Archive | septiembre, 2004

Corazones.info

Sobre la epidemia global de enfermedades cardiovasculares

En la cueva paleolítica de El Pindal, en Asturias, hay una pintura rupestre de hace unos 20.000 años que muestra un mamut o elefante con su corazón. Este “mamut enamorado”, como algunos lo han llamado, pasa por ser la primera representación visual del corazón de un ser vivo, aunque también hay quien dice que la mancha rojiza de forma acorazonada no es más que lo que queda de de la pintura que cubría todo el animal. En cualquier caso, los cazadores paleolíticos ya debían de saber que el corazón era el gran centro vital y que la supervivencia de animales y humanos dependía de su integridad y salud. Todos los conocimientos acumulados desde entonces sobre este fabuloso músculo que late 100.000 veces cada día siguen corroborando esa gran verdad, pues las enfermedades cardiovasculares son responsables de una de cada tres muertes en el mundo. Los datos actuales son indicativos de una gran epidemia, aunque su magnitud no es homogénea y el peso de los distintos factores de riesgo y otros indicadores epidemiológicos es muy desigual en las diferentes regiones del mundo. La reciente publicación del Atlas de cardiopatías y accidentes cerebrovasculares ha venido a mostrar hasta qué punto es esto cierto. Continue Reading →

Suicidiología

Sobre las peculiaridades del estudio de la conducta suicida

Si en España hay tantos suicidios como muertos en accidentes de tráfico, como dice Fernando Gonçalves, coordinador del Grupo de Salud Mental de la Sociedad Española de Medicina General, el problema merecería una atención semejante. Pero en el suicidio los tabúes pesan demasiado y faltan explicaciones. “La explicación del suicidio está en el Diccionario Oxford de inglés, no en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales [DSM]”. Esta afirmación, formulada hace una década en la revista Suicide and life-threatening behavior, de la American Association of Suicidology, tiene tanto de provocativo como de declaración de principios. El Oxford no dice ni más ni menos que el Diccionario de la Lengua Española, definiendo el suicidio como el acto de quitarse voluntariamente la vida. Lo importante aquí es que la etimología manda sobre la etiología y niega de paso que sea una condición patológica. “Por más que se biologice o medicalice el suicidio”, se añade en la revista, “no se podrá contradecir el hecho de que el impulso humano de autodestrucción es una decisión de la propia mente de poner fin a sus insoportables contenidos, al sufrimiento mental”. Quizá nunca se pueda aclarar las bases biológicas y/o mentales del suicidio, pero ésta “es una guerra filosófica, un combate sobre la esencia de la suicidiología y de la propia mente”. Hoy por hoy, sigue siendo un misterio, y prueba de ello es que en la misma revista se recogen 15 teorías diferentes del suicidio ilustradas con detalles de la vida de 30 famosos suicidas. Continue Reading →

La era open

Sobre el auge del libre acceso a la literatura científica

Lo que parecía un sueño hace unos años, está cada vez más cerca. El movimiento para el acceso gratuito a la literatura médica y científica a través de internet, el llamado “open movement”,  ha dado pasos de gigante en los últimos meses y ha recibido importantes respaldos oficiales en EE UU y el Reino Unido. Su revolucionario modelo de negocio -“el autor paga”, en vez del tradicional “el lector paga”- está demostrando ser no sólo razonable y necesario, sino además viable económicamente. La semilla plantada hace unos años por BioMed Central y más recientemente por la Public Library of Science (PLoS) está dando hermosos frutos de contrastada calidad científica. El modelo podría extenderse como la pólvora, por lo que los grandes editores tradicionales, encabezados por el gigantesco Reed Elsevier, que copa casi la tercera parte del mercado, están temblando. Todos están siguiendo muy de cerca de estos pioneros del “open movement” y sus últimos éxitos.

