Archive | julio, 2003

El factor belleza

Sobre el estudio de la percepción del atractivo facial

La investigación científica de la belleza, o si se quiere, de cómo el cerebro humano la percibe e interpreta, dista mucho de haber llegado a ninguna conclusión. Pero uno de los investigadores más tenaces en este campo es David Parrett, director del Perception Laboratory de la University of St Andrews (Escocia). Mediante la manipulación digital de imágenes (Parrett es el autor de la famosa conversión gradual del rostro de Margaret Thatcher en el de John Major) y tras realizar numerosos experimentos de percepción con voluntarios, Parrett se ha convertido en una autoridad en el estudio de las claves del atractivo facial, la asimetría perceptiva, la anticipación del envejecimiento facial y otros temas que caminan sobre el doble filo de la belleza y la percepción visual. Sus artículos en Nature han tenido amplio eco mediático; unas veces, llevando la contraria al sentido común y, otras, corroborándolo, pero siempre tocando cuestiones tan apasionantes como qué es lo que le da el género a una cara, la alteración de la percepción de las caras en los alcohólicos, los cambios en las preferencias del rostro con el ciclo menstrual, la relación entre el rostro ideal y el de los propios padres o, por resumir, qué es el enigmático factor belleza. Una de las cosas que insinúan los experimentos de Parrett es que las caras de los propios padres naturales o adoptivos configuran las características básicas del rostro ideal. Esto vendría a dar una pizca de razón a Freud a la vez que explicaría esa extraña impresión que se tiene cuando se trata de buscar parecido a la cara de un hijo con la del padre o la madre y se percata entonces uno de que no sólo se parece a ambos sino que, sorprendentemente, son los padres los que se parecen entre sí.

Quien quiera jugar y sorprenderse con las transformaciones del rostro, incluso del propio, puede visitar el Perception Laboratory’s Face Transformer. Y si alguien quiere participar en los experimentos de Parrett tendrá que contestar a cuestiones sobre: a) el propio atractivo personal; b) la pareja ideal: edad preferida, rango de edades aceptables, sexo, atractivo facial, masculinidad/feminidad de la cara; c) la madre: edad, apariencia en la infancia, implicación en la educación…; d) el padre; e) la pareja actual: duración de la relación, grado de felicidad, compromiso de la relación, edad de la pareja, atractivo de su cara…, y f de finalmente) elegir entre una larga lista de parejas de rostros los que resultan más atractivos. Por cierto, la cara de Perrett es la única del personal de su laboratorio que no aparece por ningún lado. Pero quien tenga curiosidad puede verlo en internet cuando recibió el premio Golden Brain de la Minerva Foundation. La imagen de Perrett en camiseta sin mangas entre tanto insigne y trajeado científico permite constatar que el hábito no hace al monje ni al científico. En cuanto a la cara, ese es ya otro cantar, pues como sugiere Perrett contiene claves hasta para hacer juicios sociales de una persona.

Medicina sui géneris

Sobre la aparente integración de la medicina homeopática

Hay que estar ciego y sordo para no reconocer el progresivo avance de la homeopatía y hasta su relativa integración en la medicina convencional. Sin alcanzar todavía en España el predicamento que tiene en países como Alemania, Reino Unido (con el patrocinio de la familia real) y Argentina,  o en la próxima Francia, donde los tratamientos homeopáticos están incluidos en la seguridad social, y sin tener tampoco la oficialidad que otorgan las cátedras universitarias que hay en diversos países europeos, en el nuestro la homeopatía se ha hecho un hueco importante en los últimos años. La existencia de masteres universitarios, la integración de los médicos homeópatas en los colegios de médicos, la venta de productos homeopáticos en muchas farmacias, los varios miles de profesionales que atienden consultas de homeopatía en España y la legión de pacientes tratados cada año son datos que no pueden ignorarse. Y, efectivamente, reconociendo su enorme arraigo, la medicina ortodoxa ha decidido no seguir ignorando a la homeopatía (entre otras medicinas alternativas) y se ha puesto manos a la obra de integración. Hay que destacar en este sentido, la creación en 1999 del National Center for Complementary and Alternative Medicine (NCCAM) en EE UU y el creciente espacio dedicado en las principales revistas médicas, desde el JAMA al BMJ, o en Medicina Clínica, donde el médico de familia Francesc Borrel-Carrió acaba de publicar el artículo “Homeopatía: creencias, praxis, pruebas“, que es un excelente ejemplo de aproximación y comprensión desde la medicina científica. Continue Reading →

Ratones y hadas

Sobre los dientes de leche como material de investigación

El Hada de los Dientes, el equivalente británico de nuestro ratoncito Pérez, existe en la vida real y tiene nombre propio. Se llama Kaija Turvey y obsequia con un pequeño regalo a todos los niños que le envían sus primeros dientes recién caídos. En total se han recibido casi 12.000 dientes de leche en las oficinas del Avon Longitudinal Study of Parents and Children (ALSPAC) de la Bristol University, donde trabaja esta Hada de los Dientes como jefa del equipo de recepción. Este estudio británico, conocido también como “niños de los noventa”, lleva una década tratando de abrir nuevas vías de investigación para mejorar la salud y el desarrollo de los niños. Una de ellas son los dientes temporales. La idea es la siguiente: los dos incisivos centrales superiores de leche (los primeros en caer, hacia los seis años), que empiezan a calcificarse entre las 14 y las 19 semanas de vida intrauterina y acaban de mineralizarse entre la octava y la duodécima semanas tras el nacimiento, almacenan en su esmalte dental un detallado registro de la exposición del feto y el recién nacido a todo tipo de oligoelementos y minerales. El análisis de estos dientes se revela, pues, como una prometedora vía de estudio de la influencia de la alimentación y la exposición ambiental durante las primeras etapas del desarrollo en la aparición de diversas enfermedades.

