Archive | mayo, 2005

Hipótesis

Sobre la divulgación de especulaciones contra corriente

Las hipótesis, como los deseos, soportan relativamente bien el peso de los adjetivos y relativamente mal el paso del tiempo. Hay hipótesis buenas y malas, disparatadas y realistas, sorprendentes y previsibles; con el tiempo, algunas se confirman y pasan a formar parte (siempre de forma provisional) del cuerpo teórico de la ciencia, pero la mayoría se quedan en el intento. Un científico es alguien entrenado en la formulación de hipótesis científicas y empecinado en demostrarlas, pero esta tarea es sólo una superespecialización de algo que hacemos los humanos todos los días, a menudo sin darnos cuenta. Antes que Hommo sapiens somos, como dice George Steiner, Hommo quaerens, seres que no dejan de preguntar y de anticipar hipótesis. Puestos a lanzar hipótesis, podemos formular que el cerebro (no sólo el humano) es el órgano especializado en fabricar hipótesis, y la conciencia (no sólo la humana) es el escenario donde se representan algunas de ellas (el cerebro genera otras muchas hipótesis anticipatorias que no son conscientes). Esta idea no es fácilmente verificable, desde luego, pero tampoco es disparatada y ni siquiera sorprendente (de hecho, no es más que una versión de las hipótesis sobre la conciencia de algunos neurocientíficos, en particular del colombiano Rodolfo Llinás). El Nobel Francis Crick (1916-2004), tras su brillante incursión en la biología molecular, se centró en las últimas décadas en el estudio del cerebro y publicó en 1994 un libro de divulgación sobre las bases biológicas de la conciencia titulado The Astonishing Hypothesis (“La hipótesis sorprendente”), cuya mayor sorpresa no fue otra que su osado subtítulo: “La búsqueda científica del alma”.

En medicina, como en las demás disciplinas sometidas al método científico, las hipótesis más sorprendentes o más arriesgadas no tienen fácil cauce de expresión. El sistema de peer review para la publicación de trabajos deja poco margen para la especulación contra corriente y, sin duda, cierra el paso a algunas buenas ideas. La revista Medical Hypothesis pretende llenar este hueco y cada mes publica las hipótesis más interesantes, sin discriminar las más radicales con tal de que sean coherentes y estén bien explicadas, como la publicada en el último número sobre el origen evolutivo de la diabetes tipo I como mecanismo de defensa contra el frío en la época de las glaciaciones, de la que se ha hecho eco The New York Times. Entre las más sugerentes hipótesis están la que explica la obesidad como un tumor endocrino y la que discute la posibilidad de que la enfermedad de las vacas locas esté causada por una bacteria. Pero sin duda la más interesante, o al menos así lo certifican los lectores de la revista, es la hipótesis que relaciona la iluminación artificial con el auge de algunos cánceres. Nadie sabe qué porvenir le aguarda a esta idea, pero conviene recordar que las hipótesis más revolucionarias parecen al principio cosa de iluminados y cuando se confirman nos iluminan a todos.

