Archive | julio, 2001

Virus y pajaritos

Sobre gusanos, “txoris” y otros ejemplares del animalario fantástico de la red

¿Qué haría usted si recibe en su buzón un documento presumiblemente privado de alguien presumiblemente próximo? El anzuelo de la curiosidad es el que ha hecho picar a muchos y tragarse el virus informático SirCam, el último de los agentes infecciosos globalizadores (véanse las repercusión en España en El País del jueves 26 de julio). En la última columna de Escepticemia hablábamos de la fascinación humana por el cotilleo (hay toda una teoría neurológica y antropológica que explica esta fascinación como una consecuencia de la evolución del cerebro humano y de las dimensiones considerables que tienen los grupos humanos frente a los de otros animales sociales, según la cual el cotilleo vendría a ser como el pegamento que mantiene cohesionado un grupo) y al tiempo un programa informático la ponía a prueba con este mensaje recibido por correo electrónico:  “Hola como estas? Te mando este archivo para que me des tu punto de vista. Nos vemos pronto, gracias.” (sic). El no haber recibido en la última semana este mensaje o algunas de sus variantes quiere decir que uno no existe en internet o que sólo mantiene contactos seguros. Como quiera que lo que hace el virus SirCam es coger un archivo o documento del propio ordenador y enviarlo a los contactos de la agenda de direcciones, la gracia y la desgracia dependen de lo que coja y a quién se lo envíe. El remitente es siempre alguien con quien existe algún vínculo, aunque sea unidireccional, puesto que su correo electrónico sale de la libreta de direcciones. Si el susodicho virus no fuera capaz de otras tropelías en el disco duro, como borrar la información o replicarse hasta ocuparlo todo, esta azarosa acción de intercambio de ficheros podría tener hasta su gracia. Por un lado, puede ofrecer alguna pista para conocer mejor con quién se trata uno, pero por otro, puede enviar a cualquiera alguno de nuestros documentos más personales. Por eso, una vez identificado el virus y con el antídoto a mano (Panda, entre otros, tiene una página para combatir la infección),  sin duda más de uno se plantea abrir y leer alguno de los documentos más tentadores que le han llegado por azar… En fin, cosas de esa natural y saludable inclinación humana al cotilleo.

Otra cosa muy distraída que hay en la red es su animalario fantástico. Observemos si no el virus SirCam, que pertenece al grupo de los gusanos y lleva nombre de tigre feroz. En efecto, SirCam remite al tigre Share Khan de “El libro de la selva”, ese producto global por obra de Disney más que de Rudyard Kipling, pero es un gusano, es decir un tipo de virus informático especialmente creado para redes cuya función es “detectar y modificar datos, bien sea sustituyendo caracteres por números o cambiándolos de sitio”, como explica el experto José Antonio Millán en su sitio electrónico. Para saber más sobre virus, gusanos, caballos, caracoles, chinches, boas, dinosaurios, dragones y otros animales que habitan en ordenadores y redes informáticas, su vocabulario de ordenadores e internet es de lo más ilustrativo, con una información precisa que se mueve entre la erudición filológica y el apunte antropológico. Pero de todos los bestiarios, animalarios y zoos electrónicos, yo me quedo con el país o el pueblo de los pájaros (si no se equivocan demasiado los traductores electrónicos del euskera, esto es lo que quiere decir “txori herri”). Y es que la Txori Herri Medical Association (THMA) es una de las buenas demostraciones de las posibilidades de comunicación que ha traído internet. El THMJournal y especialmente el boletín quincenal THMNews son el destilado ácido pero bienintencionado de un grupo de psiquiatras que desde dentro del sistema ofrecen una visión iconoclasta pero constructiva, tan crítica como autocrítica, del mundo de la psiquiatría, la medicina y sus aledaños en internet. Este sitio, además de irónico, burlón y muy saludable, tiene música. Escuchen a los Beautiful Brains.

