Archive | mayo, 2006

Neuroestética

Sobre el estudio de la base biológica de la experiencia estética

Los pintores, salvo excepciones, no se expresan tan bien con palabras como con imágenes. Pero aunque las obras de arte pueden y deben hablar por sí mismas, al mismo tiempo no pueden librarse de la palabra. Esto es algo que parece irremediable, pues el hombre es un ser de lenguaje, y el discurso verbal, con sus insuficiencias y contradicciones, se inmiscuye en todo para tratar de explicarlo y entenderlo. Sin embargo, el hombre es un ser de imágenes antes que de palabras. Y en ese teatro de imágenes mentales que es el cerebro, en el que se representan las vicisitudes del propio cuerpo a la vez que se dirige la obra, las imágenes se explican por sí mismas.

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Más y mejor

Sobre los fármacos para la superación y el bienestar

Del libro Trescientos medicamentos para superarse física, sexual e intelectualmente ya casi nadie se acuerda. Irrumpió de forma polémica en España a finales de 1989 y, si no fuera por las hemerotecas, casi podría decirse que nunca existió. A primera vista no hay ni rastro de él en internet y tampoco es fácilmente visible en la Agencia Española del ISBN del Ministerio de Cultura, donde figura escondido con un nombre equivocado, Trecientos medicamentos para superarse psíquicamente…. Pero la obra, traducida del francés y adaptada por médicos anónimos a la farmacopea española, fue un auténtico éxito de ventas, aunque ya solo se encuentra en los circuitos del libro usado. Planteaba una cuestión que tiene que ver con el doping pero que va más allá: el uso de los medicamentos que se pueden obtener en las farmacias para superar las propias capacidades y las limitaciones impuestas por la biología y las condiciones personales. En los 17 años transcurridos desde su publicación, el panorama ha cambiado de forma considerable: no sólo se han perfeccionado los métodos de dopaje en el deporte, sino que se han puesto al alcance del consumidor algunos fármacos realmente novedosos que permiten acariciar la idea de una cierta felicidad por vía farmacológica. Basta pensar en un solo fármaco, el sildenafilo o Viagra, para percatarse de hasta qué punto algunos medicamentos han superado la barrera puramente terapéutica para convertirse en un producto de consumo y de uso recreativo.

Entre los medicamentos esenciales de la OMS, destinados a tratar las principales enfermedades que afectan a las personas de todo el mundo, y la pastilla azul para potenciar la respuesta sexual o la toxina botulínica para quitar las arrugas, se extiende un amplio muestrario de sustancias con propiedades e indicaciones muy diversas. En un extremo están los medicamentos exclusivos para enfermedades y en el otro, los que pueden ser utilizados para tratar condiciones de la vida corriente que han sido medicalizadas o farmacologizadas, como pueden ser la tristeza o el envejecimiento. Los primeros podrían considerarse fármacos de línea blanca y los segundos encajarían en la denominación de medicamentos del bienestar, una categoría más difusa y sofisticada destinada a todo aquello que a la gente le gustaría poder remediar con pastillas para sentirse mejor, desde la calvicie hasta la fobia social, desde la celulitis a la falta de energía. Mientras en los países más pobres escasean los medicamentos esenciales, en las sociedades desarrolladas la demanda de medicamentos para mejorar el propio estado de bienestar físico, mental y social no ha hecho más que empezar. Ya hay están en fase de investigación numerosas sustancias para potenciar la memoria y la inteligencia, pero vendrán otras muchas para expandir nuestras capacidades que sin duda tendrán infinidad de adeptos. Así las cosas, se hace necesario distinguir entre un tipo y otro de medicamentos, porque sus implicaciones médicas, sanitarias, económicas e incluso éticas se antojan bien distintas.