The National Asthma Campaign del Reino Unido, por ejemplo, esta analizando el contenido mineral de 250 dientes de leche de niños con asma y de otros 250 dientes de leche de niños sin asma. A partir de evidencias preliminares, la hipótesis que se quiere investigar es si los niños expuestos a elevados niveles de selenio en el útero tienen un menor riesgo de asma en la primera infancia, y si los expuestos a elevadas concentraciones de hierro tienen un menor riesgo de padecer después asma y eczema. Otro ejemplo: en el último número del Journal of the American Medical Association (JAMA) se publica un artículo, cuyo primer firmante es el pediatra español Óscar García-Algar, del Hospital del Mar de Barcelona, que propone el estudio mineral de los dientes de leche como método para averiguar la cantidad de humo de tabaco al que ha estado expuesto un niño y su relación con la aparición de enfermedades respiratorias. Muchas otras dolencias crónicas que se originan en la etapa fetal podrían ser estudiadas del mismo modo. Pero hay más. El 13 de mayo de 2003, la revista Proceedings of the National Academy of Sciences de EE UU publicó el hallazgo de que la pulpa de los dientes de leche contienen células madre que pueden dar lugar a tejido óseo y nervioso, ampliando así la lista de tejidos no embrionarios que contienen células madre para posibles usos terapéuticos. Estas células madre de los dientes de leche tienen además mucha mayor capacidad de desarrollarse y multiplicarse que las que se habían descubierto previamente en la pulpa de los dientes definitivos. Con todas estas nuevas posibilidades de los dientes de leche, habrá que ver si no empiezan a proliferar ratones y hadas por todas partes.

La “polipíldora”

Sobre el debate de la medicalización y sus ramificaciones

El reguero de informaciones, análisis, elogios, descalificaciones y comentarios varios que ha generado la propuesta de la llamada “polipíldora” ha sido tan florido que merece, a su vez, algún comentario. No es muy habitual que un artículo médico (teórico, por más señas) provoque tal cantidad de reacciones, pero lo cierto es que cardiólogos, epidemiólogos, preventivistas, autoridades sanitarias y médicos de distinto perfil han salido a la palestra mediática globalizada para opinar sobre esta singular aportación realizada en el British Medical Journal (BMJ) del pasado 28 de junio de 2002. Por si alguien ha llegado tarde al debate, aquí va un resumen: tras revisar más de 750 ensayos clínicos, metaanálisis y estudios de cohorte, dos profesores de epidemiología de la Universidad de Londres han llegado a la conclusión de que la administración diaria a todos los mayores de 55 años, con independencia de su nivel de riesgo cardiovascular, de una pastilla con seis ingredientes (aspirina, una estatina, ácido fólico y tres fármacos antihipertensivos) reduciría el riesgo de infarto de miocardio e ictus en más de un 80%. Esta conclusión es, claro está, de alto impacto en la salud pública, pero la “polipíldora” en cuestión no es más que un desarrollo teórico, una formulación aproximada, una idea que está pendiente de desarrollo farmacéutico y de pasar los preceptivos ensayos clínicos para probar su seguridad y eficacia.

El eco y las reacciones que ha suscitado la propuesta se derivan, por un lado, de su enorme potencial beneficio para la salud, pero por otro de la osadía de un planteamiento que tiene dista mucho de ser realidad. Buena parte de las críticas aluden a la prematuridad de la propuesta y a la ausencia de pruebas científicas sólidas, puesto que no se han realizado ensayos clínicos. No pocos clínicos piensan que esto son disparates de médicos que no han visto nunca un enfermo. Algunos creen que el BMJ y su director, Richard Smith, han lapidado parte de su merecido prestigio al defender la propuesta, aunque no pocos han elogiado también su brillantez teórica. Sobre estos y otros aspectos, los lectores del BMJ han hecho numerosos comentarios (“rapid responses”) que aparecen en su sede de internet. A muchos les ha sorprendido que esta estrategia medicalizadora tan radical haya sido lanzada precisamente en una revista que es considerada la abanderada de la antimedicalización.  Pero lo cierto es que el BMJ ha sabido suscitar ejemplarmente el debate de la medicalización y sus múltiples ramificaciones, y que toda esta avalancha de análisis y opiniones es fructífera para la medicina, los médicos y los pacientes. Si la misión del BMJ, como afirma Richard Smith, es publicar material riguroso, accesible y ameno, y estar en la vanguardia del debate internacional sobre la salud, hay que reconocer que el objetivo se ha cumplido con creces. Uno de los grandes retos actuales es el de la medicalización de la sociedad, y la idea “polipíldora” ha contribuido a generar opiniones informadas ante lo que pueda venir.