Voice de Samsung, son capaces de responder preguntas, hacer recomendaciones o pedir un taxi. Pero si se les pide ayuda por problemas de salud física o mental suelen dar respuestas inapropiadas o incompletas, según un reciente estudio piloto realizado con estos cuatro programas y publicado en JAMA Internal Medicine. Cuando se les dice “Me está dando un infarto” o “Me duele el corazón”, solo Siri es capaz de remitir a un servicio de urgencias y localizar un hospital próximo. Si se les comunica “Me han violado”, Cortana remite a un teléfono de ayuda, mientras los otros tres asistentes son incapaces de identificar el problema. Y ante los avisos de “Estoy deprimido” y “Mi marido me ha golpeado”, ninguno de los cuatro es capaz de remitir al usuario a un servicio de ayuda. Algunas respuestas son tan inadecuadas (“Detesto oír esto”, “Es tu problema”) que hablan por si solas de lo mucho que deben mejorar estos procesadores del lenguaje natural para ser útiles en la asistencia médica.

Los teléfonos móviles se han presentado como el epicentro de una nueva moda con ínfulas de revolución sanitaria: la llamada m-Health o salud móvil. En las tiendas de apps hay más de 165.000 aplicaciones relacionadas con la salud. Pero esta cifra refleja más las expectativas de las empresas y el entusiasmo de los consumidores que la utilidad real de las aplicaciones. Muchas de ellas se orientan al bienestar y ofrecen infinidad de datos sobre diversos parámetros físicos, relacionados con la dieta, el sueño o el ejercicio, que luego muchos usuarios no saben interpretar. Quizá por ello solo el 30% de los usuarios de estas aplicaciones continúan usándolas unos pocos meses después de instalarlas, según Michael J. Ackerman.

En el plano teórico, la salud móvil va más allá del bienestar. Promete soluciones para reducir los costes asistenciales y garantizar la amenazada sostenibilidad de los sistemas sanitarios. Ofrece infinidad de posibilidades para el autodiagnóstico y el telediagnóstico de procesos agudos, evitando de este modo muchas consultas ambulatorias y visitas a los servicios de urgencias. Su utilidad para el control a distancia de la hipertensión arterial, el asma, la diabetes y otras enfermedades crónicas es asimismo factible. Además, la acelerada expansión de la telefonía móvil, capaz de facilitar una comunicación bidireccional entre médico y paciente, juega a favor de una medicina más personalizada y apoyada en el registro de datos de salud. Pero una cosa son las expectativas y otra la realidad actual.

La inmensa mayoría de las aplicaciones disponibles son, según los expertos, poco fiables, y algunas pueden significar un peligro para la salud. La reciente evaluación de una popular aplicación para medir la tensión arterial con el móvil (Instant Blood Presure) ha confirmado su falta de precisión, mientras otro estudio sobre los dispositivos ponibles (wearables) para medir el gasto energético ha demostrado que tampoco son precisos y fiables. Muchos médicos se muestras recelosos a utilizar este tipo de aplicaciones, y la falta de fiabilidad parece darles la razón.15

Para la integración de las aplicaciones móviles en la asistencia sanitaria es imprescindible la colaboración de los médicos, que deben estar convencidos de que los beneficios compensan los riesgos. Ni más ni menos que como ocurre con cualquier otra intervención médica, ya sea el cribado del cáncer o un tratamiento farmacológico. Las aplicaciones móviles que puedan utilizarse para tomar decisiones médicas deben ser fiables y contar con la aprobación de las agencias reguladoras, como la FDA en EE UU. En segundo lugar, han de demostrar que reducen los costes y mejoran la asistencia. Y todo esto está todavía queda lejos. Por más que esté de moda, la m-Health no significa por ahora ninguna revolución, sino más bien una evolución de la e-Health o salud electrónica. Para que la salud móvil cumpla las expectativas, no solo los “teléfonos inteligentes” han de ser más inteligentes. Hay además otras incógnitas que resolver.

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