Archive | noviembre, 2005

Prospectos

Sobre la legibilidad de la prosa de los medicamentos

Más de un escritor ha reconocido su afición juvenil a la lectura de prospectos de medicamentos en tiempos en los que escaseaba la información y hasta la letra impresa. Pero la función de la prosa de los prospectos no es formar escritores ni ampliar el vocabulario del lector. Aunque extrañe a algunos, el destinatario de este papelillo de letra minúscula y prosa condensada no es el profesional sanitario sino el sufrido paciente. ¿Cómo es posible entonces que ninguno de los prospectos de los 25 medicamentos más recetados pueda ser considerado legible por los pacientes y que sólo lo sea uno entre los 100 más recetados? Continue Reading →

Probablemente

Sobre las nociones de certeza e incertidumbre médicas

La práctica médica actual dejaría probablemente sorprendido a un médico de hace sólo un par de décadas. La medicina parece haber cambiado poco: han aparecido nuevas enfermedades, nuevos tratamientos y nuevas técnicas diagnósticas, pero en apariencia, se sigue diagnosticando y curando como antes. Sin embargo, hay detalles reveladores de un cambio sutil y profundo. Uno de ellos es la manera actual de referirse a la efectividad de los tratamientos. Los conceptos de certeza, seguridad, confianza o experiencia han sido reformulados con la estimación de la incertidumbre. La evidencia clínica, un concepto que ha estallado en estos años, se presenta ahora acotada en parcelas probabilísticas. Así, de los 2.329 tratamientos revisados en la última edición de Evidencia clínica concisa (la versión española de la obra Clinical Evidence del BMJ Publishing Group), el 15% (358) se califican como beneficiosos y el  21% (498) como probablemente beneficiosos; el 5% (115) son probablemente no beneficiosos, el 4% (91) son probablemente no efectivos o perjudiciales, y en el 7% (170) de los tratamientos hay un equilibrio entre beneficios y daños. Pero lo que quizá dejaría más sorprendido a un médico de hace 20 años es que el 48% (1.097) de los tratamientos son de “efectividad desconocida”. El hecho que revela este dato es claro y crudo a la vez: la medicina emplea muchos tratamientos que no han sido estudiados en ensayos clínicos aleatorios. La tarea de estudiar todas las intervenciones médicas es casi imposible, pero sería deseable reducir el actual vacío de evidencias.

La peculiaridad de Evidencia clínica y de otros recursos basados en la evidencia, especialmente las revisiones de la Colaboración Cochrane, es que presentan lo que se conoce y lo que no se conoce sobre el tratamiento y la prevención de las enfermedades en términos probabilísticos y, además, resumidos de forma sencilla y operativa. Toda la complejidad bioestadística que constituye el núcleo duro de los ensayos clínicos se resume en opciones probabilísticas para la toma de decisiones informadas y compartidas entre médicos y pacientes. Del mismo modo que el rótulo de “ciencias exactas” desapareció de las matemáticas, la certeza y la seguridad derivadas de la experiencia médica individual han dado paso a la incertidumbre. Conocimiento e incertidumbre son así las dos caras inseparables de la investigación clínica y de la práctica médica. La medicina es ahora provisional y probable, y por eso, precisamente, más científica, sin que ello la haga menos ética o humana. Esta es, probablemente, la mejor medicina que se puede hacer hoy en día.

Médicos dedicados

Sobre los valores éticos, científicos y humanísticos

John Awoonor-Williams trabaja en una de las zonas más pobres del mundo, en el norte de Ghana. Es el único médico que hay para 187.000 habitantes, en un área sin teléfono, agua corriente, radio y televisión, y hasta hace cuatro años sin electricidad. Sus condiciones profesionales son, obviamente, bien distintas a las de otros médicos de otros lugares. Las caras de la medicina son innumerables porque los sistemas sanitarios, los riesgos para la salud, el nivel de vida de los países y otros muchos factores determinan una gran variabilidad en las condiciones de trabajo de los médicos alrededor del mundo. Lo que les une a todos ellos es su dedicación al cuidado de los enfermos. Médicos dedicados del mundo es precisamente el título de un libro singular recién editado por la World Medical Association con los perfiles humanos y profesionales de 65 médicos de 58 países, entre ellos el de John Awoonor-Williams. Estos médicos dedicados han sido elegidos por sus compañeros de las 84 asociaciones médicas nacionales que integran esta organización que promueve la excelencia en medicina y los valores básicos de la medicina: humanismo, ciencia y ética.

