Más comunicación y menos periodismo: ¿hasta cuándo?

Sobre el libro El periodismo biomédico en la era 2.0

Las noticias médicas que ofrecen los medios de comunicación están tan contaminadas por las notas de prensa que muchos ciudadanos acaban por no distinguir claramente la comunicación del periodismo, pues sus límites se han difuminado peligrosamente. Sin embargo, esta distinción es clave para entender muchos de los problemas que presenta actualmente el periodismo, la función social de esta profesión y su porvenir en la era de internet y las redes sociales. Y estos son precisamente los asuntos principales que abordan una decena de profesionales españoles, europeos y estadounidenses en esta publicación, editada en 2012 pero totalmente vigente, que representa una excelente referencia para los lectores hispanos interesados por la información y el periodismo biomédicos.

Los numerosos análisis sobre la calidad de las noticias médicas en los últimos años (algunos de los más importantes, como el de Gary Schwitzer, se presentan en esta publicación) muestran que la información biomédica padece innumerables deficiencias. Aunque hay ejemplos de excelente periodismo biomédico y no toda la culpa es de los periodistas, muchas de las noticias adolecen de inexactitudes, falta de contextualización, sesgos varios y fallos en la presentación de los resultados de las investigaciones, entre otras carencias. Pero quizá lo más preocupante es que hay muy pocas noticias originales, descubiertas por los propios periodistas, mientras que la mayoría se basan en comunicados de prensa y, en algunos casos, sobre todo en las primeras informaciones de las ediciones digitales, estos comunicados pasan por ser una auténtica noticia periodística.

La diferencia esencial entre las notas de prensa y las noticias periodísticas es que las primeras son siempre información interesada y parcial, cuya producción ha sido pagada por alguien (revistas científicas, centros de investigación, hospitales y empresas varias) que quiere que esa información circule, mientras que la información periodística es –o debería ser– una información imparcial y verificada con las herramientas profesionales de un periodista. Uno de problemas graves que tiene el periodismo biomédico actual, como subrayan varios de los autores de esta publicación, es precisamente que buena parte de la información periodística es poco más que comunicación, carente del valor añadido que aportaría un periodista especializado.

Las razones de esta sustitución del periodismo por la comunicación tienen que ver, como estamos hartos de oír, con la crisis económica y del modelo de negocio periodístico tradicional basado en la publicidad, además de con la pérdida de los periodistas del monopolio de la intermediación de la información entre las fuentes y el público. Con internet y las redes sociales, cualquiera parece capacitado para producir una noticia, cuando en muchos casos lo que acaba produciendo es ruido y confusión. La mayoría de las informaciones médicas que circulan por internet son noticias recicladas y devaluadas en los sucesivos reciclajes, y en su conjunto conforman un magma que no favorece la autonomía y el empoderamiento de los ciudadanos y los pacientes.

Muchos de los más veteranos y experimentados profesionales se han visto obligados a desaparecer de escena, justo cuando más falta hacen para filtrar con criterio todo este magma informe de información, seleccionar lo que tiene interés y presentarlo como noticias rigurosas y contrastadas, como advierten varios autores en este libro. Pero la información necesariamente especializada como es la biomédica tiene un precio elevado, un coste que nadie está dispuesto a asumir por ahora. Por eso el periodismo biomédico se está batiendo en retirada en todo el mundo occidental.

Mientras tanto, como recuerda Milagros Pérez Oliva en su texto de esta publicación, alguien  está pagando por la producción de notas de prensa –cuando no de simple propaganda–, que en muchos casos acaban circulando por internet y las redes sociales y, demasiado a menudo, también por los medios de comunicación. Está información no está contrastada y muy probablemente no responde al interés público, y esto es algo que enseña este libro y que los ciudadanos deben tener presente.

Hacen falta periodistas mejor formados y mejor pagados para que la información biomédica sea veraz y contribuya al empoderamiento de la ciudadanía. Pero alguien tiene que sufragarla y, por lo que parece, seguiremos teniendo más comunicación y menos periodismo mientras el modelo de negocio de las empresas periodísticas no salga de la crisis actual, y los ciudadanos no sean conscientes de que la información de calidad no puede ser gratis. Este libro, como el mejor periodismo biomédico del que tan faltos estamos, enseña a los lectores a comprender mejor las complejidades de la información y a ser consumidores exigentes de noticias médicas.

_________

Reseña del libro: De semir, V. y Revuelta, G. (coord.) (2012) El periodismo biomédico en la era 2.0. Fundación Dr. Antonio Esteve. ISBN: 978-84-940656-1-3

Publicado en Panace@, vol. 15, núm. 39, primer semestre, 2014. Descargar el PDF.

