Archive | junio, 2001

Caja tonta, caja lista

Sobre la anunciada fusión entre televisión e internet y su relación con la salud

La pronosticada fusión entre la caja tonta y la caja lista – televisión e internet- no acaba de llegar y ni siquiera es predecible cómo será. ¿Engullirá internet a la televisión o al revés? ¿Surgirá un hijo diferente? ¿Se parecerá más al progenitor tonto o al listo? ¿Tendremos un único aparato para navegar, ver la televisión, enviar correos electrónicos e interactuar con una ingente y creciente masa de contenidos multimedia? Algunos proyectos, como el de la empresa WebTV comprada en 1997 por Microsoft o el más próximo a nosotros de Quierotv.com o Quiero.tv (el top level domain .tv, ya en pleno funcionamiento, no es sino la constatación de esta tendencia), han apostado decididamente por esta fusión y se preparar para allanar el camino a un futuro que, si no salta la sorpresa, nos va a deparar una progresiva convergencia entre ambos medios. Hay todavía muchas incógnitas sobre cómo será el producto resultante de este entente, pero, al margen de las cuestiones puramente tecnológicas, una de las más intrigantes es qué lugar ocupará el nuevo artilugio en nuestras vidas. Ni qué decir tiene que la medicina estará allí para contarnos cómo repercutirá sobre nuestra salud, como ya lo hace con internet y, desde hace más tiempo, con la televisión.

Uno de los datos más reveladores de nuestra cultura indica que un niño medio de un país desarrollado al termino de la educación obligatoria ha pasado más horas viendo la televisión que en clase. Hoy, sin duda alguna, la televisión es la mayor ventana al mundo para niños y adultos. Es un instrumento impresionante para la educación y el entretenimiento, y aventaja a internet en comodidad, precio y accesibilidad, entre otras cosas. Pero sobre este artilugio, neutro en principio como todos, pesan ya acusaciones graves, principalmente por su uso como sustituto de las relaciones personales (canguro de los niños). Aunque sigue siendo la primera fuente de información sobre salud para el público general, por delante de la prensa y de internet, en los últimos tiempos se ha intensificado una suerte de cruzada médica que lo relaciona con la obesidad, la diabetes, los trastornos del sueño y otras plagas. No hay más que tirar del hilo del sedentarismo que se asocia con la televisión para que, a poco esmerados que sean los estudios, vayan saliendo una tras otra las mayores amenazas para la salud.

El último es uno publicado en los Archives of Internal Medicine de la AMA. Bajo su aséptico título, Physical Activity and Television Watching in Relation to Risk for Type 2 Diabetes Mellitus in Men, se agazapa un mensaje claro: la vida sedentaria, ejemplificada por un exceso de televisión, aumenta el riesgo de diabetes. A poco que los medios de comunicación se encarguen de simplificar el mensaje resultará que la televisión provoca diabetes. Pero ver la televisión, aunque sean muchas horas diarias, ni causa diabetes ni obesidad ni cualquiera de las otras dolencias asociadas con el sedentarismo. Es más, ver la televisión no implica llevar una vida sedentaria. La cuestión es lo que se haga en el conjunto de la jornada, de las semanas y los meses. Otra cosa bien distinta es el que se pueda favorecer la lucha contra la obesidad sustituyendo parte de la ración diaria de televisión por otra de ejercicio, como refleja otro reciente artículo que trata el problema, Effects of contingent television on physical activity and television viewing in obese children” [Pediatrics 2001 May;107(5):1043-8]. Si así están las cosas con la televisión y con internet empiezan a llevar un cariz similar, ¿qué consecuencias negativas para la salud no tendrá el híbrido que se nos avecina? Habrá, sin duda, numerosos estudios que demonicen los nuevos adelantos tecnológicos, pero también -como ocurre ahora- que destaquen sus beneficios. Vaya lo uno por lo otro.

Dormir y soñar

Sobre el test del sueño ESS como muestra y metáfora del autoservicio de la salud

Si una noche de verano un internauta insomne… No hace falta ser Italo Calvino ni fantasear demasiado para imaginar lo que puede dar de sí internet cuando el sueño no acaba de llegar. Pero ciñéndonos al ámbito de la salud, hay recursos informativos para dar y tomar sobre el insomnio, los ronquidos, la apnea de sueño, la somnolencia diurna y otros trastornos o síntomas. La Escala de Somnolencia de Epworth (Epworth Sleepiness Scale o ESS) es uno de los probables destinos de quien busca información y soluciones para la somnolencia diurna, un problema que afecta a muchos insomnes y depresivos, pero también a muchas personas que simplemente duermen poco. Este instrumento técnico de ayuda al diagnóstico, desarrollado en 1991 por el doctor Murray W. Johns y dado a conocer a través de la revista Sleep, es un sencillo cuestionario de ocho preguntas sobre la probabilidad de quedarse dormido en ocho situaciones cotidianas, como ver la televisión, estar sentado leyendo o ir de pasajero en un coche. Como internet ha desdibujado las fronteras que separan la información técnica para especialistas y la de carácter divulgativo, la ESS está hoy al alcance de cualquiera interesado en la calidad del sueño. Por exprimir la metáfora de internet como gigantesco autoservicio de la salud, digamos que lo mismo se podría encontrar en las estanterías de las sociedades científicas del sueño que en las de fabricantes de colchones. Esto, claro está, tiene sus ventajas pero también sus riesgos. Continue Reading →

