Archive | julio, 2006

Preguntas y respuestas

Sobre los caminos del conocimiento y el prestigio de la duda

En su colección de aforismos Si la naturaleza es la respuesta, ¿cuál era la pregunta?, el director de CosmoCaixa de Barcelona, Jorge Wagensberg, deja entrever ya en el título del libro que la ciencia se hace a base de preguntas. El conocimiento del mundo se puede alcanzar con dos estrategias bien distintas: asumiendo que lo dado son las preguntas y que lo que toca es encontrar las respuestas, o bien dando por sentado que el mundo es la respuesta y que lo que le corresponde al hombre es formular las preguntas que conducen al entendimiento de las cosas. Según Wagensberg, por el primer camino se acaba llegando al conocimiento revelado y a las creencias.  “La historia de las creencias es la historia de las buenas respuestas. Se avanza cuando cambia la respuesta. La pregunta es pura rutina”, sentencia. Por el contrario, “la historia de la ciencia es la historia de las buenas preguntas. Se avanza cuando cambia la pregunta. La respuesta es casi rutina. Un paradigma es una tregua entre dos buenas preguntas”. El arte, como tercera vía de conocimiento, estaría en este contexto más cerca de la revelación que de la ciencia, pero según se mire puede ser una cuestión de respuestas o de preguntas. Así, por ejemplo, el cineasta Alejandro Amenábar afirma: “Mi cine no es un cine de respuestas sino de preguntas”. Desde el planteamiento de Wagensberg, lo que parece claro es que el prestigio de la pregunta se corresponde con el prestigio social de la ciencia como forma de conocimiento racional, mientras que el relativo desprestigio de la respuesta obedecería a un cierto desprestigio del conocimiento revelado, irracional o, en todo caso, no científico.

Sin embargo, no todo el mundo ve así las cosas. En un debate del III Congreso sobre comunicación social de la ciencia, celebrado en noviembre de 2005 en La Coruña, el filósofo Fernando Savater mostraba una visión casi opuesta: “El arte y la filosofía tratan de preguntas mientras que la ciencia lo hace de respuestas. La mayoría de las preguntas son instrumentales. Por ejemplo, ¿qué hora es? Las respuestas científicas te hacen la vida más cómoda, más fácil, o ayudan a nuestros deseos. Pero hacen que olvidemos la pregunta, la cancelan”. Y añade: “Una buena respuesta a una pregunta filosófica te interesa más en la pregunta, mientras que una buena respuesta científica hace que te desintereses. La filosofía sólo ayuda a convivir con las preguntas, no a responderlas. La ciencia sirve para cosas útiles”. Lo más llamativo de estas posturas discordantes no es tanto que cada cual trate de arrimar el ascua a su sardina, sino que el ascua es siempre la pregunta. Lo que importa, lo que nos mueve, es la duda, la pregunta, quizá porque más que Homo sapiens –el que sabe, el que tiene respuestas– somos Homo quaerens, un animal que pregunta y no deja de preguntar, como señala George Steiner en Gramáticas de la creación. Al médico, sin embargo, por más dudas que tenga, lo que se le exigen son respuestas, soluciones inmediatas, aunque sean provisionales.

Miradas de ciencia

Sobre la fotografía científica como medio de divulgación

Un día de marzo de 2005, los ojos de Anne Weston descubrieron una célula cancerosa en plena huída a través del finísimo poro de un filtro de papel. Este encuentro fortuito se pudo producir porque Anne Weston trabaja como técnica de microscopía electrónica en el Centro de Investigación del Cáncer del Reino Unido (Cancer Research UK) y entre sus ojos y la célula tumoral se interponía un Jeol 6700, un potente microscopio electrónico de barrido con una capacidad de aumento de hasta 650.000 veces, lo que le confiere una resolución de 1 nanómetro, es decir, una millonésima de milímetro. La fotografía tridimensional de esta escena, tomada y coloreada por la propia microscopista, tiene el indudable mérito de mostrar el movimiento de una célula cancerosa (un suceso natural nunca antes visto o sólo visto por algunos técnicos e investigadores) junto con la fuerza expresiva y evocadora de una situación tan dramática como el inicio de una metástasis, un fenómeno que constituye una de las líneas de investigación del Cancer Research UK. La imagen se ha podido contemplar este año en varias exposiciones en el Reino Unido y se expone actualmente en Barcelona (Palau de la Virreina, hasta el 3 de septiembre) porque ha merecido el primer premio en la categoría “Medicina y vida” del concurso de fotografía científica Visions of Science (las imágenes están también en internet)  organizado desde 2000 por Novartis y por The Daily Telegraph, junto con otros patrocinadores menores, como el British Medical Journal, que concede el premio “Medicina y vida”.

