Desigualdades sexuales

Desigualdades sexuales

Sobre la supuesta disparidad de aptitudes entre hombres y mujeres para la medicina y otras profesiones

Las cuestiones sobre la igualdad sexual están sobrecargas de prejuicios y son de lo más pantanosas. ¿Por qué hay más hombres o mujeres en determinadas profesiones? ¿Están igualmente dotados unos y otras para las matemáticas o el ejercicio de la medicina? ¿Existe alguna predisposición biológica? El debate puede ser muy entretenido en una conversación distendida, pero también muy virulento cuando entran en juego cuestiones laborales o se invocan argumentos científicos. ¿Dónde está la neutralidad y la objetividad en estos temas? Los llamados estudios de género están en auge, pero sus conclusiones tienen siempre un aura de provisionalidad ante los vertiginosos cambios sociales y la creciente feminización de prácticamente todos los estudios y profesiones, incluidas las típicamente masculinas como las altas finanzas o el ejército.

La supuesta inferioridad de las mujeres respecto a los hombres en matemáticas ya no se sostiene. Los hechos están desmintiendo todo tipo de hipótesis sobre la mejor aptitud masculina para los números y las abstracciones matemáticas, según un estudio (Debunking Myths about Gender and Mathematics Performance) que se publicará en el número de enero de 2012 de la revista Notices of the American Mathematical Society. Los autores del trabajo, la oncóloga Janet Mertz y el matemático Jonathan Kane, ambos de la University of Wisconsin (EE UU), han comprobado con nuevos datos de 86 países que las desigualdades históricas se están difuminando a pasos agigantados.

En Estados Unidos, por ejemplo, la relación entre los estudiantes que destacan en los test de matemáticas ha pasado en cuatro décadas de 13 a 1 a sólo 3 a 1 a favor de los varones. Y el porcentaje de mujeres que se doctoran en matemáticas ha crecido del 5% al 30% en el último medio siglo. Estos cambios tan acelerados no podrían encontrarse si realmente existiera alguna base biológica a favor de los hombres o lo que podría caricaturizarse como la ausencia del “gen de las matemáticas” en las mujeres.

Los datos internacionales manejados por Mertz y Kane, que incluyen los de muchos países no desarrollados que antes no participaban en estudios sobre aptitudes para las matemáticas, ofrecen una novedosa información transcultural. Y ninguno de sus hallazgos indica que existan diferencias innatas entre hombres y mujeres en el rendimiento matemático a cualquier nivel. En muchos países hay importantes brechas de género, pero parecen deberse a factores socioculturales y, por tanto, modificables.

La feminización de la medicina es otro buen ejemplo de las influencias socioculturales. La escasez de médicas hace apenas medio siglo ha dado tal vuelco que en muchos países el porcentaje de mujeres que estudian medicina es ahora muy superior al de hombres. Algunas especialidades como pediatría o medicina general ya son mayoritariamente femeninas, y en algunos países pronto habrá más médicas que médicos en ejercicio.

Tanto es así que ya empieza a hablarse incluso de una “sobrefeminización” de la profesión médica (Medicine: Sexist or over-feminised? era el título de un reciente debate en la Royal Society of Medicine). Como bien recordaba un artículo publicado el 29 de noviembre en la revista BMJ Student (Is medicine a woman’s world?) la feminización de la medicina todavía no es completa ya que las mujeres siguen ganando menos y ocupando puestos de menor responsabilidad que los hombres. Porcentualmente, cada vez hay más mujeres y menos hombres en medicina. Pero tratar de explicar este fenómeno con la hipótesis de que es una profesión que alienta los valores femeninos sería, de entrada, un error histórico. Muchos jóvenes varones parecen descartar ahora la medicina por otras opciones profesionales más lucrativas o de mayor prestigio social, pero esto obedece claramente a factores coyunturales.

Las explicaciones biodeterministas de las desigualdades sexuales como consecuencia de la evolución del cerebro humano resultan poco convincentes teniendo en cuenta el peso de la cultura y la complejidad de las sociedades humanas. Los datos sobre las diferentes aptitudes de hombres y mujeres en un grupo humano concreto no permiten demostrar ninguna base biológica. Para ello habría que despejar antes todas las variables culturales, lo cual sería realmente complicado. Más bien, lo que parece revelar la presencia creciente de las mujeres en ámbitos considerados antes exclusivos de los hombres es que no hay profesiones masculinas o femeninas innatas.

