Archive | abril, 2002

Desde Honolulu

Sobre la carga ideológica en medicina y su difusión global

Aloha, la palabra que emplean los hawaianos como saludo y bienvenida, es mucho más que un simple hola. Significa también buena suerte o salud, y hay quien la disecciona en su sentido más profundo como “la alegría (aho) de compartir (alo) energía vital (ha) en el presente (alo)”. Aloha es a buen seguro lo primero que aprenden los turistas que se llegan a la linde del trópico de Cáncer en mitad del Pacífico y ponen pie en alguna de las seis islas del archipiélago hawaiano. Muchos son congresistas llegados de todos los rincones del mundo para asistir a alguna de las innumerables reuniones que alberga el grandioso Hawaii Convention Center, en Honolulu, “el sitio ideal para reuniones y convenciones con un enfoque global”, según se proclama en su sitio web tras el preceptivo “welcome / aloha”. Y claro, como era previsible y demuestra el calendario de reuniones,  la variante congresista médico es una de las más abundantes. Por eso no nos sorprende que la American Heart Association (AHA) haya celebrado allí, entre el 24 y 26 de abril, su Asia Pacific Scientific Forum con 1.500 participantes. Las sorpresas suelen llegar con el destilado neuronal que se difunde en este tipo de eventos.  Y este de Hawai, que la propia AHA nos ilustra con una estampa de cielo azul, agua cristalina y palmera recostada desafiando la ley de la gravedad,  no podemos decir que haya defraudado.

Puede que no tenga mucho que ver con el lema de la reunión, “The Genomic Revolution”, pero parece que una de las cosas de mayor interés que se han dicho es esta: “Los roles no tradicionales pueden aumentar el riesgo de enfermedad coronaria y muerte”, según destaca la propia AHA. De modo que el pan que nos trae bajo el brazo la revolución genómica no es sino una vuelta a los roles sexuales tradicionales. Habrá quien piense que estas comunicaciones no suelen ir más allá de las cuatro paredes del congreso médico; otros, más maliciosos o mejor informados, pueden pensar que estos estudios son precisamente los que tienen mayor difusión. En este caso, los medios de comunicación dan la razón a los segundos. En un rápido repaso a los voceros de la aldea global nos encontramos con que la agencia Reuters proclama en titulares que “los maridos que trabajan en casa y las mujeres ejecutivas ponen en riesgo su salud” y lo respalda con la afirmación de la autora del estudio de que “los roles no tradicionales pueden no ser saludables”. Mientras Yahoo Health, MedLine Plus y otros muchos medios difunden la noticia de Reuters, la CNN advierte que los “padres que están en casa se enfrentan a riesgos para su salud” y la BBC desvela los riesgos cardiacos de los padres dedicados a las labores de la casa. La carga ideológica del estudio en cuestión es tan patente como su endeblez científica. Pero lo más preocupante es la ceremonia de la confusión que crean las autoridades sanitarias y los medios de comunicación poco serios que divulgan estudios como este. Así están las cosas, aloha.

Menos es más

Sobre la jibarización de los contenidos impresos y su expansión online

El British Medical Journal (BMJ) ha abierto hace unos días un canal propio en YouTube. Este BMJmedia, como se denomina el canal, contiene de momento apenas una decena de vídeos creados expresamente para la revista, pero promete ser un complemento importante de la información médica: veremos cuántos vídeos hay a finales de año y la aceptación que han tenido. En cualquier caso, esta sinergia del BMJ con YouTube es un buen exponente de que la publicación británica sigue apostando fuerte por la aprovechar todos los recursos tecnológicos disponibles para mejorar la comunicación de la ciencia y mantenerse en vanguardia entre las revistas médicas generales.
Si hace una década el BMJ empezó a trasladar los artículos de investigación en toda su extensión a su edición electrónica, reservando una versión algo más corta para su edición en papel, ahora ha dado un paso más al inaugurar una nueva modalidad de difusión abreviada para la revista impresa. La denominan “BMJ pico” (pico es el prefijo de algo tan pequeño como 10-12 en el Sistema Internacional de unidades) y viene a ser una especie de resumen detallado del artículo, en el que se informa de forma condensada sobre la pregunta que se investiga, el diseño del estudio, los resultados y otros detalles. Los propios autores serán quienes escribirán este resumen para la edición impresa, pudiendo publicar online un artículo todo lo extenso que sea preciso. Los editores del BMJ pretenden con esta medida publicar muchos más artículos de investigación en la revista impresa, acortar los tiempos de publicación, ahorrar papel y recursos, y ofrecer en internet los artículos en toda su extensión y con todo tipo de complementos multimedia: videos, podcasts, etc. Saben que los lectores de la revista en papel se centran no tanto en los papers como en todas las demás secciones, y asumen que los investigadores ya están maduros y habituados a buscar y leer los papers en internet.
El pasado 29 de diciembre, el BMJ inauguró estas nuevas vías de difundir la investigación mostrando como ejemplo un ensayo clínico sobre la técnica Alexander para el dolor de espalda (doi:10.1136/bmj.a2656), del que ofrecía una muestra del modelo pico junto a otro tipo de resumen más periodístico, denominado shortcut, elaborado por el propio BMJ, además un video (accesible también en YouTube) y un podcast. Los lectores y autores tienen ahora la palabra para decidir si prefieren el modelo pico o el modelo shortcut (o los dos) para la edición impresa. En cualquier caso, el BMJ parece decidido a demostrarnos que la mejor difusión de la investigación médica ya sólo puede hacerse en internet y que la revista en papel sigue teniendo sentido. Quizá porque sus lectores conforman un grupo bien definido, o quizá por otras razones, las revistas médicas parecen adaptarse mucho mejor a los nuevos tiempos tecnológicos que los diarios de información general. El BMJ es un buen ejemplo de que ofrecer menos en papel es ofrecer más en Internet.

