Acento y comprensión

Sobre el mito de la pronunciación nativa y la comunicación eficaz

El acento nos delata. Dice de cada uno de nosotros más de lo que quizá nos gustaría. Informa, entre otras cosas, del lugar en el que vivimos o del que procedemos, de la clase social, del nivel cultural y, cuando hablamos en otro idioma, de cuál es nuestra lengua materna. El acento extranjero puede ser incluso motivo de discriminación.

No es de extrañar, por tanto, que el acento sea un pozo de prejuicios y una auténtica obsesión cuando se trata de aprender una lengua extranjera, especialmente el inglés, que es o lleva camino de ser la segunda lengua para medio mundo. La pronunciación pasa por ser la parte más difícil a la hora de aprender una segunda lengua. Y por eso mucha gente asimila el acento de un hablante no nativo con su capacidad de comunicarse eficazmente.

Pero esto no está nada claro. ¿Dónde está el límite entre hablar una lengua con acento extranjero y hablar una lengua que no es comprensible? El acento tiene que ver con los recursos adquiridos por un hablante para producir sonidos, sílabas y palabras. Es lo que se engloba con la etiqueta de “pronunciación” y que remite a unas capacidades desarrolladas durante la infancia y que parecen agotarse al concluir un periodo crítico, probablemente con la pubertad. Pasada la adolescencia resulta ya muy difícil hablar una segunda lengua con acento nativo.

En cambio, la comprensibilidad tiene más que ver con la gramática y el vocabulario, y es mucho más importante que el acento a la hora de hacerse entender, según ha puesto de manifiesto un estudio (Disentangling accent from comprehensibility) publicado en el número de octubre de 2012 de la revista  Bilingualism: Language and Cognition. Los autores de esta investigación analizan hasta 19 variables relacionadas con el acento y la comprensibilidad, desde las puramente fonológicas, como el ritmo o los errores de acentuación, hasta la fluidez y las pausas, los errores léxicos y gramaticales y la estructura del discurso.

Este estudio muestra que el acento y la comprensibilidad son dos dimensiones superpuestas y diferentes. Hablar bien una segunda lengua, o al menos hacerlo de forma comprensible, es algo que va mucho más allá del acento. Así, mientras el acento de una profesora de una escuela primaria en Arizona puede hacerle perder su trabajo, como informaba el New York Times  (In Arizona, Complaints That an Accent Can Hinder a Teacher’s Career), no parece que el presidente del banco Santander, Emilio Botín, cuando se comunica en inglés, tenga mayores dificultades en hacerse entender, a pesar de su marcado acento español.

Foto: Wesley Fryer / Flickr

Entrada publicada el 30.11.2012 en Molienda de ciencia @ Molino de Ideas

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Acento y comprensión

Sobre el mito de la pronunciación nativa y la comunicación eficaz

El acento nos delata. Dice de cada uno de nosotros más de lo que quizá nos gustaría. Informa, entre otras cosas, del lugar en el que vivimos o del que procedemos, de la clase social, del nivel cultural y, cuando hablamos en otro idioma, de cuál es nuestra lengua materna. El acento extranjero puede ser incluso motivo de discriminación.

No es de extrañar, por tanto, que el acento sea un pozo de prejuicios y una auténtica obsesión cuando se trata de aprender una lengua extranjera, especialmente el inglés, que es o lleva camino de ser la segunda lengua para medio mundo. La pronunciación pasa por ser la parte más difícil a la hora de aprender una segunda lengua. Y por eso mucha gente asimila el acento de un hablante no nativo con su capacidad de comunicarse eficazmente.

Pero esto no está nada claro. ¿Dónde está el límite entre hablar una lengua con acento extranjero y hablar una lengua que no es comprensible? El acento tiene que ver con los recursos adquiridos por un hablante para producir sonidos, sílabas y palabras. Es lo que se engloba con la etiqueta de “pronunciación” y que remite a unas capacidades desarrolladas durante la infancia y que parecen agotarse al concluir un periodo crítico, probablemente con la pubertad. Pasada la adolescencia resulta ya muy difícil hablar una segunda lengua con acento nativo.

En cambio, la comprensibilidad tiene más que ver con la gramática y el vocabulario, y es mucho más importante que el acento a la hora de hacerse entender, según ha puesto de manifiesto un estudio (Disentangling accent from comprehensibility) publicado en el número de octubre de 2012 de la revista  Bilingualism: Language and Cognition. Los autores de esta investigación analizan hasta 19 variables relacionadas con el acento y la comprensibilidad, desde las puramente fonológicas, como el ritmo o los errores de acentuación, hasta la fluidez y las pausas, los errores léxicos y gramaticales y la estructura del discurso.

Este estudio muestra que el acento y la comprensibilidad son dos dimensiones superpuestas y diferentes. Hablar bien una segunda lengua, o al menos hacerlo de forma comprensible, es algo que va mucho más allá del acento. Así, mientras el acento de una profesora de una escuela primaria en Arizona puede hacerle perder su trabajo, como informaba el New York Times  (In Arizona, Complaints That an Accent Can Hinder a Teacher’s Career), no parece que el presidente del banco Santander, Emilio Botín, cuando se comunica en inglés, tenga mayores dificultades en hacerse entender, a pesar de su marcado acento español.

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