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Sobre el libro El periodismo biomédico en la era 2.0

Las noticias médicas que ofrecen los medios de comunicación están tan contaminadas por las notas de prensa que muchos ciudadanos acaban por no distinguir claramente la comunicación del periodismo, pues sus límites se han difuminado peligrosamente. Sin embargo, esta distinción es clave para entender muchos de los problemas que presenta actualmente el periodismo, la función social de esta profesión y su porvenir en la era de internet y las redes sociales. Y estos son precisamente los asuntos principales que abordan una decena de profesionales españoles, europeos y estadounidenses en esta publicación, editada en 2012 pero totalmente vigente, que representa una excelente referencia para los lectores hispanos interesados por la información y el periodismo biomédicos.

Los numerosos análisis sobre la calidad de las noticias médicas en los últimos años (algunos de los más importantes, como el de Gary Schwitzer, se presentan en esta publicación) muestran que la información biomédica padece innumerables deficiencias. Aunque hay ejemplos de excelente periodismo biomédico y no toda la culpa es de los periodistas, muchas de las noticias adolecen de inexactitudes, falta de contextualización, sesgos varios y fallos en la presentación de los resultados de las investigaciones, entre otras carencias. Pero quizá lo más preocupante es que hay muy pocas noticias originales, descubiertas por los propios periodistas, mientras que la mayoría se basan en comunicados de prensa y, en algunos casos, sobre todo en las primeras informaciones de las ediciones digitales, estos comunicados pasan por ser una auténtica noticia periodística.

La diferencia esencial entre las notas de prensa y las noticias periodísticas es que las primeras son siempre información interesada y parcial, cuya producción ha sido pagada por alguien (revistas científicas, centros de investigación, hospitales y empresas varias) que quiere que esa información circule, mientras que la información periodística es –o debería ser– una información imparcial y verificada con las herramientas profesionales de un periodista. Uno de problemas graves que tiene el periodismo biomédico actual, como subrayan varios de los autores de esta publicación, es precisamente que buena parte de la información periodística es poco más que comunicación, carente del valor añadido que aportaría un periodista especializado.

Las razones de esta sustitución del periodismo por la comunicación tienen que ver, como estamos hartos de oír, con la crisis económica y del modelo de negocio periodístico tradicional basado en la publicidad, además de con la pérdida de los periodistas del monopolio de la intermediación de la información entre las fuentes y el público. Con internet y las redes sociales, cualquiera parece capacitado para producir una noticia, cuando en muchos casos lo que acaba produciendo es ruido y confusión. La mayoría de las informaciones médicas que circulan por internet son noticias recicladas y devaluadas en los sucesivos reciclajes, y en su conjunto conforman un magma que no favorece la autonomía y el empoderamiento de los ciudadanos y los pacientes.

Muchos de los más veteranos y experimentados profesionales se han visto obligados a desaparecer de escena, justo cuando más falta hacen para filtrar con criterio todo este magma informe de información, seleccionar lo que tiene interés y presentarlo como noticias rigurosas y contrastadas, como advierten varios autores en este libro. Pero la información necesariamente especializada como es la biomédica tiene un precio elevado, un coste que nadie está dispuesto a asumir por ahora. Por eso el periodismo biomédico se está batiendo en retirada en todo el mundo occidental.

Mientras tanto, como recuerda Milagros Pérez Oliva en su texto de esta publicación, alguien  está pagando por la producción de notas de prensa –cuando no de simple propaganda–, que en muchos casos acaban circulando por internet y las redes sociales y, demasiado a menudo, también por los medios de comunicación. Está información no está contrastada y muy probablemente no responde al interés público, y esto es algo que enseña este libro y que los ciudadanos deben tener presente.

Hacen falta periodistas mejor formados y mejor pagados para que la información biomédica sea veraz y contribuya al empoderamiento de la ciudadanía. Pero alguien tiene que sufragarla y, por lo que parece, seguiremos teniendo más comunicación y menos periodismo mientras el modelo de negocio de las empresas periodísticas no salga de la crisis actual, y los ciudadanos no sean conscientes de que la información de calidad no puede ser gratis. Este libro, como el mejor periodismo biomédico del que tan faltos estamos, enseña a los lectores a comprender mejor las complejidades de la información y a ser consumidores exigentes de noticias médicas.

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Reseña del libro: De semir, V. y Revuelta, G. (coord.) (2012) El periodismo biomédico en la era 2.0. Fundación Dr. Antonio Esteve. ISBN: 978-84-940656-1-3

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