Archive | noviembre, 2004

Cibercondría

Sobre el miedo a enfermar transmitido por internet

Basta asomarse ligeramente al ventanal de internet para percatarse de la descomunal inflación de los contenidos de salud. Resulta imposible cuantificarlos y clasificarlos. El ruido informativo es tan ensordecedor que amenaza con acallar las voces más veraces y los mensajes más sensatos. Toda la mejor literatura médica está ahí, de eso no hay duda, pero inevitablemente mezclada con contenidos de medio pelo que responden a intereses y propósitos de lo más diverso. La sobresaturación e intrascendencia son un incordio hasta para los profesionales de la salud; para los profanos, la profusa mezcla de verdades, medias verdades y falsedades puede convertirse en una auténtica amenaza para su salud. Tomada en bruto, la información de salud mete miedo. Su capacidad amedrentadora tiene que ver no sólo con el gigantismo de las cifras y letras sobre la enfermedad y la muerte, sino sobre todo con la sobreabundancia de recomendaciones, unas atinadas, otras erróneas y muchas contradictorias. A poco que uno esté predispuesto a la hipocondría, la saludable preocupación por la propia salud puede convertirse en una preocupación excesiva y malsana. De hecho, en estos tiempos tan dados a la creación de nuevas palabras que respondan a los nuevos medios y tecnologías, ya hay quien ha acuñado el término “cibercondría” para referirse al temor hipocondríaco derivado de la consulta de páginas web de salud, un trastorno que, más allá de lo anecdótico del término, remite a un problema de salud mucho más profundo y preocupante. Continue Reading →

Conocimiento y acción

Sobre la necesidad de la investigación en sistemas de salud

Los avances biomédicos no mejoran por sí mismos la salud de la población, pues además hace falta que todo ese conocimiento se ponga en práctica de la manera más eficiente. Es notorio que todos los sistemas de salud, ya sean los de los países pobres como los de los ricos, tienen escasez de recursos económicos y presentan a la vez notables deficiencias en la gestión de los recursos disponibles. En su conjunto, el sistema global de salud es claramente ineficaz e ineficiente, pues la mitad de las muertes del mundo son potencialmente evitables con intervenciones sencillas y baratas (coste-efectivas), entre ellas las de más de seis millones de niños. ¿Por qué no funcionan mejor los sistemas sanitarios y fracasan tan a menudo al hacer llegar las medidas eficaces a las personas que las necesitan? El asunto tiene enorme complejidad por la diversidad de contextos sociales y políticos, pero hay un dato revelador: de cada mil artículos biomédicos publicados sólo siete hacen referencia a investigaciones sobre los sistemas de salud.

La ciencia debe contribuir a mejorar los sistemas de salud pública y no limitarse a producir medicamentos, pruebas diagnósticas, vacunas y dispositivos médicos. Esta es una de las principales conclusiones de un reciente informe de la OMS (Knowledge for Better Health: Strengthening Health Systems o Conocimientos para mejorar la salud: Fortalecimiento de los sistemas sanitarios) en el que se subraya la necesidad urgente de emprender investigaciones nuevas e innovadoras que reduzcan el desfase entre la teoría y la práctica, entre el conocimiento y la acción. Y hay ejemplos muy ilustrativos: desde que se descubrió que el zumo de limón previene el escorbuto y la resolución de la Armada Británica de garantizar el suministro de cítricos en sus barcos pasaron nada menos que 264 años. Pero incluso hoy, en los países más desarrollados, la evidencia científica tarda una década en trasladarse a la práctica clínica. En los menos desarrollados, a menudo ni llega. No llegan obviamente los medicamentos más caros, pero tampoco otras medidas más baratas y sencillas. Así, por ejemplo, es muy significativo que sólo entre el 2% y el 15% de los niños africanos durmieran en 2001 bajo una red antimosquitos. Las soluciones han de ser necesariamente locales, pero en cualquier caso hace falta investigar cuáles son las que mejor funcionan y cuáles son las mejores estrategias para aplicarlas. Además, como recuerda el BMJ del 13 de noviembre de 2004, los países ricos no tienen el patrimonio de las soluciones y también pueden y deben aprender de los países pobres.

