Archive | marzo, 2002

Nubes y manchas

Sobre el crédito y la validez de las pruebas proyectivas

Si las nubes estuvieran quietas, el cielo sería distinto. Al mirar una nube, también podemos ver un perro y al poco rato quizá una flor. “Me recuerda a mí un murciélago, con las alas desplegadas, volando; o, mejor, en reposo, pegado a un cartón donde está clavado. Este es el hocico y éstas las patas. Me recuerda algo siniestro, que ha sido habitante de habitaciones oscuras, en donde pasaba veloz cerca del rostro de alguien asustado, pensando en los vampiros; alguien, quizá un niño”. Este comentario no surge a propósito del cielo, sino de la lámina V del test de las manchas de Rorschach. Se recoge en el tomo primero de “Introducción a la psiquiatría” de Carlos Castilla del Pino (Alianza, 1979), en cuya portada aparece una sugerente mancha coloreada. ¿Flor o mariposa? Los créditos del libro no dan fe, por lo que muchos lectores pueden haber creído que era una mancha de Rorschach. Pero no, las manchas auténticas de la más popular de las pruebas proyectivas no se pueden publicar (eso sí, pueden comprarse en internet en la International Rorschach Society a 75 dólares). Las manchas creadas por este psiquiatra suizo, que murió a los 37 años por una apendicitis hará ahora 80 años, son sólo 10, están numeradas y son simétricas; cinco tienen algún color y las otras cinco son negras y grises. Si cada año cientos de miles de personas las observan por arriba y por abajo, y le dicen a un psicólogo o psiquiatra lo que ven en ellas es porque se supone que las respuestas reflejan su personalidad y su salud mental.

La popularidad de la prueba llevó al artista pop Andy Warhol a crear en 1984 sus propias Rosrchach Paintings, pero su prestigio ya ha declinado hace décadas. Los graves reparos que se le ponen a la prueba se refieren a su validez, es decir a la idoneidad del método para medir lo que pretende (su capacidad de descubrir la mayoría de los trastornos psiquiátricos es escasa, excepto para la esquizofrenia y algún otro trastorno del pensamiento), y a su fiabilidad, pues se han encontrado enormes diferencias según quien valore las respuestas. Otras pruebas proyectivas, como la de completar frases, han salido algo mejor paradas cuando han sido sometidas al escrutinio investigador, pero en general los test proyectivos, desde el de dibujar una persona para niños al test de apercepción de temas (TAT) para construir historias a partir de láminas ambiguas, no superan un estudio riguroso sobre su validez y fiabilidad. Sin duda estas pruebas proyectan la personalidad del sujeto de alguna manera. Pero decir “de alguna manera” no es gran cosa, porque todo ocurre de alguna manera. La cuestión es explicar cómo se proyecta y qué conclusiones válidas se pueden extraer. Interpretar es fácil; todos lo hacemos a diario: una sonrisa, un silencio, este gesto grave, aquel olvido. Pero también todos los días nos equivocamos. El problema es cuando a las interpretaciones inciertas se les da valor clínico y esto afecta gravemente al sujeto que llamamos paciente.

El pintor y la migraña

Sobre la ceremonia de la confusión entre arte y enfermedad

Hasta la celebración del Headache World 2000 en Londres, “las migrañas de Picasso” era un campo de estudio inexplorado. La originalidad principia por la elección del campo de estudio, y por eso el neurólogo holandés Michel Ferrari acaparó los titulares de prensa del congreso tras su esperada presentación sobre las supuestas migrañas de Picasso, el 7 de septiembre de 2000. Ferrari dijo que el cuadro “La mujer que llora” le recordaba las imágenes que ven algunos pacientes migrañosos cuando experimentan un aura. “¿Tuvo el pintor auras migrañosas?”, se preguntó retóricamente ante 2.500 expectantes colegas y pacientes que le escuchaban. Los biógrafos del pintor nunca habían comentado que tuviera jaquecas; en el Migraine Information Center del JAMA no conocen a ningún paciente llamado Picasso, y tampoco el neurólogo y humanista Oliver Sacks, autor del heterodoxo libro Migraña, menciona al pintor. Pero a Ferrari le bastó forzar la asociación migraña-Picasso para llamar la atención de la prensa, hacerse un hueco en la revista Cephalalgia de octubre de 2000 con su artículo Migraine aura, illusory vertical splitting, and Picasso y recibir de paso las chanzas de comentaristas de todo signo que se cebaron sobre la idea un tanto simplificada que trascendió del congreso: Picasso pintaba cubista porque tenía jaquecas. Continue Reading →