Los 65 médicos elegidos por la WMA son dignos representantes de estas tres tradiciones perdurables de la medicina. Entre ellos están, por ejemplo, el venezolano Jacinto Convit, que ayudó a erradicar la lepra, el chino Nanshan Zhong, que alcanzó notoriedad mundial por sus trabajo en la reciente epidemia del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), o el británico Richard Doll, recientemente fallecido, que relacionó hace 50 años el tabaquismo con el cáncer de pulmón. Todos ellos aportan reflexiones que convendría considerar. Como la que hace Pedro Alonso, el único español que aparece en la lista, por sus recientes éxitos en el desarrollo de una vacuna eficaz contra la malaria: “La enfermedad no es simplemente una consecuencia de la pobreza, es también una causa de la pobreza”. O lo que recuerda el búlgaro Nikolai Tsankov: “A veces una sonrisa puede curar más que todas las excelencias científicas que posea un médico”. O lo que explica Refaat Kamel, cirujano de Egipto: “La medicina es un estilo de vida. Mantiene el cerebro ávido y curioso”. O lo que señala el psiquiatra y experto en bioética Luis Picard-Ami,  de Panamá: “Me preocupa profundamente que la medicina se convierta en una industria”. O lo que reflexiona Adib Jatene, cirujano torácico y cardiovascular de San Paulo (Brasil): “La profesión existe para ayudar a quienes sufren y no para ayudar a la gente a ganar dinero”. Por suerte para la profesión hay muchos, muchísimos otros médicos dedicados como ellos.

Dualistas y monistas

Sobre el problema cuerpo-mente y la nueva psicobiología

Descartes no pasa ahora por un buen momento. La separación cartesiana entre cuerpo y mente, entre materia y espíritu, es negada una y otra vez por los científicos. Uno de los más notables en el área de la neurobiología, el portugués Antonio Damasio, publicó en 1994 un libro de título inequívoco: El error de Descartes, en el que atribuía al filósofo francés el desatino de separar las operaciones mentales de la estructura del organismo y, como consecuencia, que el razonamiento y el juicio moral pueden existir separados del cuerpo, una idea que ha impregnado el pensamiento y la cultura occidentales durante siglos. En la medicina, por ejemplo, la distinción entre enfermedades orgánicas y mentales, representó un cambio del rumbo organicista marcado por Hipócrates hacia un dualismo radical. Pero hoy Descartes es refutado hasta por los estudiosos de la toma de decisiones, como Paul Slovic, director del Decision Research Center, que en sintonía con Pascal asegura que “separar la razón de los sentimientos no es aconsejable y, además, es imposible”, o el propio Damasio, para quien “la toma de decisiones correcta exige tres elementos: emoción, conocimiento y razón, que deben manejarse en equilibrio”.

Corren, pues, malos tiempos para Descartes y los dualistas. El nuestro es un tiempo marcadamente materialista, de un monismo materialista liderado por las ciencias que proclama que todos los fenómenos mentales, desde los sueños a la libertad, sólo son funciones de la materia corporal. Sin embargo, ahora es posible repensar el viejo problema cuerpo-mente a la luz de nuevas ideas y nuevos datos aportados por las ciencias y reflexionar sobre las flaquezas del reduccionismo materialista, como apunta Vicente Simón, del Departamento de Psicobiología de la Universidad de Valencia en un sugerente capítulo del libro Psicobiología. De los genes a la cognición y el comportamiento (Ariel, 2005). En esta obra colectiva, coordinada por Ignacio Morgado, catedrático de Psicobiología de la Universidad Autónoma de Barcelona, participan una treintena de autores españoles para perfilar algunos de los grandes temas de la psicobiología, un área en el que convergen genética, etología, biología molecular, psicología y neurofisiología, entre otras diciplinas, pero también de la antropología y la filosofía. ¿Qué es la mente y cómo nos hace inteligentes y sociales? ¿Por qué algunos niños tienen problemas para aprender a leer? ¿Qué nos hace violentos? ¿Qué sabemos del dimorfismo sexual del cerebro? Estas son algunas de las preguntas a las que responde este libro que viene a demostrar que la psicobiología española también existe.