Rankings de ciencia

Rankings de ciencia

Sobre la bibliometría de la excelencia y los mejores centros de investigación

La ciencia no es en absoluto ajena a la afición universal a confeccionar listas y clasificaciones de todo tipo. Universidades, gobiernos, empresas privadas y algunos periódicos y revistas (The Times o The Economist, por ejemplo) elaboran sus propios rankings de producción científica y calidad de la investigación. La base de estas listas suelen ser diferentes indicadores bibliométricos del impacto de la ciencia publicada, pero en algunos rankings de universidades se consideran otros factores, desde la reputación medida en encuestas hasta el número de premios Nobel de una institución. Aunque la diversidad metodológica hace difícil el consenso, la mayoría de estas listas reflejan la mediocridad general de la ciencia iberoamericana.

Por volumen de producción científica (número de artículos publicados), España se sitúa en la novena posición mundial, Brasil aparece en el puesto 15, México en el 28, Portugal en el 34, Argentina en el 35, Chile en el 44 y Colombia en el 53, según los Country Rankings de Scimago. En el área temática de medicina los puestos son similares: España el 9, Brasil el 16, Argentina el 34, Portugal el 39, Chile el 44 y Cuba el 46. La ciencia no ha tenido tradicionalmente un gran peso en Iberoamérica, pero estas posiciones se corresponden más o menos con su posición económica en el contexto mundial.

Sin embargo, en ciencia, como en tantos otros ámbitos, no importa tanto la cantidad como la calidad. El progreso científico radica principalmente en un selecto grupo de trabajos en cada disciplina que son los que realmente hacen avanzar el conocimiento. Medir e identificar la ciencia de más calidad o, como se repite ahora, la excelencia científica, no es sencillo. Un criterio objetivo es considerar el porcentaje de investigaciones publicadas que se sitúan en el selecto grupo del 10% de los trabajos más citados en cada especialidad.

Esta “tasa de excelencia” es la que utiliza el grupo de investigación bibliométrica Scimago, que acaba de hacer público su ranking mundial de instituciones 2011 (Scimago Institutions Ranking World Report 2011). En este informe la excelencia se concentra en EE UU, Europa y Australia. Si se considera sólo la producción científica excelente (el 10% de los trabajos más reconocidos), la ciencia española pasa del noveno puesto mundial en producción científica al vigésimo primero, y la de los demás países iberoamericanos salen mucho peor parada.

En el Ranking Iberoamericano de Universidades de Scimago 2011 muestra que, de las 68 instituciones cuya producción científica ha sido citada en promedio igual o por encima de la media mundial, 43 son españolas y 16 portuguesas. Es decir, mientras las universidades españolas y portuguesas tienen cierta capacidad para publicar en revistas de prestigio, la visibilidad de la producción científica de las universidades latinoamericanas, excluyendo las de España y Portugal, sigue siendo mínima.

Si nos atenemos a otros rankings, las universidades iberoamericanas no ocupan precisamente un lugar destacado. Así, en el Times Higher Education World University Ranking sólo aparece dos entre las 200 primeras (la brasileña Universidad de São Paulo en el puesto 178 y la española Pompeu Fabra de Barcelona en el 186). El QS World University Ranking también está dominado por las universidades anglosajonas en todos los ámbitos (en Medicina sólo hay tres universidades iberoamericanas, las tres españolas, entre las 200 primeras).

¿Realmente las universidades iberoamericanas son tan mediocres como indican estos rankings? ¿O el famoso sesgo anglosajón muestra un panorama peor de lo que es? ¿Hasta qué punto hay que fijarse en estos rankings? Algunos de ellos son auténticas herramientas de autor, que pueden ser más o menos discutibles, pero lo cierto es que los crudos indicadores bibliométricos reflejan que la excelencia brilla muy tímidamente en el panorama español y es apenas perceptible en el escenario iberoamericano.

Foto: Mapamundi del impacto científico normalizado de las instituciones. © Scimago Lab

 

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La ciencia no es en absoluto ajena a la afición universal a confeccionar listas y clasificaciones de todo tipo. Universidades, gobiernos, empresas privadas y algunos periódicos y revistas (The Times o The Economist, por ejemplo) elaboran sus propios rankings de producción científica y calidad de la investigación. La base de estas listas suelen ser diferentes indicadores bibliométricos del impacto de la ciencia publicada, pero en algunos rankings de universidades se consideran otros factores, desde la reputación medida en encuestas hasta el número de premios Nobel de una institución. Aunque la diversidad metodológica hace difícil el consenso, la mayoría de estas listas reflejan la mediocridad general de la ciencia iberoamericana.

Por volumen de producción científica (número de artículos publicados), España se sitúa en la novena posición mundial, Brasil aparece en el puesto 15, México en el 28, Portugal en el 34, Argentina en el 35, Chile en el 44 y Colombia en el 53, según los Country Rankings de Scimago. En el área temática de medicina los puestos son similares: España el 9, Brasil el 16, Argentina el 34, Portugal el 39, Chile el 44 y Cuba el 46. La ciencia no ha tenido tradicionalmente un gran peso en Iberoamérica, pero estas posiciones se corresponden más o menos con su posición económica en el contexto mundial.

Sin embargo, en ciencia, como en tantos otros ámbitos, no importa tanto la cantidad como la calidad. El progreso científico radica principalmente en un selecto grupo de trabajos en cada disciplina que son los que realmente hacen avanzar el conocimiento. Medir e identificar la ciencia de más calidad o, como se repite ahora, la excelencia científica, no es sencillo. Un criterio objetivo es considerar el porcentaje de investigaciones publicadas que se sitúan en el selecto grupo del 10% de los trabajos más citados en cada especialidad.

Esta “tasa de excelencia” es la que utiliza el grupo de investigación bibliométrica Scimago, que acaba de hacer público su ranking mundial de instituciones 2011 (Scimago Institutions Ranking World Report 2011). En este informe la excelencia se concentra en EE UU, Europa y Australia. Si se considera sólo la producción científica excelente (el 10% de los trabajos más reconocidos), la ciencia española pasa del noveno puesto mundial en producción científica al vigésimo primero, y la de los demás países iberoamericanos salen mucho peor parada.

En el Ranking Iberoamericano de Universidades de Scimago 2011 muestra que, de las 68 instituciones cuya producción científica ha sido citada en promedio igual o por encima de la media mundial, 43 son españolas y 16 portuguesas. Es decir, mientras las universidades españolas y portuguesas tienen cierta capacidad para publicar en revistas de prestigio, la visibilidad de la producción científica de las universidades latinoamericanas, excluyendo las de España y Portugal, sigue siendo mínima.

Si nos atenemos a otros rankings, las universidades iberoamericanas no ocupan precisamente un lugar destacado. Así, en el Times Higher Education World University Ranking sólo aparece dos entre las 200 primeras (la brasileña Universidad de São Paulo en el puesto 178 y la española Pompeu Fabra de Barcelona en el 186). El QS World University Ranking también está dominado por las universidades anglosajonas en todos los ámbitos (en Medicina sólo hay tres universidades iberoamericanas, las tres españolas, entre las 200 primeras).

¿Realmente las universidades iberoamericanas son tan mediocres como indican estos rankings? ¿O el famoso sesgo anglosajón muestra un panorama peor de lo que es? ¿Hasta qué punto hay que fijarse en estos rankings? Algunos de ellos son auténticas herramientas de autor, que pueden ser más o menos discutibles, pero lo cierto es que los crudos indicadores bibliométricos reflejan que la excelencia brilla muy tímidamente en el panorama español y es apenas perceptible en el escenario iberoamericano.

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