Archive | octubre, 2005

Musicología

Sobre los efectos emocionales y fisiológicos de la música

Indagar el placer musical y otros efectos emocionales y fisiológicos de la música debe de ser algo fascinante para investigadores de distinto pelaje. La prueba es que los estudios sobre estos temas son incesantes. Buena parte de los trabajos que se publican los acapara la musicoterapia, pero no son menos los que pretenden dilucidar las claves neurobiológicas de la percepción musical y esclarecer las emociones que suscita. Pitágoras y sus colegas pitagóricos, embelesados como estaban con la música de las esferas celestiales, ya intentaron una aproximación al problema enredando con esferas, triángulos, líneas y números. Al final, a fuerza de puntear cuerdas de distinta longitud, descubrieron que al oído le agradan más los sonidos musicales que guardan entre sí alguna relación aritmética sencilla. Desde entonces para acá se han ido conociendo unas cuantas cosas. Por ejemplo, no sólo se ha obtenido confirmación empírica de que la música amansa las fieras, sino que ahora se usa para estimular la producción de leche en el ganado. Continue Reading →

Genografía

Sobre la genética de poblaciones y el Genographic Project

Algunos científicos piensan que el mayor libro de historia jamás escrito está oculto en nuestros genes. Este libro podría dar respuesta a preguntas nada filosóficas como de dónde venimos y cómo hemos llegado, como especie, a poblar este planeta. Los restos fósiles y el análisis genético han fijado con cierta aproximación que todos los humanos, con su diversidad de colores y apariencias, venimos de un ancestro común que vivió en África oriental hace sólo unos 60.000 años. A partir de ahí, cómo se diversificó la familia humana en un árbol genealógico de unas 2.000 generaciones y cómo se extendió por los cinco continentes es una larga historia de la que sólo se tiene una idea general, apoyada por estudios culturales y lingüísticos, pero cuajada de interrogantes. La mejor manera de obtener pruebas científicas de este largo viaje de la humanidad es mediante el análisis de dos tipos de secuencias de ADN: la del cromosoma Y, que se hereda sólo por vía paterna, y la del ADN mitocondrial, que se hereda sólo por vía materna. La genética de poblaciones se basa precisamente en el rastreo en estos dos tipos de ADN de la variación genética producida por la acción concurrente de las mutaciones y las migraciones humanas. Con el discurrir del tiempo, las mutaciones se convierten en marcadores genéticos de las poblaciones, de tal modo que el análisis de una muestra representativa de todas las poblaciones humanas permitiría reconstruir la historia de la aventura humana sobre la Tierra.

En estas coordenadas se inscribe el Genographic Project, un gran proyecto de genealogía global emprendido por la National Geographic Society junto con IBM para analizar el ADN de las poblaciones indígenas que todavía sobreviven en todo el mundo relativamente aisladas conservando su identidad genética. La cabeza visible de este proyecto es Spencer Wells, un genetista reconvertido en autor de documentales científicos y aventurero, pero detrás hay un equipo de 10 genetistas de poblaciones en otros tantos laboratorios repartidos por todo el mundo para estudiar este ADN. El proyecto se inició el año pasado y se prolongará otros cuatro años más hasta estudiar unas 100.000 muestras de ADN y obtener así una buena colección de secuencias genéticas que permita elaborar no sólo el mapa de las migraciones sino también ayudar a entender la diversidad racial y genética. Cualquier ciudadano puede además participar en esta iniciativa comprando un kit para que le analicen su ADN y le informen sus ancestros. El estudio de todo este material genético con fines médicos es ya otro cantar, algo que escapa a este proyecto y a la pura genografía.

Consilience

Sobre la unidad de las ciencias naturales y sociales

La paternidad del término consilience (traducido por algunos como consiliencia) es la misma que la de scientist: el científico y pensador británico William Whewell. En su libro La filosofía de las ciencias inductivas, de 1840, Whewell acuñó consilience como “la inferencia que ocurre cuando una inducción, que se obtiene de una clase de realidades, coincide con otra inducción, que surge de una diferente clase de realidades”. Sin embargo, quien ha popularizado la idea de consilience, que significa literalmente “juntarse de un salto” y alude a la unificación de ciencias y humanidades, ha sido el zoólogo estadounidense Edward O. Wilson, uno de los padres de la sociobiología, con la publiación en 1998 del libro Consilience: la unidad del conocimiento (Galaxia Gutemberg, 1999). En la portada de la edición original aparecen imágenes de un compás, de un insecto y de El beso de Auguste Rodin enlazadas entre sí para evocar la confluencia de todas las ramas del conocimiento, en un esfuerzo comparable al de los enciclopedistas del siglo XVIII. Pero de lo que se trata ahora, según Wilson y otros, no es tanto de agrupar el conocimiento como de tender puentes interdisciplinarios entre naturaleza y sociedad, entre biología y cultura, entre mente y materia.

La idea de superar definitivamente la dicotomía cartesiana entre cuerpo y alma la abordan hoy cuatro nuevos campos de investigación, según postulaba Steven Pinker en una conferencia de 1999 titulada La tabla rasa, el buen salvaje y el fantasma en la máquina (Paidós, 2005).  Estos cuatro campos que pretenden ofrecer una explicación científica de la mente y la naturaleza humana son la ciencia cognitiva (una disciplina que surgió en la década de 1950 por la unificación de la psicología, la lingüística, la informática y la filosofía de la mente), la neurociencia (el estudio de las bases neurales del pensamiento, la conciencia y la emoción), la genética del comportamiento y la psicología evolutiva (el estudio de la filogenia y la funciones adaptativas de la mente). El título de la conferencia de Pinker es muy significativo, porque alude a tres doctrinas o creencias que se pueden sentir amenazadas por el avance de las nuevas ciencias de la mente: que la naturaleza humana es totalmente maleable, que el mal no tiene su origen no en la naturaleza humana sino en las instituciones sociales y que somos algo aparte de la biología. El reto de la consilience es aunar y poner las cosas en su sitio. Como dice el paleontólogo Juan Luis Arsuaga, “no se puede entender la naturaleza humana si sólo se la estudia como organismo vivo o bien como ser pensante o reflexivo por otro”.

Mendacidad

Sobre el estudio científico de la mentira y el engaño

En el reino animal abundan los mentirosos. Muchos animales emplean argucias para engañar a otros animales y obtener así alguna ventaja. Y conforme se asciende en la escala evolutiva las mentiras son más refinadas, como si el engaño fuera un producto de la selección natural. Los seres humanos mentimos con la lengua y con el rostro, por exageración o por omisión, de forma explícita o sutil, al disimular los sentimientos y al contar nuestra vida. Como decía Mark Twain, “todo el mundo miente… cada día, cada hora, en la vigilia o durmiendo, en los sueños, en las alegrías y en las lamentaciones. Si alguien se sujetase la lengua con las manos, sus pies, sus ojos, su cuerpo seguirán expresando engaño”. La mentira forma parte de las relaciones humanas, tanto en la amistad o en las relaciones afectivas como en la política o en el comercio. Hay estudios que indican que mentimos sin cesar y aparentemente sin necesidad, con conocidos y con desconocidos. Y además parece que los buenos mentirosos suelen tener más éxito económico y social. “La mentira nos facilita las interacciones sociales, la manipulación del prójimo y la amistad ajena”, reconoce David Livingstone Smith, director del Instituto de Nueva Inglaterra sobre Ciencias Cognitivas y Psicología Evolutiva. La mentira funciona, eso está claro, pero apenas conocemos sus bases neurofisiológicas. Continue Reading →