Cuñadismo

Sobre el advenimiento de cuñadas, mayordomos y otros agentes digitales

“Cuando quiero ir al cine, en lugar de leer las críticas cinematográficas, le pregunto a mi cuñada. Entre nuestros familiares o amigos, todos tenemos a alguien como ella, que sea un experto en cine y nos conozca muy bien. Lo que necesitamos es construir una cuñada digital”. Con esta sugestiva imagen, tan provocadora como ingenua, el profeta digital Nicholas Negroponte nos quería introducir, allá por 1995 cuando publicó su libro “Beeing digital”, en el maravilloso e inminente mundo de los también llamados agentes de software o digitales, unos interfaces “inteligentes” capaces de ponernos en bandeja la información que necesitamos y a la medida de nuestros gustos. Quién hubiera dicho, leyendo el pasaje de la cuñada de Negroponte en 1995, que seis años después las cuñadas y amigos expertos que mejor nos conocen y aconsejan sobre cine y otras cosas seguirían siendo los de carne y hueso. Aunque las entradas puedan sacarse por internet.


Pero los profetas no descansan. Y si ahora muchos se desmarcan de Negroponte y su ilusionismo profético, no faltan nuevos gurús que nos invitan a esperar con los brazos abiertos la próxima llegada de estos agentes especiales que, la verdad sea dicha, alguna falta nos harían. Pattie Maes, directora del Grupo de Agentes de Softwareen el Media Lab del Instituto de Tecnología de Massachussets (MIT), veía así el futuro en el año 2000: “En un futuro muy próximo todos tendremos un grupo de agentes o robots digitales que trabajarán incesantemente para satisfacer nuestras necesidades, encontrarán la información que buscamos en la red, nos representarán en subastas virtuales y comprarán lo que deseemos si que ni siquiera tengamos que pedírselo”. Probablemente, muchos no esperan ni desean tantas funciones de un simple agente de software, ni mucho menos están dispuestos a delegar en este sujeto virtual sus gastos necesarios o innecesarios. Faltaría más. Estos mayordomos inteligentes a los que se refiere Maes aspiran a la autonomía (pueden funcionar al margen de las órdenes humanas) y reactividad (perciben los cambios del entorno y se adaptan a ellos), pero su advenimiento, al menos extramuros del MIT, no se ha producido, aunque algunos expertos dicen que ya están entre nosotros, en las tripas de los mejores buscadores.


Aunque la imagen de la cuñada de Negroponte no parece haberse encarnado (virtualmente, se entiende), la del mayordomo sí lo ha hecho. Vean si no al simpático Jeeves del buscador Ask Jeeves, sonriente y vestido de librea. ¿Es esto un mayordomo digital? No hay más que probarlo un poco para -sin desmerecer en absoluto sus servicios – percatarse de que a este mayordomo le queda mucho por aprender sobre nuestros gustos en general y nuestros requerimientos en forma de preguntas concretas. Es como si quieres una cerveza y el mayordomo te trae una tila. Además, a poco que uno conozca las respuestas a las cuestiones que se le plantean a Jeeves, se da cuenta de lo caprichoso de sus búsquedas. Para curarse en salud y como prueba de su interés en satisfacernos dice: “Estos sitios les han parecido interesantes a algunas personas con preguntas similares”. Ignoramos si con el tiempo y la familiaridad que da el trato, Jeeves puede mejorar, pero hoy por hoy no es mejor que Google, que va de paisano. Todo buen buscador debería tener alma de mayordomo o de agente especial, pero casi todos los actuales son bastante frustrantes. Jeeves apunta algunos servicios interesantes, pero si le preguntamos por la cuñada de Negroponte, nos sale por peteneras, mientras que Google nos pone enseguida en la pista de la cita. Un aspecto a destacar de Jeeves es que si no encuentra nada que se adapte a los propios gustos, ofrece un panorama de los gustos del vecino. ¿Será para satisfacer la natural avidez humana de cotilleo?

