Archive | febrero, 2008

Slow medicine

Sobre el ritmo de la medicina y el cuidado de los mayores

El movimiento Slow Food aspira a ser todo un estilo de vida. Fue fundado en 1986 por Carlo Petrini y tres años después se convirtió en una organización internacional para reivindicar en todo el mundo la ecogastronomía, es decir, el placer de comer respetando la tradición y la sostenibilidad del planeta. Frente a la “macdonalización” de la comida, la devaluación de los alimentos por la producción industrial y el consumo acelerado, esta organización simbolizada por un caracol propone una producción y un consumo más pausados, amables y respetuosos con las personas. Ahora, esta idea trata de trasladarse al ámbito médico con lo que se ha dado en llamar “slow medicine”.

Esta nueva etiqueta ha sido propuesta por el geriatra y médico de familia estadounidense Dennis McCullough como principio para orientar los cuidados de salud a las personas mayores. En su libro My mother, your mother, invita a recapacitar sobre los inconvenientes de la actual medicina hipertecnificada para abordar el cuidado de los mayores y propone una fórmula más amable y respetuosa: la slow medicine. El libro está dirigido a los hijos de las personas mayores para que se involucren en el cuidado de sus padres cuanto antes y puedan participar activamente en las decisiones que afectan a su salud evitando los efectos perniciosos de un sistema sanitario demasiado agresivo y deshumanizado. El planteamiento de la slow medicine no se centra en salvar la vida a cualquier precio y en aplicar todos los recursos diagnósticos y terapéuticos disponibles, sino en humanizar los cuidados de salud para hacer más llevadera la vejez. Las pruebas y los tratamientos recomendados a ciertas edades quizá no lo sean tanto a edades más avanzadas. Así, por ejemplo, McCullough señala que en los muy mayores es mejor hacer una prueba de sangre en heces en casa que una agotadora colonoscopia en el hospital, del mismo modo que a partir de cierta edad es preferible una exploración mamaria que una que una mamografía anual en el hospital. Asimismo, los tratamientos farmacológicos deberían ser continuamente reconsiderados en función de la edad y el estado de salud, ya que, por ejemplo, los fármacos antihipertensivos que pueden salvar la vida a los 75 años pueden causar problemas a los 95. Y es que para afrontar los problemas de salud asociados al envejecimiento, ya sea un achaque o una enfermedad importante, los poderosos recursos tecnológicos de la medicina no son ni suficientes ni siempre necesarios.

La “medicina lenta” no desdeña por principio la tecnología, sino que trata de ponerla en su sitio, pues el complejo médico-industrial no es precisamente la mejor respuesta a las necesidades de las personas mayores. La slow medicine gravita más sobre la familia que sobre el hospital y trata de ofrecer unos cuidados de salud con un rostro más humano. Pero, claro, eso exige una mayor y más profunda implicación de la familia y de los médicos. Quizá todo sea una cuestión de tiempo, de cambio de tempo.

Ingeniería y salud

Sobre los grandes retos tecnológicos del siglo XXI

Buena parte de los problemas y aspiraciones de la humanidad exigen una solución tecnológica. La National Academy of Engineering de EE UU ha elaborado una lista de los Grandes Desafíos de la Ingeniería para mejorar la calidad de vida de la gente en el siglo XXI. Estos retos tienen que ver con cuatro grandes áreas de interés: la sostenibilidad del planeta (por ejemplo, hacer asequible la energía solar y hacer viable la fusión nuclear), la seguridad (informática, nuclear, biológica), la “alegría de vivir” (mejorando, por ejemplo, la enseñanza personalizada) y, cómo no, la salud. De los 14 retos pendientes de una solución tecnológica que figuran en la lista, hay al menos tres o cuatro relacionados con la salud: desarrollar mejores medicamentos, impulsar la informática médica, garantizar el acceso al agua potable y conocer el cerebro para impulsar la inteligencia artificial.

Buena parte de los éxitos de la medicina del pasado siglo descansan en avances tecnológicos e ingenieriles. A pesar de todas las críticas –merecidas muchas de ellas– sobre la deshumanización de la medicina a manos de la tecnología, los cierto es que buena parte de los progresos médicos en la lucha contra la enfermedad serían inimaginables sin el concurso del diagnóstico por la imagen, de los antibióticos y otros medicamentos, de la microcirugía, del láser, de la informática, de la ingeniería genética y de tantos otros desarrollos tecnológicos. Lo que ahora se espera de la ingeniería en el campo de la salud casi desborda la imaginación: pensemos por ejemplo en las prótesis biónicas (por ejemplo, una mano artificial capaz de moverse con los estímulos eléctricos del cerebro y devolver información sensorial) o en las posibilidades de la ingeniería genética o la nanotecnología. Son tantas las posibles aportaciones de la ingeniería que, a primera vista, lo que sorprende es que algunos de estos retos no hayan sido incluidos por el panel de ingenieros y científicos que han elaborado esta lista durante un año (en el panel figuran, entre otros, Craig Venter, el cofundador de Google Larry Page y Bernadine Healy, ex directora de los National Institutes of Health de EE UU).