La gran paradoja de la investigación biomédica es que está generando notables avances y a la vez provocando alarmantes desigualdades en la puesta en práctica de las medidas sanitarias, incluso de las más sencillas y baratas. El impulso decido de las investigaciones sobre sistemas de salud para gestionar mejor los recursos es, probablemente, el mejor camino para lograrlo.

Tabaquismo globalizado

Sobre el control del tabaco y sus agonistas y antagonistas

Todo intento serio de promoción de la salud pública mundial debería contemplar en un primerísimo lugar el control del tabaco. Hay sin duda cuestiones más acuciantes, como son la pobreza, el hambre y la hambruna educativa que asolan amplias regiones del mundo. Pero el problema del tabaquismo representa en la actualidad la principal causa de muerte evitable. El tabaco es ya la segunda causa de muerte a nivel mundial: mata cada año a cinco millones de personas, más o menos el mismo número de muertes que las causadas en conjunto por el sida, la malaria y todas las enfermedades de la infancia que tienen vacuna. Los datos médicos y sanitarios acumulados en cuatro décadas son de una contundencia aplastante a favor del control del tabaco, pero el entramado de intereses económicos en juego, las contradicciones de los gobiernos y la persistente promoción de un producto altamente adictivo hacen posible que el tabaquismo sea hoy una epidemia globalizada y difícil de controlar.

A finales de año entrará en vigor la principal herramienta para controlar esta epidemia que afecta a más de 1.000 millones de personas en todo el mundo, el Convenio Marco para el Control del Tabaco (Framework Convention on Tobacco Control), impulsado por la OMS y suscrito por una gran mayoría de países. Se trata de “una respuesta a una epidemia que principalmente se comunica a través de la publicidad y el patrocinio”, recuerda Armando Peruga, jefe del Equipo de Control del Tabaco y Salud de los Consumidores de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) en un lúcido artículo publicado en el número de septiembre de 2004 de Gaceta Sanitaria (GS).  En general, las medidas para el control del tabaco se orientan en tres frentes: limitación del consumo y venta de tabaco en lugares públicos, políticas de precios y fiscalidad desincentivadoras, y restricción de la publicidad y la comunicación pública de esta droga legal. En España, este último aspecto está sujeto a unas normas de autorregulación de la industria tabaquera, pero como se muestra en otro artículo del equipo de Marta Martín Llaguno, publicado en el mismo número de GS, la publicidad utiliza numerosas sutilezas creativas para bordear dichas normas, además de incumplirlas en algunos casos. Además, los mecanismos por los que se difunden mensajes favorables al consumo de tabaco son enormemente complejos y van más allá de la industria tabaquera, según se refleja en otro artículo de GS de lo más revelador: “¿Quién se opone a la prevención? Un mapa de los actores pro tabaco en España”. “Dada su falta de credibilidad social, la industria tabaquera crea en diversos países organizaciones pantalla para expresar sus posiciones ante los medios de comunicación, con frecuencia bajo la forma de asociaciones de fumadores por la tolerancia”, escriben los autores. Conocer todo este entramado de agonistas del tabaco es un primer y necesario paso para que las fuerzas antagonistas puedan hacer frente a esta epidemia globalizada.

Comida o medicina

Sobre el irresistible auge de los alimentos funcionales

A base de mirar con lupa los alimentos, la ciencia está consiguiendo que desde la humilde zanahoria hasta el primoroso aceite de oliva sean mucho más de lo que parecen. La vieja idea de que la comida es la mejor medicina está cada vez más refrendada por la ciencia, hasta el punto de que se está imponiendo en toda su literalidad. La irresistible penetración de los llamados alimentos funcionales nos descubre cada día que dentro de muchos productos naturales o elaborados se encuentra agazapada una eficaz medicina. Comemos, pues, no ya sólo para nutrirnos, sino para prevenir o tratar con este o aquel alimento las enfermedades que nos amenazan. Continue Reading →