Huevos

Sobre las vueltas de los ovoides y otras ovodisquisiciones

Podemos imaginar un tiempo en que todo el mundo sabía lo que era un huevo. Pero ese tiempo ya se fue, y ahora los ciudadanos posmodernos se plantean si es un alimento peligroso, preguntan cuántos pueden comer y hasta llegan a dudar si esas formas ovoideas, con fecha de caducidad en la superficie y que denominan huevos realmente son lo mismo que comían despreocupadamente sus antepasados (“un huevo es poco almuerzo; dos algo son; tres almuerzo es y cuatro ya es demasiado”, se decía). Con las gallinas transgénicas, los huevos bajos en colesterol y la reaparición de los de corral, los huevos experimentales de empresas como Avigenics (véase Nature Biotechnology de abril de 2002) y la maldición del colesterol, entre otras aventuras y desventuras, los huevos ya sólo son lo que eran en los vestuarios de fútbol, el Congreso y otros recintos cerrados. El Insituto de Estudios del Huevo (IEH), que debe de saber del tema, los llama “verdadera maravilla bioquímica pluridimensional”. Continue Reading →

Médicos tristes

Sobre el presente y el porvenir del descontento profesional

Un fragmento del rostro cejijunto de un hombre con la mirada reconcentrada y, debajo, un escueto titular con las palabras “Unhappy doctors” ilustran la portada del primer número de abril del British Medical Journal (BMJ). No vemos las curvas de las comisuras de los labios, tan reveladoras del estado emocional, pero en cualquier caso la dureza de la mirada y la tensión del músculo piramidal de la nariz y de los orbiculares nos dicen a las claras que las cosas no van bien. No podemos apreciar, pues, si los suspiros se escapan de una boca “que ha perdido la risa, que ha perdido el color”, como la de la princesa de Rubén Darío. Pero, si nos fiamos de algunos indicadores y estudios, el descontento de la profesión médica con sus condiciones y circunstancias laborales es un fenómeno de alcance mundial. El médico está triste…¿Qué tendrá el médico?

La sobrecarga de trabajo y el sueldo, con ser dos factores importantes, no ofrecen una explicación completa del problema, según uno de los estudios que publica el BMJ, en el que se analizan las causas y posibles soluciones al descontento profesional. Como resultado de unos “workshops” realizados con médicos británicos y estadounidenses, un factor clave parece ser la ruptura del pacto que ha existido tradicionalmente entre los profesionales, los empleadores, los pacientes y la sociedad en general. En este acuerdo tácito de derechos y responsabilidades quedaba claro cuál era el papel del médico y cuál el de la sociedad para con sus sanadores. Pero la sociedad ya no es la que era ni los médicos tampoco. Y este es el problema: muchos se encuentran con una profesión que no es la que solía ni la que ellos esperaban.

Hay más, por supuesto. Sin ir más lejos, la globalización de la información de salud a través de internet y el libre acceso a las fuentes de la sabiduría es un aspecto a tener en cuenta. Pero parece evidente que el cambio está siendo quizá demasiado rápido y todavía no se ha producido la necesaria revisión y actualización de ese “pacto psicológico” entre los médicos y la sociedad, como se razona en un artículo de Ham y Alberti en el BMJ sobre el National Health Service (NHS), aunque seguramente aplicable en otros ámbitos. Hay indicios de que algo se está moviendo para solventar el actual descontento, incluyendo el análisis de las causas y la reformulación de los deberes y derechos de médicos y pacientes para un nuevo marco de relaciones.

Mientras llega y no llega, podemos leer en otro estudio del BMJ que los pacientes, al menos en atención primaria, prefieren a los enfermeros/as antes que a los médicos/as y se sienten más satisfechos cuando son atendidos por los primeros. Las razones son bien simples: los enfermeros/as les dedican más tiempo, investigan más en sus problemas de salud, hacen mejores informes y, en fin, demuestran mejores habilidades comunicativas. Ciertamente, los médicos han soportado años duros, pero nadie sabe si lo peor ya ha pasado.

Saber comunicar

Sobre las destrezas comunicativa de los oncólogos

“Un buen especialista sin capacidad de comunicación no es nada”. Lo decía tajante el oncólogo Josep Baselga en un revelador y emocionante artículo de Juan José Millás en El País Semanal del 27 de enero (En la trinchera contra el cáncer). El formato de la entrevista-convivencia de jornada completa da mucho juego porque permite retratar al personaje en todo su esplendor y decadencia circadianas (desgraciadamente la entrevista no prosigue mientras duerme el personaje): desde que empieza a rodar por la mañana, impulsado por los picos de cortisol y catecolaminas; mientras se encuentra en su apogeo físico, psicológico e intelectual en las primeras horas de la tarde, con muchas de las variables fisiológicas y capacidades en su acrofase,  y, en fin, cuando el día y la jornada laboral concluyen y la melatonina y otros factores entran en escena. Es entonces cuando Baselga le confesó a Millás: “La comunicación con el paciente es fundamental. Debes conocer sus gustos, sus inclinaciones. Has visto que pregunto cuántos hijos tienen, si han hablado con ellos, si están al tanto del problema. A veces tenemos buenos médicos, pero malos comunicadores. Saber comunicar con el paciente, explicarle lo que tiene y asegurarle que estás involucrado en su cura es fundamental. Hay médicos que, para defenderse de las emociones, se convierten en una pared, cuando en esta enfermedad el factor emocional es importantísimo”. Continue Reading →