Bisturí de palo

Sobre la salud y la esperanza de vida de los médicos

Si la casa del arquitecto no suele ser una casa normal, ¿por qué habría de serlo la salud del médico? Los prejuicios sobre el supuesto plus de salud que confiere una bata blanca al que la lleva parecen tan de sentido común como irracionales y difíciles de desmontar. Que si los médicos reciben mejores cuidados cuando caen enfermos, que si están a la última en cuanto a chequeos y prevención… Toda la retahíla de supuestos beneficios que confiere el estatus de médico se apoya en la máxima de que el conocimiento da poder: saber curar a otros es poder curarse mejor a uno mismo. Pero lo que dice el sentido común lo desmiente a menudo la experiencia. Ya se sabe que “en casa del herrero, cuchillo de palo”, o como dicen los americanos “el zapatero no tiene zapatos”. Si se pregunta a los médicos, la mayoría desconoce si la salud del colectivo es mejor o peor que la de la población no médica. Algunos creen incluso que es peor, que ser médico es un problema, que tienen más estrés, que se cuidan menos, y hasta que tienden a morir antes.

El asunto dista mucho de haber sido bien estudiado, pero desde todos los rincones del mundo llegan señales de alarma sobre la salud de los médicos. En España, sin ir más lejos, hay datos preocupantes: un 49,2% no tiene médico de cabecera, un 48% carece de historia clínica, un 81,6% se automedica, y sólo un 47,7% de los que acuden a la consulta de otro médico siguen sus indicaciones. En Australia, por irse ya bien lejos, el 57% de los médicos de familia no tiene médico de cabecera, un 55% hace poco ejercicio físico (frente al 38% de la población), un 30% ha tomado somníferos y un 6% opiáceos… En fin, son ya numerosos los estudios sobre trastornos emocionales, estrés elevado, problemas de alcohol y drogas, etc., que no indican precisamente que la salud de los médicos sea mejor. En Estados Unidos, el estudio de las causas de muerte de los médicos muestra que, de la primera a la décima, mueren exactamente de lo mismo y con similar frecuencia que los demás mortales: enfermedad cardiaca, cáncer, ictus… Con todo, el análisis de los datos del Nacional Occupational Mortality System, entre 1984 y 1995, indica que los médicos (varones) tienden a ser algo más longevos que otros hombres de similar nivel socioeconómico y profesional. Así, la edad media de fallecimiento es de 73 años para los médicos, de 72,3 años para los abogados y de 70,4 para otros profesionales, mientras que la edad media de muerte del conjunto de los hombres de Estados Unidos es de 70,3 años, aunque el riesgo de suicidio es un 70% más alto en los médicos que en el resto de la población.

El médico es un paciente difícil y sus condiciones de trabajo presentan problemas especiales que no están bien resueltos. Pero sin entrar en detalles, la salud del médico no tiene nada de especial, salvo una cosa: los pacientes confían más en aquellos médicos que parecen más saludables. Y esto, como ya revela algún estudio, se traduce en mejores resultados para el enfermo.

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Sobre la salud y la esperanza de vida de los médicos

Si la casa del arquitecto no suele ser una casa normal, ¿por qué habría de serlo la salud del médico? Los prejuicios sobre el supuesto plus de salud que confiere una bata blanca al que la lleva parecen tan de sentido común como irracionales y difíciles de desmontar. Que si los médicos reciben mejores cuidados cuando caen enfermos, que si están a la última en cuanto a chequeos y prevención… Toda la retahíla de supuestos beneficios que confiere el estatus de médico se apoya en la máxima de que el conocimiento da poder: saber curar a otros es poder curarse mejor a uno mismo. Pero lo que dice el sentido común lo desmiente a menudo la experiencia. Ya se sabe que “en casa del herrero, cuchillo de palo”, o como dicen los americanos “el zapatero no tiene zapatos”. Si se pregunta a los médicos, la mayoría desconoce si la salud del colectivo es mejor o peor que la de la población no médica. Algunos creen incluso que es peor, que ser médico es un problema, que tienen más estrés, que se cuidan menos, y hasta que tienden a morir antes.

El asunto dista mucho de haber sido bien estudiado, pero desde todos los rincones del mundo llegan señales de alarma sobre la salud de los médicos. En España, sin ir más lejos, hay datos preocupantes: un 49,2% no tiene médico de cabecera, un 48% carece de historia clínica, un 81,6% se automedica, y sólo un 47,7% de los que acuden a la consulta de otro médico siguen sus indicaciones. En Australia, por irse ya bien lejos, el 57% de los médicos de familia no tiene médico de cabecera, un 55% hace poco ejercicio físico (frente al 38% de la población), un 30% ha tomado somníferos y un 6% opiáceos… En fin, son ya numerosos los estudios sobre trastornos emocionales, estrés elevado, problemas de alcohol y drogas, etc., que no indican precisamente que la salud de los médicos sea mejor. En Estados Unidos, el estudio de las causas de muerte de los médicos muestra que, de la primera a la décima, mueren exactamente de lo mismo y con similar frecuencia que los demás mortales: enfermedad cardiaca, cáncer, ictus… Con todo, el análisis de los datos del Nacional Occupational Mortality System, entre 1984 y 1995, indica que los médicos (varones) tienden a ser algo más longevos que otros hombres de similar nivel socioeconómico y profesional. Así, la edad media de fallecimiento es de 73 años para los médicos, de 72,3 años para los abogados y de 70,4 para otros profesionales, mientras que la edad media de muerte del conjunto de los hombres de Estados Unidos es de 70,3 años, aunque el riesgo de suicidio es un 70% más alto en los médicos que en el resto de la población.

El médico es un paciente difícil y sus condiciones de trabajo presentan problemas especiales que no están bien resueltos. Pero sin entrar en detalles, la salud del médico no tiene nada de especial, salvo una cosa: los pacientes confían más en aquellos médicos que parecen más saludables. Y esto, como ya revela algún estudio, se traduce en mejores resultados para el enfermo.

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