A pesar de haber iniciado su travesía contracorriente, las revistas de BioMed Central (más de un centenar) están cosechando unos factores de impacto comparables a sus homólogas del modelo de suscripción. Así, con los datos de 2003 del Journal Citation Reports del ISI, la revista abierta Arthritis Research & Therapy se ha catapultado al segundo lugar en el campo de la reumatología en sólo seis años de vida; en su primer año, Respiratory Research se ha situado también la segunda por factor de impacto en el área de respiratorio; Critical Care se ha aupado al sexto lugar en su campo, y otras muchas se están colocando a la altura de las más reputadas revistas que se publican según el modelo tradicional.  El argumento de que las publicaciones de acceso libre no podrían alcanzar niveles de difusión y reconocimiento similares a los de suscripción se ha caído por los suelos. La revista PLoS Biology, aunque todavía no tiene datos del ISI, pues se lanzó en octubre de 2003, aspira a competir directamente con Nature, Science y Cell. Y el 19 de octubre de 2004 saldrá el primer número de PLoS Medicine, para disputarse los mejores artículos con las grandes revistas médicas.

En el modelo “open” son los autores de la investigación quienes corren con los gastos de su publicación (PLoS cobra 1.200 euros por artículo). Esto significa un pequeño incremento de los costes de la investigación, pero se sustenta en el poderoso argumento de que si es la sociedad quien sufraga en buena medida la investigación es razonable que tenga acceso libre a sus resultados. En EE UU, el Congreso está pendiente de aprobar una recomendación para que a partir de 2005 toda la investigación de los National Institutes of Health (NIH) sea de libre acceso a través de BioMed Central, mientras en el Reino Unido el Science and Technology Committee ha recomendado en un informe al Parlamento que toda la investigación pública sea de acceso público. El “open movement” está, sin duda, feliz por estos logros. Y por los que se avecinan.

Leer o no leer

Sobre la necesidad de entender la literatura biomédica

El sanctasantórum de la medicina, la caja fuerte del conocimiento sobre la salud y la enfermedad, se ha abierto definitivamente a todo el mundo. Por primera vez desde la invención de la medicina, el acceso masivo del público no especializado a la literatura médica es ya una posibilidad real. La presencia creciente de artículos científicos de libre acceso en internet es una realidad que permite a pacientes y médicos consultar las fuentes originales del conocimiento biomédico. Pero este hecho ha dejado descolocados tanto a unos como a otros. Algunos médicos creen que han perdido poder o no saben muy bien como relacionarse con los llamados pacientes informados. Por su parte, muchos enfermos pueden mirar con miedo, recelo o excesivo respeto una literatura médica cuajada de números, cálculos estadísticos y palabras técnicas. Sin duda esto es así, pues la investigación biomédica, que es el pilar maestro de toda la medicina, tiene un componente técnico y estadístico importante que precisa ciertos conocimientos básicos para ser comprendido. Ahora que la literatura biomédica está al alcance de todos, la cuestión que se les plantea a muchos es si deben o necesitan leer los artículos de investigación. La cuestión es pues, leer o no leer, aunque quizá antes hay que plantearse por dónde empezar.

La ruta más fácil y a la vez más transitada hacia las fuentes del conocimiento biomédico empieza con los artículos periodísticos de información y divulgación. Casi todos los medios de comunicación ofrecen contenidos de salud y medicina y, a juzgar por las encuestas, estos asuntos figuran entre los que más interés y aceptación suscitan entre el público. El material periodístico es muy diverso en calidad y rigor, pero en ningún caso debe ser confundido con  la investigación original. Mucha gente cree que todo lo que lee en la prensa o ve por televisión es verdad, cuando lo cierto es que abundan las tergiversaciones y contradicciones. Ni siquiera los artículos publicados en las mejores revistas científicas están libres de errores, y sus contradicciones y controversias son la sal y la pimienta de la investigación científica. En este contexto, uno de los primeros deberes de los informadores de salud –y aquí los médicos pueden también darse por aludidos– es ofrecer las claves y pistas necesarias para habérselas con las contradicciones y complejidades inherentes a la actividad científica, y ayudar de este modo a formar lectores y receptores críticos de la información biomédica.

Para el público general, la comprensión de la investigación biomédica es no sólo un atractivo reto intelectual, comparable a cualquier otro en los demás campos de la cultura, sino que es también la mejor garantía de poder desarrollar una opinión propia sobre algunos de los complejos desafíos que ya ha empezado a plantear la moderna medicina, y llegar a ser consumidores exigentes de ese peculiar producto de consumo en el que, para bien y para mal, se ha convertido la salud.