Completitud

Sobre la necesidad de noticias médicas completas

El creciente protagonismo de los ciudadanos en el gobierno de su salud y su enfermedad también empieza a tener consecuencias en la información médica. Como quiera que los pacientes pueden llegar a tomar importantes decisiones sobre su salud a partir de las noticias de los medios de comunicación, la calidad de la información es un asunto esencial de la ética profesional y en la toma de decisiones de los enfermos. Ante esta necesidad, se está perfilando un movimiento para evaluar la calidad de las noticias médicas que sirva a la vez para orientar a los pacientes y para promover la excelencia periodística. Si el abc del periodismo es la veracidad, la imparcialidad y la independencia, hay un valor adicional que es más fácil de medir y que en cierto modo resume las exigencias de rigor, equilibrio y ponderación: la completitud. Para valorar cualquier avance médico o terapéutico, la información ha de ser lo bastante completa y ponderada. Con la idea de medir el rigor, la ponderación y la completitud de las noticias de salud, especialmente las referidas a tratamientos y otros procedimientos médicos, algunos proyectos, como el autraliano Media Doctor, de The Newcastle Institute of Public Health, o el Health News Review Project, de la Foundation for Informed Medical Decision Making de EE UU, han puesto en marcha un sistema normalizado de evaluación basado en una decena de criterios. Son estos: 1) Novedad: la información debe dejar claro si se trata de un tratamiento novedoso, si se trata de una reformulación de una vieja idea o si es un tratamiento antiguo. 2)  Disponibilidad: debe especificarse si se trata de un tratamiento comercializado o si es una terapia experimental. 3) Cuantificación del beneficio en términos absolutos y relativos, pero nunca sólo en valores relativos. 4) Mención de las alternativas disponibles: deben explicarse cuáles son las alternativas disponibles y sus ventajas e inconvenientes. 5) Mención de la calidad de las pruebas, pues el peso de las evidencias de una revisión sistemática o de un ensayo clínico es bien diferente al de un pequeño estudio observacional. 6) Mención de los efectos indeseados. 7) Uso de fuentes diversas e independientes, aparte de los autores de la investigación. 8) Contextualización más allá del comunicado de prensa que difunde un estudio.  9)  Mención de los costes comparativos del tratamiento. 10) No favorecer la medicalización ni lo que se ha dado en llamar disease mongering o promoción de enfermedades, mediante la exageración de las tasas de incidencia o prevalencia, la confusión de un factor de riesgo con una enfermedad y otros procedimientos. Cumplir todos estos requisitos es, sin duda, un enorme desafío para los periodistas médicos, pero es la mejor garantía de que su trabajo es responsable y útil para los ciudadanos. Si la información médica no es rigurosa, ponderada y completa, más vale no hacerla, porque interfiere con el acto médico y además lo que consigue no es informar, sino desinformar.

Mnemoética

Sobre los errores de la memoria y sus implicaciones

Algunos de nuestros mejores recuerdos son falsos. Se han instalado en nuestro cerebro por diversos mecanismos, pero nunca ocurrieron tal y como los recordamos. Y muchos otros sólo son ciertos en sus aspectos esenciales, pero no en los detalles. Si dentro de unos años volviéramos a recordar los mismos sucesos, no serían exactamente iguales, porque los recuerdos autobiográficos se renuevan cada día, adaptándose continuamente a la concepción actual del yo, según nos enseña la neurociencia. Al cerebro no le gusta recordar los detalles porque no está diseñado biológicamente para ello, sino para interpretar de forma interesada la información que le llega y almacenar esas interpretaciones de forma más o menos duradera en la memoria. Como dice el neurocientífico Michael Gazzaniga, la memoria no es tanto un mecanismo para recordar el pasado como un medio para prepararnos para el futuro. Continue Reading →

Riesgos desproporcionados

Sobre la elevada accidentabilidad laboral de los inmigrantes

La inclusión, a partir de 2003, de la variable “nacionalidad” en las estadísticas de bajas por accidente de trabajo ha permitido obtener por primera vez en España una foto de la salud laboral de los inmigrantes. Como era de prever, los trabajadores de otros países tienen más lesiones laborales mortales y no mortales que los españoles porque, entre otras razones, suelen desempeñar trabajos más peligrosos. Pero los datos del Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales reflejan una situación mucho peor de lo que cabía esperar ateniéndose a las estadísticas de otros países de nuestro entorno. En España, el riesgo que tiene un inmigrante de sufrir una lesión laboral es por lo menos cuatro veces superior al de un autóctono, y este riesgo relativo se va agrandando con la edad de los trabajadores hasta multiplicarse por 15 en el caso de los mayores de 55 años. Aunque estos riesgos deben contemplarse con la cautela que exige una primera oleada de datos, la situación real es probablemente peor, pues las estadísticas de bajas por accidente no contemplan ni a los trabajadores autónomos ni a los que integran la economía sumergida. Continue Reading →