Archive | septiembre, 2008

Blogosfera médica

Sobre la maraña de bitácoras y el perfil del bloguero de salud

Como término, la blogosfera apenas tiene una década de vida –y la maraña de blogs que la constituyen tan sólo un poco más–, pero es increíble cómo se ha desarrollado en este tiempo. Si fuera un ser vivo, diríamos que se ha hecho mayorcito, aunque nadie sabe cuál puede ser su esperanza de vida o si se transmutará pronto en un nuevo organismo. La “vida en el ciberespacio” no es una frase retórica porque, entre otras cosas, existen comunidades de personas reales que comparten ideas y emociones en la red en torno a estos cuadernos digitales. Cada día, según el buscador de blogs Technorati, se crean 175.000 nuevos blogs, probablemente con la misma emoción inaugural con la que se empezaba un diario o un cuaderno en los viejos tiempos. En 2006, según el Pew Internet and American Life Project, un 39% de los adultos de EE UU leía algún blog, y un 8% escribía el suyo propio. Continue Reading →

Dieta nostra

Sobre la desmediterranización de los hábitos dietéticos de los españoles

Pocas cosas hay tan nefastas y carentes de sentido en nutrición como elogiar las virtudes de un alimento aislado. Decir que las nueces, las sardinas o los plátanos son “buenísimos” o ensalzar las propiedades de cualquier otro producto, como hacen ciertos anuncios y publicaciones, no tiene sentido dietético. Y no es porque no sean alimentos buenos ni ciertas sus propiedades, sino porque nadie se alimenta sólo de un producto. Cualquier alimento es bueno (por eso es un alimento), pero lo que importa es su combinación en la dieta. No hay, por tanto, alimentos buenos y malos, sino dietas buenas y malas, es decir, equilibradas y desequilibradas. Pero, ¿dónde está el equilibrio? ¿qué es una buena dieta? Si cada vez parece más difícil esta pregunta no es porque no se sepa la respuesta, sino porque las posibilidades de elegir y equivocarse son ahora mayores, y el estilo de vida actual induce fácilmente al desequilibrio. Continue Reading →

Sexo neuronal

Sobre las diferencias cerebrales entre hombres y mujeres

A nadie le sorprende ya que los cerebros de hombres y mujeres no sean iguales. Hay sobradas pruebas anatómicas que demuestran que no lo son. La última, el hallazgo de que los hombres tienen más sinapsis que las mujeres en el neocórtex temporal, publicado la semana pasada en la revista PNAS, es sólo un dato entre los muchos que se van desgranando continuamente en las revistas científicas y que indican que, efectivamente, hombres y mujeres tienen cerebros diferentes. Aunque nadie se atreve a decir que un sexo sea más inteligente que el otro, cada vez parece haber mayor acuerdo en que hombres y mujeres tienen inteligencias distintas, ya que esto es lo que indican los test que miden las capacidades espaciales, verbales, visuales, lógicas o empáticas.

La idea de que hay un cerebro masculino y otro femenino para interpretar la realidad y responder a ella es simplemente un hecho estadístico. Así, por ejemplo, los hombres tienden a ser mejores a la hora de visualizar y manipular objetos complejos en el espacio, pero en cambio las mujeres tienden a ser mejores observadoras de una escena compleja (en los test, los hombres identifican mejor una figura rotada en el espacio y las mujeres son más capaces de descubrir pequeños cambios en dos imágenes aparentemente iguales). Puestos a recordar y utilizar palabras, las mujeres suelen tener mayor capacidad, del mismo modo que parecen tener mayor habilidad para detectar las emociones faciales. En cambio, los hombres suelen mostrarse más dispuestos y capaces a la hora de desentrañar cómo funciona una máquina. En general, el cerebro masculino es más sistematizador y el femenino tiene mayor capacidad de empatía. Pero esto es sólo una media estadística, y cuando una persona concreta se somete a uno de los test que miden la masculinidad y feminidad cerebral, como el Sex ID de la BBC, puede ubicarse en cualquier punto entre los dos polos. Y, con independencia de su orientación sexual, puede haber hombres con cerebro femenino y mujeres con cerebro masculino.

Ahora bien, ¿qué relación hay entre las diferencias anatómicas y las distintas capacidades mentales de hombres y mujeres? Mucho de lo que se pueda decir sobre la masculinidad y la feminidad cerebrales es pura especulación. Los psicólogos evolucionistas invocan explicaciones que remiten a los hombres de las cavernas, cuando los hombres desarrollaron un cerebro de cazador y las mujeres se focalizaron en el cuidado de la prole y en espacios más íntimos. El papel de las hormonas, principalmente de la testosterona, parece ser importante en la conformación del cerebro desde el desarrollo uterino. Desde pequeños, las niñas dirigen más su mirada a las caras y los niños a los objetos, pero nadie sabe por qué. Lo cierto es que en torno a la masculinidad y la feminidad cerebrales hay más sombras que luces, más convencionalismos que certezas. A muchos nos gustaría saber por qué somos diferentes, pero quizá tampoco está mal que esta cuestión del sexo neuronal tenga un aura de misterio.

Anatomía de la moral

Sobre la naturaleza natural y no natural de los juicios morales

Hasta Heinrich Himmler, el principal responsable del holocausto judío, se sentía profundamente indispuesto al contemplar de cerca una ejecución. Su ayudante Karl Wolff relató en el documental británico The World at War (1973) lo que ocurrió cuando Himmler quiso presenciar con sus propios ojos el fusilamiento masivo de judíos. La ejecución se realizaba según el método de la “lata de sardinas”: en una gran zanja se colocaba boca abajo una fila de personas, y tras ser fusilada se colocaba otra fila boca arriba, que también era fusilada, y así de forma alternativa hasta completar la fosa. Himmler se acercó tanto a la zanja que le saltaron al abrigo y a la cara restos de cerebro de los ejecutados, y el propio Wolff tuvo que sujetarlo para evitar que se desmayara de la impresión. En el campo de concentración de Sachsenhausen también se sintió indispuesto en alguna ocasión similar, por lo que parece que el hombre que ordenó el asesinato en masa de millones de personas era incapaz de ver de cerca los horrores del asesinato sin que su organismo acusara el impacto moral. Continue Reading →