Aplauso

Sobre los recientes avances en el tratamiento del cáncer

Los fríos datos estadísticos pueden desencadenar fuertes descargas emocionales colectivas. Es lo que ocurrió en el 41 congreso anual de la American Society of Clinical Oncology (ASCO), celebrado del 13 al 17 de mayo de 2005, en Orlando (EE UU). El causante del suceso ha sido un anticuerpo monoclonal utilizado en oncología y dirigido específicamente contra el receptor HER2 (Human Epidermal growth factor Receptor 2), que está  sobreexpresado en un 20-30% de los cánceres de mama, entre otros tumores. Los ensayos clínicos que se estaban realizando con cerca de 5.000 mujeres, en EE UU y Europa, para evaluar el efecto del fármaco transtuzumab (más conocido como Herceptin, su nombre comercial) en la prevención de recurrencias del cáncer de mama HER2 positivo fueron suspendidos en abril de 2005 porque había un grupo que claramente respondía peor. El 21 de abril se reunió el Data Monitoring Committee (DMC) del ensayo estadounidense y el 25 de abril el del europeo, y al “desvelar el ciego” se comprobó que el grupo que iba peor en ambos ensayos era el grupo control. Los datos preliminares, que saltaron a la prensa a finales de abril, indicaban que transtuzumab reducía a la mitad las recaídas (en un 75%, metastásicas) de esta variante especialmente agresiva de cáncer de mama. La presentación de los datos estadísticos completos se aplazó para la 41 reunión de la ASCO, donde finalmente se comunicaron ante un público muy numeroso, casi 10.000 personas repartidas en dos salas. Al término de la presentación, los asistentes rompieron a aplaudir de forma enfervorizada: los ponentes habían bajado del estrado, y el público seguía aplaudiendo. Se aplaudió con entusiasmo y de forma continuada durante unos cinco minutos, según relata uno de los presentes, el oncólogo español Josep Baselga, en una especie de “catarsis” de la comunidad formada por investigadores, médicos y pacientes. “Fue algo mágico, nunca visto en los 20 años que he asistido a ASCO; algo que te ponía los pelos de punta y que yo sólo había presenciado en la ópera”, continúa Baselga. Este aplauso bien puede significar un reconocimiento a los muchos avances que se han sucedido en los últimos años y que permiten pensar con fundamento que el cáncer ya no es lo que era. Las novedades terapéuticas, los progresos en el diagnóstico precoz y el mayor conocimiento de la biología del tumor invitan a creer, como dice Baselga, que se ha producido un salto cualitativo en el tratamiento del cáncer y que probablemente estamos asistiendo al principio del control de este grupo de enfermedades. Es verdad que no todo el mundo es optimista, que muchas de las expectativas que se suscitan todos los años por estas fechas en ASCO luego no se confirman, que el aumento de la supervivencia en muchos de los cánceres es un proceso muy lento y costoso, que queda mucho por hacer en todos los terrenos y que la realidad médica de cada día es desconsoladora. Pero bien podría ser que ese gran aplauso en ASCO 2005 indicara un punto de inflexión.

“Empoderamiento”

Sobre la idea de “empowerment” en el contexto de la salud

Nunca es fácil, ni cómodo ni eficaz, referirse a un concepto sin poder nombrarlo con una palabra en el propio idioma. Es lo que venía pasando con el “empowerment” inglés, tan en boga en los últimos años en la jerga de los teóricos de la salud y en otros ámbitos. El paciente parece llamado a ser el centro, el protagonista, el responsable, el que manda en su salud. La idea es que el ciudadano gana poder y se hace fuerte porque tiene más información y mayor capacidad de decisión sobre su salud. Esta ganancia es lo que designa la palabra “empowerment”, pero ¿cómo decirlo sin rodeos en castellano?

La respuesta estaba tardando en llegar, y hete aquí que ya hay una palabra en circulación: “empoderamiento”. Dice Rafa Bravo en su Primablog sobre medicina y atención primaria que hace un par de años apenas había referencias de esta “palabreja” en la red, pero ahora ya encontramos cerca de 100.000 entradas en los buscadores de internet. Para la Real Academia Española, en su vigente Diccionario de la Lengua Española de 2001, los verbos empoderar y empoderarse están en desuso; pero los más corrientes apoderar y apoderarse no parecen apropiados para referirse a esta interesante vía de hacerse poderoso que es tener un mayor control sobre la propia salud. Como tampoco nos sirve apoderamiento como traducción de “empowerment”, quizá haya que considerar el término “empoderamiento”, horrísono para algunos sin lugar a dudas, y celebrar el recobramiento de la salud del moribundo empoderar. Es lo que hace, por ejemplo, la Organización Internacional del Trabajo, que incluye empoderamiento en su Glosario sobre prevención y eliminación del trabajo infantil doméstico en Sudamérica y lo define como el “conjunto de acciones orientadas a generar mayores niveles de asertividad, competencias, habilidades y actitudes que permitan a las personas ejercer poder en los diferentes niveles y ámbitos de la vida. Se vincula a la noción de autonomía y a sus cuatro dimensiones: física, económica, política y sociocultural”. En el contexto de la salud cabe distinguir un “empowerment” individual y un “empowerment” comunitario, según el Health Promotion Glossary de la OMS de 1998, porque así como el individuo puede “empoderarse” para gestionar mejor su salud, también puede hacerlo la comunidad mediante acciones colectivas orientadas al control de los determinantes de la salud y la calidad de vida comunitaria. Pero el concepto de “empoderamiento” ha calado también en la sociología, la economía y la gestión empresarial, entre otros ámbitos, y aquí ahora igual se “empoderan” los pacientes que los trabajadores o las mujeres.