La idea del concurso Visions of Science es divulgar el mundo de la ciencia y el espectáculo de la naturaleza mediante fotografías que ilustren algún fenómeno científico (una de las fotografías galardonadas este año muestra el fenómeno de la tensión superficial con un clip flotando en el agua), alguna escena de la vida relativamente desconocida (como es por ejemplo la célula cancerígena que huye) o simplemente muestren la belleza de la ciencia. Los científicos, claro está, disponen de equipos e instrumentos altamente sofisticados para visualizar el escenario de lo infinitamente pequeño, por lo que no es de extrañar que muchas de sus fotografías se centren en la biología a nivel celular e incluso molecular, un mundo inédito para el común de los ciudadanos. Pero, como sabe cualquier fotógrafo, lo más importante no es tanto el instrumental como la mirada, una mirada que sepa captar el mundo con ojos de científico y de artista. Con este planteamiento, el concurso Visions of Science ahora también se organizará en España a partir de 2007 para promover el interés social por la ciencia. En sus tres categorías (conceptos, personas, y arte y ciencia), la versión española del certamen, promovida por Novartis Farmacéutica y El País, pretende estimular a los profesionales relacionados con la ciencia y la salud a trasladar al público nuevas miradas sobre dos ámbitos sobre los que todavía hay demasiado desconocimiento.

Según un estudio

Sobre el totum revolutum de la investigación y los trabajos a medida

Nada parece respaldar tanto la veracidad de un mensaje como el aval de un estudio. La muletilla “según un estudio” es moneda corriente en las informaciones periodísticas de salud y cada vez más en los mensajes publicitarios de productos en los que el valor salud es importante (por desgracia, periodismo y publicidad se mezclan y confunden a menudo). La palabra estudio tiene las espaldas tan anchas y tan amplias las tragaderas que lo mismo sirve para designar una encuesta de medio pelo que una rigurosa investigación científica, un intrascendente análisis estadístico que un ensayo clínico. Pero lo cierto es que aludir vagamente a “un estudio” no dice nada si no se añaden a continuación los datos esenciales de dicho trabajo. Y de esta imprecisión y calculada ambigüedad se aprovechan, obviamente, los trabajos más chapuceros, que no sólo se utilizan para publicitar los supuestos beneficios de un producto sino que encuentran además eco en algunas informaciones periodísticas, para mayor desgracia y desconcierto del consumidor. Continue Reading →

Cara y cruz

Sobre el abordaje médico de las desfiguraciones faciales

En The Lancet de la primera semana de julio de 2006 han venido a coincidir dos caras bien distintas de la medicina, ambas referidas a las desfiguraciones faciales y su abordaje. La primera es la descripción y valoración técnica (médica, quirúrgica, psicológica y ética) del primer trasplante parcial de cara realizado en Lyon (Francia) hace ahora siete meses; la segunda es un informe sobre los devastadores efectos de la estomatitis gangrenosa o noma, una enfermedad de la pobreza que deja sin vida o sin rostro a 140.000 niños cada año, pero que puede ser prevenida con unas cuantas medidas sencillas y bien conocidas. Las fotos que ilustran ambos temas tienen en común el espanto de la mutilación facial, ya sea causada por las mordeduras de un perro o por los mordiscos de la gangrena; pero mientras en el caso de la mujer de Lyon hay un antes y un después esperanzador, la desfiguración facial de los pobres es el rostro de la miseria y la ausencia de futuro, la imagen en carne viva de la medicina tercermundista que llega tarde o no llega.

El noma, una infección infantil oportunista promovida por las condiciones de desnutrición, falta de higiene y extrema pobreza, es conocido desde la Antigüedad (cancrum oris lo llamó Hipócrates). Suele aparecer en niños de 1-4 años de la mano de infecciones como la rubéola o la tuberculosis, y evoluciona enseguida hacia una gangrena que destroza rápidamente los labios, la boca, la mandíbula y los músculos y tejidos adyacentes. Prácticamente desapareció de Europa a finales del siglo XIX con la generalización de las medidas higiénicas sanitarias básicas; no obstante, reapareció en Auschwitz y otros campos de concentración, y más recientemente en algunos pacientes de sida muy inmunodeprimidos. Actualmente se da en todos los países subdesarrollados, pero sobre todo en los países más pobres del África subsahariana. En el noroeste de Nigeria hay una tasa anual de 6,4 casos por cada mil niños, una incidencia insoportable habida cuenta que el 79% de los niños muere por la enfermedad y el resto queda monstruosamente deformado y limitado funcionalmente. Aunque la OMS señaló al noma como una de las prioridades de salud, todavía menos del 10% de los niños afectados recibe atención médica durante la fase aguda de la enfermedad. Su prevención no sería difícil, pero exige campañas informativas a los padres, vacunaciones infantiles, buena nutrición y otras medidas que no llegan a los más desfavorecidos.

En contraste con esta situación, el trasplante de cara se presenta como la última frontera de la medicina para solucionar los trastornos estéticos, funcionales y psicológicos de las desfiguraciones del rostro. El informe favorable –en términos de sensibilidad, apariencia y aceptación del paciente– que publica The Lancet sobre la evolución del injerto a los cuatro meses de su realización muestra que esta puede ser una opción real para otros casos similares. Pero, obviamente, no para los miles de niños desfigurados por el noma.