Pop web

Sobre la popularidad y la calidad de los sitios médicos

Por si alguien no se había enterado de qué revista médica está más y mejor volcada en internet y a la vez marcando las pautas, abriendo nuevos caminos y animando el debate médico sobre la salud electrónica, su último número especial deja las cosas bien claras. El British Medical Journal (BMJ), en su edición del 9 de marzo (Evaluating the quality of health information on the internet), casi monográfica, ofrece un marco y unos elementos de reflexión de lo más sugerentes para repensar la calidad de la información médica en internet, un asunto debatido desde los orígenes mismos de la red y que en otros foros resulta inconsistente y gastado.

Como se dice en uno de los editoriales, estamos más que convencidos de que “la calidad de la información de la red varía tanto como en otros medios”. ¿Y por qué iba a ser de otra manera? Por eso, igual que con la televisión o la prensa, cabe sospechar que no es oro todo lo que reluce; que una cosa es la credibilidad y otra su apariencia; que la calidad y la popularidad no van necesariamente de la mano; que la opinión de los usuarios sobre qué consideran una información de calidad no se ve refrendada luego con su comportamiento como internautas y los sitios que frecuentan; y que, en fin, la calidad general de la información de salud en la red puede haber mejorado en los últimos años, pero no es nada fácil medirla y mucho menos regularla. Todas estas sospechas y algunas otras cuestiones más son analizadas en distintos estudios que se publican en este número del BMJ, ofreciendo datos y perspectivas nuevas para valorar y mejorar la e-health. Así, por ejemplo, en un artículo en el que se revisan los 200 sitios sobre cáncer más populares (los obtenidos con Google, que prima el criterio de “link popularity” más que el de “click popularity”), se constata que la popularidad de los sitios médicos depende más del tipo de contendidos que de la calidad y precisión de la información; los sitios más populares son los que tratan, principalmente, del cáncer de mama, de los resultados de ensayos clínicos y otros asuntos de gran demanda, sin que esta superior popularidad presuponga mayor calidad y rigor en los contenidos. Además, como se comprueba en otro estudio, la precisión de la información no siempre se encuentra en sitios con apariencia de credibilidad.

En su conjunto, el BMJ viene a confirmarnos que la calidad es un concepto variable, un intangible que evoluciona con el desarrollo de la tecnología, y que en cierta medida es un valor subjetivo que, como la belleza, está en los ojos del observador. A pesar de la proliferación de herramientas para medirla (en un artículo de Anna Gagliardi y Alejandro Jadad se cuentan hasta 98), no hay ninguna fórmula validada para hacerlo y es más que dudoso que sea posible y necesario. ¿Quién se atreve, pues, a regular la calidad en internet? Como dice el director del BMJ, “si mi labor fuera intentar regular la red, después de leer este número desistiría del empeño”.

Dudas y paradojas

Sobre el beber, el fumar y asuntos paradójicos en general

Bien mirado, es una suerte no estar dominados por la razón. Si así fuera, la situación sería difícilmente soportable: tal es la cantidad de sinsentidos, contradioses y otros fenómenos extraños y carentes de lógica que nos salen al paso, sin necesidad de ir a buscarlos. Pero la razón también tiene su corazoncito, valga la paradoja, y por eso confiamos en la ciencia para que resuelva pequeñas dudas, nos procure confort (físico, mental, material y hasta espiritual) y nos aclare algunas situaciones contradictorias. Lo que ocurre es que la ciencia es una gran fábrica de dudas y paradojas. Si se mira bien, parece como si la función de la investigación no fuera otra: tal es la cantidad de dudas y contradicciones, aparentes y reales, que nos descubre. Continue Reading →