Pudiera ser que esto del “empoderamiento” no fuera una realidad sino tan sólo una ilusión, y hasta habrá quien piense que no es más que una maniobra del poder. Algunos neurobiólogos llegan todavía más lejos y creen que el libre albredrío, como los sonidos o los colores, son sólo una ilusión del cerebro. En todo caso, por hacerse ilusiones de “empoderamiento” que no quede.

Palabra de ciencia

Sobre la manipulación verbal de los conceptos científicos

La einsteinmanía diferida que vivimos este año dedicado a Einstein tuvo su punto álgido no en 1905, cuando el físico alemán publicó su teoría de la relatividad especial, sino a partir de 1919, cuando un grupo de astrónomos británicos aportó la primera prueba experimental sólida de la teoría de la relatividad general tras observar la luz de las estrellas durante un eclipse de sol. Un día después del experimento, The Times londinense anunciaba la muerte de Newton y el nacimiento de una nueva teoría del universo. Hasta entonces los trabajos de Einstein apenas habían tenido repercusión pública por su elevado nivel de abstracción y su alejamiento de la realidad experimental: difícilmente se podía medir un leve encogimiento del espacio y el tiempo cuando un tren se desplaza a la velocidad de la luz. Los plumíferos de medio mundo empezaron a airear airearon la nueva revolución científica y lo que podía representar en todos los órdenes de la vida. Curiosamente, la popularidad de la teoría de Einstein se fraguó a partir de una sola palabra y todas sus connotaciones: relatividad. Einstein había anunciado que ya no había ninguna medida universalmente válida. Los conceptos absolutos de eternidad, verdad, cielo, infinito se tambaleaban, y con el aval del popular físico lo mismo se podía desautorizar una costumbre que una religión. Como advirtió en 1920 el escritor Alexander Moszkowski (1851-1934) y argumenta ahora Carsten Könneker, director de la revista Gehirn & Geist (Mente y Cerebro), la masa se había conmovido por una teoría científica tan complicada porque la gente reduce la física a lo puramente lingüístico. Puesto que todo es relativo, la teoría de la relatividad podía ser utilizada para respaldar o criticar cualquier idea ajena a la física, que a la postre parecía ser lo menos importante en las coordenadas espaciotemporales de la vida humana.

El periodismo “científico” de la época tuvo, sin duda, cierta responsabilidad en la instrumentalización que se hizo de la figura de Einstein y su relatividad. Reducida toda una teoría del cosmos a una sola palabra, cualquiera – desde la iglesia a los políticos, incluido el propio Hitler– parecía estar en disposición opinar sobre la relatividad, sus consecuencias y los fundamentos ideológicos de esta “doctrina”. Como dijo el propio Einstein: “Ahora cualquier cochero o camarero debate sobre la verdad o falsedad de la teoría de la relatividad”. Muchos científicos coinciden en afirmar que el lugar que ocupaba la física hace un siglo lo ocupan ahora la biología en general y la neurobiología en particular. Cabe preguntarse, por tanto, qué puede estar pasando en nuestros días con ciertos conceptos científicos que están en el centro de atención de la investigación, la política, la religión, la economía y el conjunto de la opinión pública, como por ejemplo clonación, ingeniería genética o células madre embrionarias. Y, con todo el escepticismo, conviene también plantearse qué papel está desempeñando la divulgación científica.