Foto: stelashan / Flickr

 

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Sobre la supuesta disparidad de aptitudes entre hombres y mujeres para la medicina y otras profesiones

Las cuestiones sobre la igualdad sexual están sobrecargas de prejuicios y son de lo más pantanosas. ¿Por qué hay más hombres o mujeres en determinadas profesiones? ¿Están igualmente dotados unos y otras para las matemáticas o el ejercicio de la medicina? ¿Existe alguna predisposición biológica? El debate puede ser muy entretenido en una conversación distendida, pero también muy virulento cuando entran en juego cuestiones laborales o se invocan argumentos científicos. ¿Dónde está la neutralidad y la objetividad en estos temas? Los llamados estudios de género están en auge, pero sus conclusiones tienen siempre un aura de provisionalidad ante los vertiginosos cambios sociales y la creciente feminización de prácticamente todos los estudios y profesiones, incluidas las típicamente masculinas como las altas finanzas o el ejército.

La supuesta inferioridad de las mujeres respecto a los hombres en matemáticas ya no se sostiene. Los hechos están desmintiendo todo tipo de hipótesis sobre la mejor aptitud masculina para los números y las abstracciones matemáticas, según un estudio (Debunking Myths about Gender and Mathematics Performance) que se publicará en el número de enero de 2012 de la revista Notices of the American Mathematical Society. Los autores del trabajo, la oncóloga Janet Mertz y el matemático Jonathan Kane, ambos de la University of Wisconsin (EE UU), han comprobado con nuevos datos de 86 países que las desigualdades históricas se están difuminando a pasos agigantados.

En Estados Unidos, por ejemplo, la relación entre los estudiantes que destacan en los test de matemáticas ha pasado en cuatro décadas de 13 a 1 a sólo 3 a 1 a favor de los varones. Y el porcentaje de mujeres que se doctoran en matemáticas ha crecido del 5% al 30% en el último medio siglo. Estos cambios tan acelerados no podrían encontrarse si realmente existiera alguna base biológica a favor de los hombres o lo que podría caricaturizarse como la ausencia del “gen de las matemáticas” en las mujeres.

Los datos internacionales manejados por Mertz y Kane, que incluyen los de muchos países no desarrollados que antes no participaban en estudios sobre aptitudes para las matemáticas, ofrecen una novedosa información transcultural. Y ninguno de sus hallazgos indica que existan diferencias innatas entre hombres y mujeres en el rendimiento matemático a cualquier nivel. En muchos países hay importantes brechas de género, pero parecen deberse a factores socioculturales y, por tanto, modificables.

La feminización de la medicina es otro buen ejemplo de las influencias socioculturales. La escasez de médicas hace apenas medio siglo ha dado tal vuelco que en muchos países el porcentaje de mujeres que estudian medicina es ahora muy superior al de hombres. Algunas especialidades como pediatría o medicina general ya son mayoritariamente femeninas, y en algunos países pronto habrá más médicas que médicos en ejercicio.

Tanto es así que ya empieza a hablarse incluso de una “sobrefeminización” de la profesión médica (Medicine: Sexist or over-feminised? era el título de un reciente debate en la Royal Society of Medicine). Como bien recordaba un artículo publicado el 29 de noviembre en la revista BMJ Student (Is medicine a woman’s world?) la feminización de la medicina todavía no es completa ya que las mujeres siguen ganando menos y ocupando puestos de menor responsabilidad que los hombres. Porcentualmente, cada vez hay más mujeres y menos hombres en medicina. Pero tratar de explicar este fenómeno con la hipótesis de que es una profesión que alienta los valores femeninos sería, de entrada, un error histórico. Muchos jóvenes varones parecen descartar ahora la medicina por otras opciones profesionales más lucrativas o de mayor prestigio social, pero esto obedece claramente a factores coyunturales.

Las explicaciones biodeterministas de las desigualdades sexuales como consecuencia de la evolución del cerebro humano resultan poco convincentes teniendo en cuenta el peso de la cultura y la complejidad de las sociedades humanas. Los datos sobre las diferentes aptitudes de hombres y mujeres en un grupo humano concreto no permiten demostrar ninguna base biológica. Para ello habría que despejar antes todas las variables culturales, lo cual sería realmente complicado. Más bien, lo que parece revelar la presencia creciente de las mujeres en ámbitos considerados antes exclusivos de los hombres es que no hay profesiones masculinas o femeninas innatas.

Foto: stelashan / Flickr

 

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