Pasión por la historia

Sobre la reescritura de la biografía de personajes históricos a la luz de la medicina

¿Fue la sífilis lo que llevó a la tumba a Oscar Wilde? ¿Murió envenenado Napoleón? ¿Y Mozart? ¿Y el emperador Claudio? ¿Qué sabemos de la historia clínica de personajes más remotos como Sansón? La pasión por la historia de los médicos no es algo nuevo ni minoritario (el éxito de la serie de Nestor Luján “La medicina en la cabecera de los protagonistas de la historia”, publicada en Jano durante años, es un buen ejemplo). Rescribir la historia, particularmente la historia clínica y la muerte de los personajes famosos, a la luz de la investigación es una afición a la que se entregan médicos de todas las especialidades y que tiene su hueco en las mejores revistas. Continue Reading →

Brujuleo

Sobre las últimas tendencias en consumo de salud electrónica

Con el prometedor título de “Trends for medical Internet usage”, el pasado 5 de julio la Health On the Net (HON) Foundation despachó en el buzón electrónico de sus suscriptores los resultados de su último sondeo.  Por el prestigio de la institución y la calidad y continuidad del empeño, los sondeos de esta fundación suiza vienen siendo desde 1997 un punto de referencia en la evolución del uso de internet con fines médicos. Los últimos resultados disponibles en la red son los de la encuesta realizada en los meses de febrero y marzo de 2001, en la que han participado 3030 internautas de todo el mundo (un 54% de EE UU y un 26% de Europa, siendo el español la segunda lengua tras el inglés), de los cuales más de la mitad son profesionales no médicos y un tercio de ellos se identifican como pacientes. Como quiera que los intereses de los médicos son mejor conocidos, es en el apartado de los no médicos donde aparecen los resultados más reveladores. Por lo que puedan apuntar de tendencias, merece la pena destacar y comentar estos tres aspectos:

1. La división de información para médicos y no médicos no está tan nítida. Un 77,67% de los pacientes y consumidores en general reconocen que buscan información en los sitios para médicos. ¿Por qué? Los legos responden, en primer lugar, que porque quieren acceder a información más compleja (81,61%). De modo que, por sorprendente que parezca, los pacientes parecen preferir información de mayor nivel, más técnica y enmarañada, que ya se encargarán ellos de desenredarla. ¿Y qué ocurre si no se entiende esta información? Casi todos, lo que hacen es realizar búsquedas alternativas, mientras que un 41,63% reconoce que recurre al médico para aclarar las dudas.

2. Internet fomenta la interacción médico-paciente. Un 63,12% de los enfermos ya discute la información con sus médicos, y parece razonable que esta tendencia se consolide. Las dos razones principales que se aducen son aumentar la educación médica (71%) y mejorar la comunicación (49%) con el médico. En cambio, la cuestión de la demanda de segundas opiniones no está clara. Todavía son más quienes no han recurrido a esta  posibilidad (67%) que quienes sí lo han hecho (37%). Y es que, presumiblemente, quien busca una segunda opinión aspira a algo más que la fría y distante relación que procura internet y quiere hablar cara a cara con el nuevo médico.

3. Antes que nada, lo que se le exige de la información médica en internet es precisión, accesibilidad y veracidad. No es de extrañar, por tanto, que los sitios profesionales sean los más consultados, y los comerciales y de laboratorios farmacéuticos, los menos. Las principales quejas sobre el uso de la red se concretan en la pérdida de tiempo que representa su uso y en la precariedad de las herramientas de búsqueda.

Un reciente artículo publicado en el JAMA del 23 de mayo de 2001, titulado Health Information on the Internet. Accessibility, Quality, and Readability in English and Spanish, venía a concluir que el acceso a la información de salud usando los buscadores habituales no es eficiente; que hay muchas lagunas de información, aunque la precisión, en general, es correcta, y que hace falta cierta preparación para asimilar la información. De todas formas, los sucesivos estudios y sondeos no acaban de perfilar una radiografía clara de la situación. Es pronto todavía para hablar de tendencias, cuando los datos disponibles no hacen sino dar vueltas sobre el tema señalando ahora un rumbo y poco después otro. Hay una palabra que bien puede definir el actual.