Así, el biólogo molecular Attila Chordash, uno de los bloggers de Nature, echa en falta en esta lista un aspecto clave como es la prolongación de la duración de la vida humana, según cuenta en su blog Pimm: Partial immortalization. Y otros pueden echar en falta retos como la creación de órganos bioartificiales o la regeneración de una médula espinal seccionada. Sin duda, la bioingeniería va a lograr desarrollos espectaculares en los próximos años, pero si bien se piensa la solución de antiguos problemas relacionados con la salud, como el acceso universal al agua potable, a las energías limpias o a la información médica, son desafíos mayúsculos. Parecen retos menores, pero como ocurrió en el pasado con la higiene y el alcantarillado, son estos logros básicos los que más pueden contribuir a la supervivencia y la calidad de vida.

Hiperpaternidad

Sobre el dirigismo educativo y la importancia del juego

Los fines de semana los campos de fútbol y otros deportes se llenan de padres ansiosos por ver cómo sus hijos triunfan. Cegados por una pasión de padres mal entendida creen ver en sus retoños a futuras estrellas del deporte y les trasladan una presión competitiva exagerada. El deporte está quizá demasiado profesionalizado desde las categorías inferiores, pero hay padres que empeoran la situación desvirtuando los valores del juego y la actividad física inherentes al deporte. Algunos pediatras han alertado del exceso de lesiones por sobreentrenamiento, y no pocos niños acaban aborreciendo por exceso de presión lo que empezó siendo un juego placentero. Aunque menos habitual, también hay padres empeñados en que sus hijos sean grandes músicos, actores o pintores, y que desarrollen a fuerza de cursos una vocación artística que quizá no tienen. Hay, en fin, muchos padres que sobrecargan hasta la extenuación la agenda de sus vástagos con todo tipo de actividades extraescolares para que “triunfen en la vida”, empecinándose en procurarles las mejores guarderías, los mejores colegios, los mejores cursos y lo mejor de lo mejor, sin faltarles de nada y sin reparar lo suficiente en la metas que imponen a sus hijos y en el precio que pueden pagar por este exceso de competitividad. A esta actitud paterna, que se configura ya como una tendencia preocupante, se la ha dado en llamar hyperparenting o hiperpaternidad. Continue Reading →

Anglicanización

Sobre el predominio del inglés y el papel de las otras lenguas

Pocos médicos conocen la revista Deutsches Ärzteblatt. Sin embargo, se trata del equivalente alemán del Journal of the American Medical Association (JAMA) o del British Medical Journal (BMJ) de la British Medical Association. Ni qué decir tiene que su prestigio, relevancia e influencia en la medicina mundial son incomparablemente menores que los del JAMA o el BMJ, entre otras cosas porque la lengua en la que se escribe, el alemán, ha lastrado como una losa su visibilidad y difusión. Sin embargo, a partir de 2008, la revista oficial de la Asociación Médica Alemana (Bundesärztekammer) tiene ya una versión inglesa: todos los artículos científicos de este semanario se publican desde el pasado 21 de enero también en inglés, en una edición electrónica que pasa a llamarse Deutsches Ärzteblatt International. Probablemente ya sea un poco tarde para que la revista alemana represente lo que el BMJ o el JAMA, pero esta decisión va a favorecer sin duda la visibilidad y, por tanto, la influencia de la biomedicina escrita originalmente en alemán. Continue Reading →

Perfeccionismo

Sobre la optimización biológica y el vértigo moral que provoca

Aristóteles recomendaba a los hombres que querían tener un hijo varón que se ataran el testículo izquierdo antes de tener relaciones sexuales. La “ciencia” reproductiva del sabio de Estagira se ha quedado tan obsoleta que este consejo ya suena casi a chiste, algo que en absoluto ocurre con su filosofía (su Ética a Nicómaco es uno de los pilares de la ética occidental). Hay que reconocer que en los casi dos milenios y medio transcurridos, las ideas científicas han avanzado mucho más que las ideas morales. Ahora, la ingeniería genética ofrece la posibilidad real de elegir el sexo de los hijos, clonar una mascota y modificar la naturaleza humana. Todas estas posibilidades nos crean en mayor o menor medida una cierta incomodidad moral a la vez que enormes dificultades para articular una respuesta ética. Y, sin embargo, sabemos que, tanto a nivel individual como colectivo, necesitamos una posición moral. Continue Reading →