Archive | junio, 2005

Biocomputación

Sobre la bioinformática y el avance de la biociencia

En la maraña de líneas que forman las dendritas neuronales en algunos dibujos de Ramón y Cajal se puede llegar a entrever alguna mariposa. La imagen de las neuronas como “misteriosas mariposas del alma, cuyo batir de alas quién sabe si esclarecerá algún día el secreto de la vida mental”, en palabras de Cajal, es tan poderosa por su carga poética que puede disparar la imaginación al contemplar sus atractivos dibujos. La realidad, sin embargo, es mucho más compleja y difícil de visualizar. En un volumen de apenas litro y medio se empaqueta un número impreciso de neuronas (se estima que entre 10.000 y 100.000 millones), y cada una de ellas tiene centenares de conexiones con las células vecinas. Dotar de sentido espacial a este fabuloso enredo sináptico es esencial para comprender la función cerebral, un desafío que se vislumbra tan fascinante como complicado. Pero está claro que un mapa de las conexiones neuronales es imposible de hacer con los rudimentarios métodos gráficos de Cajal. La tremenda complejidad de los árboles neuronales se ha abordado mediante formulaciones excesivamente simplificadas o mediante reconstrucciones en tres dimensiones, pero en este caso al añadir más neuronas llega un momento en que el esquema tridimensional de un pequeño circuito neuronal resulta imposible de visualizar y entender. Y si ni siquiera es posible comprender los microcircuitos cerebrales, difícilmente se puede abordar la complejidad de toda la circuitería neuronal concentrada en una masa grisácea de kilo y medio de peso y con la consistencia de un plátano maduro. Continue Reading →

Cuando calienta el sol

Sobre el índice de radiación ultravioleta y su difusión

La información meteorológica, un servicio habitual en casi todos los medios de comunicación, nos hurta de forma sistemática un dato relevante para la salud, especialmente en verano. Se trata del índice de radiación ultravioleta o UVI, un valor que se actualiza de forma continua y que nos informa del riesgo de sobreexposición a los rayos solares nocivos (los ultravioleta B). El UVI es un número del 0 al 16 que, como la temperatura, varía a lo largo del día y depende además de la situación geográfica, la estación del año y las condiciones meteorológicas. Puede variar entre 0 y 16 y tiene cinco rangos: bajo (1 y 2), moderado (3 y 4), alto (5, 6 y 7), muy alto (8, 9 y 10) y extremado (11 o mayor). Así, por ejemplo, el pronóstico del UVI en Madrid para el 21 de junio tiene forma de campana de Gauss: empieza en 0 al amanecer, crece hasta 7 hacia las 12 del mediodía (hora oficial), alcanza valores mayores de 9 a las 14 horas y empieza a descender paulatinamente a partir de las 16 hasta llegar a valores próximos a cero al anochecer. En cambio, el 21 de diciembre, la curva es mucho más plana y el UVI máximo sólo llega a 2 o 3 en las horas centrales del día. Aunque no es muy conocido, el Instituto Nacional de Meteorología (INM) de España ofrece desde junio de 2001 una predicción diaria de radiación ultravioleta para cielos despejados (las nubes bajas reducen el UVI), y podría fácilmente hacer predicciones más precisas. Con el dato del UVI y el tipo de piel (hay cuatro grados de tolerancia al sol), cada persona podría conocer cuál es el tiempo máximo que puede exponerse al sol o en todo caso tener una idea clara de hasta qué punto debe protegerse. Continue Reading →

Teledieta

Sobre la influencia televisiva en la educación dietética

Comer parece un asunto cada vez más complicado o sencillo, según se mire; pero comer bien es, sin duda, un asunto que requiere crecientes dosis de información y atención. Puede que empleemos menos tiempo en comer que hace medio siglo, pero dedicamos mucho más a informarnos y decidir qué comemos. Basta darse una vuelta por un gran supermercado, o por la televisión. La alimentación es un gran negocio se mire por donde se mire, ya sea por el número de bocas, por la creciente variedad y sofisticación de los productos alimenticios, por los debates abiertos, por los efectos de la dieta sobre la salud o por el sector del adelgazamiento.

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Números que cantan

Sobre las disparidades estadísticas en los estudios médicos

El factor humano es la sal gorda de la investigación, lo que redime a la ciencia de su avance de sorda apisonadora. Dos y dos no son siempre cuatro gracias al factor humano. ¿Cómo si no puede explicarse que dos grupos de investigadores lleguen a conclusiones diferentes sobre un mismo asunto? Podemos decir, por resumir, que es una cuestión de metodología, pero las innumerables variables que pueden influir en el curso y las conclusiones numéricas de un estudio tienen mucho que ver con la personalidad del investigador, sus prejuicios, su salud, su relación vital con el asunto que investiga, su autoestima, su competitividad, su ética profesional y otras menudencias y menudillos del yo. Cuando todo esto queda reducido a números redondos, gracias a la ingeniería estadística, lo mismo puede haber encuentros que desencuentros numéricos.

Las estadísticas sobre la obesidad son, en este sentido, muy ilustrativas. El pasado 20 de abril, el Journal of the American Medical Association (JAMA) publicaba un artículo tan polémico como consistente –estaba realizado por investigadores de los Centros para el Control de Enfermedades (CDC) y el Instituto Nacional de Cáncer (NCI) de EE UU–, que indicaba que las personas que tienen cierto sobrepeso sin llegar a ser obesas tienen menor riesgo de muerte que las que tienen un peso normal. Los datos significaban sin duda un alivio para mucha gente, no sólo en EE UU y ya fueran ciudadanos corrientes o investigadores, pues quien más quien menos tiene unos kilos de más. El estudio venía además a aligerar la pesada carga de mortalidad atribuida al sobrepeso y la obesidad 13 meses después de que otros investigadores del CDC anunciaran que la obesidad y el sobrepeso causaban en EE UU 400.000 muertes de más, aunque luego echaron mejor las cuentas y redujeron esta cifra a 365.000. El estudio del JAMA mostraba una realidad bien distinta: la obesidad origina 112.000 muertes de más, pero el sobrepeso previene unas 86.000; total, que el saldo neto anual de muertes de más por exceso de peso es de sólo 26.000. Un mes después, investigadores de la Escuela de Salud Pública de Harvard y la Sociedad Americana del Cáncer (ACS) han rebatido estas cifras con otros muchos estudios que muestran claramente que a más peso hay más enfermedades cardiovasculares, más cáncer y mayor tasa de mortalidad.  Ya lo avisó Donna Stroup, directora del Centro de Coordinación de Promoción Sanitaria de los CDC: “Contar muertes no es una ciencia exacta”.

Los muertos o los gordos hace tiempo que ya no se cuentan de uno en uno, con los dedos de una mano, y por eso las cuentan no siempre salen. La ventaja de las estadísticas es que sus cálculos dan mucho más juego y permiten anticipar, por ejemplo, que en 2058 el 100% de los adultos tendrá sobrepeso si seguimos al ritmo actual y no cambian las políticas sanitarias y las conductas individuales. Las políticas sanitarias –como todas las políticas– son o deberían ser una cuestión de números. Pero, ¿de qué números hay que fiarse?