Salud de self-service

Sobre la oferta de contenidos interactivos y el autoconsumo de salud electrónica

“Buscar información de salud se ha convertido en uno de los usos principales de internet”. Con esta o similares muletillas, mayormente en inglés pero también en español y seguramente en otras lenguas, se inician no pocos artículos y ponencias que tratan de la llamada salud electrónica. Se podría fácilmente “demostrar” la verdad o falsedad de esta afirmación con estadísticas y datos diversos, pero en todo caso es una apreciación discutible y sesgada. Pero quedémonos con el fondo de verdad que contiene y tratemos de diseccionar mejor por dónde van los intereses de los navegantes, qué información es la más solicitada, qué formatos y recursos son los preferidos y qué lugar ocupa internet entre las fuentes de información de salud para el público general. Para ello, que remedio, hay echar mano de las siempre peligrosas y engañosas encuestas. Continue Reading →

Freno y marcha atrás

Sobre la regeneración cardiaca tras un infarto y la investigación con células madre

El pulso de la ciencia se ha acelerado está semana con la noticia de que las células del miocardio se regeneran tras un infarto. Lo ha voceado The New England Journal of Medicine, que últimamente parece recrecido y dispuesto a mantener su liderazgo incluso en internet, al publicar los resultados de un trabajo experimental cuyo título no deja lugar a dudas: Evidence That Human Cardiac Myocytes Divide after Myocardial Infarction. La supuesta evidencia, todavía preliminar hasta que sea confirmada por otros trabajos, desafía la presunción de evidencia previa de que el miocardio no se regeneraba tras un infarto, pues se interpretaba que la cicatriz que aparecía en la zona infartada era la prueba inequívoca de que el musculo cardiaco carecía de capacidad de regeneración. Lo que ha demostrado el equipo de Piero Anversa es que un 4% de los miocitos próximos a la zona infartada y un 1% en una zona alejada se están dividiendo a los pocos días de un infarto, y esto representa unos índices mitóticos (actividad multiplicadora) 70 y 24 veces mayores que los de un corazón sano, respectivamente. Aunque esta reserva de regeneración sea insuficiente para recuperar una zona amplia de necrosis, lo que viene a demostrar es que el corazón intenta al menos paliar la lesión.

Al echarse por tierra el dogma de que el corazón es un órgano amitótico, se abre la puerta a la posibilidad de reconstituir el músculo cardiaco lesionado por un infarto o por la edad. Como siempre que cae un muro, las reacciones han sido de entusiasmo difícilmente contenido: “Las implicaciones son increíbles”, ha dicho por ejemplo Valentín Fuster, jefe de cardiología del hospital Mont Sinai de Nueva York, y con algunos años más de investigación “podríamos disponer de una nueva arma terapéutica”. En opinión de Claude Lenfat, director del National Herat, Lung and Blood Institute (NHLBI), que ha patrocinado la investigación, esta vía supone mayor esperanza para las enfermedades cardiacas que la terapia génica; aunque también advierte que estas terapias “no van a estar aquí mañana”. Por su parte, David Finkelstein, director de investigación básica cardiovascular del National Institute of Aging (NIA), otro de los NIH de EE UU  implicados en la investigación, ha afirmado que “este hallazgo, si se confirma, puede empezar a clarificar cómo responde el corazón a los insultos de la edad mediante unos mecanismos que no se conocían previamente”.

La cuestión, ahora, como avanza Anversa es encontrar la madre de estos miocitos en pleno apogeo mitótico. ¿Son estas células una subpoblación de miocitos que han conservado su capacidad de división y que tras estar dormidos durante años se despiertan tras el infarto, o bien se derivan de células madre que han llegado al corazón? El propio Anversa publicó en abril en Nature un trabajo que demostraba que la inyección de células madre de la médula ósea en el corazón infartado de un ratón se diferenciaban como células musculares cardiacas. “Si podemos probar la existencia de células madre cardiacas y conseguimos hacer migrar esas células hacia la región del tejido cardiaco dañado, podríamos teóricamente mejorar la reparación del músculo cardiaco lesionado y reducir la insuficiencia cardiaca”, ha dicho Anversa. Y aunque comenta que existen evidencias preliminares de la existencia de células madre cardiacas y que su equipo tiene ya cierta idea de su localización, no quiere precisar nada hasta su publicación en una revista. El investigador italiano lleva ya dos décadas trabajando para dar un triple salto que puede hacer época. Se trataría nada menos que de frenar el infarto y dar marcha atrás en la necrosis, con lo que igual hasta dejaba de ser considerada surrealista la obra de Jardiel Poncela Cuatro corazones con freno y marcha atrás.

Albures

Sobre la crisis del placebo, la moda de los Lactobacillus y las claves de la longevidad

Ahora que el vulgo empezaba a asimilar y familiarizarse con la noción de placebo, a fuerza de aparecer una y otra vez en los medios de comunicación, resulta que el efecto de estas sustancias inertes o casi no es para tanto. Vaya, que estaba sobrestimado. Esto es lo que viene a decir ahora un análisis pormenorizado de 114 estudios médicos del último medio siglo que se publica ahora en The New England Journal of Medicine (edición del 24 de mayo), cuyo sitio electrónico, por cierto, ha sido por fin rediseñado.  En el artículo Is the Placebo Powerless?— An Analysis of Clinical Trials Comparing Placebo with No Treatment, los autores concluyen que los placebos sólo son mejores que nada en el tratamiento del dolor, por su gran componente subjetivo, y que su uso sólo está justificado en el escenario experimental de los ensayos clínicos.  Con esta rotundidad, la medicina oficial -representada por el buque insignia del NEJM y el Nordic Cochrane Centre, que ha participado en el análisis- desmitifica el efecto placebo y, de paso, todas las terapias heterodoxas que se fundamentan en cierta medida en el poder de la mente y la sugestión. Y no sólo el agua bendita o la galleta del afamado “doctor Galleta”, sino otras de gran predicamento como la homeopatía. Porque, ¿qué son las hiperdiluidas pócimas homeopáticas sino placebos? Continue Reading →