Archive | septiembre, 2000

Rabia en el aire (y online)

Sobre el “air rage”o síndrome del pasajero alborotador y su correlato en la red

Con el título “¿Quién mató al pasajero Burton?”publicaba Javier del Pino en El País el 22 de septiembre un escalofriante reportaje sobre un joven que provocó un altercado en un avión en EE UU y que murió víctima del ataque de un grupo de pasajeros, ocho ejecutivos que viajaban en primera, para más señas. (Como El País sólo mantiene sus artículo siete días, pueden leerse este homicidio “de guante blanco”o “de cuello blanco”en The New York Times, en el artículo “Business Travel: Air Rage on Southwest Airlines Ends in What Is Later Ruled Homicide”). Este episodio de “air rage”o rabia en el aire es uno de los últimos en una escalada de reacciones violentas protagonizadas por pasajeros que se salen de sus casillas y que a veces, como refleja este caso, son cortadas expeditivamente por otros pasajeros.  No es el único con un final tan espeluznante (“ocho pasajeros, 16 manos”, lo estrangularon sin que nadie lo evitara). Un caso similar ocurrió en un vuelo Bangkok-Budapest en 1998 con el pasajero finlandés Mikaeinar Peterson, quien, tras molestar al pasaje e intentar atacar a la tripulación, fue atado a un asiento; un médico que iba en el avión le inyectó un tranquilizante que, según demostró la autopsia, le causó la muerte al mezclarse con alcohol y drogas. Y hay muchos más casos sonados de “air rage”. Aunque todavía no existe ningún estudio recogido en MedLine, esta reacción se conoce desde hace unos años en los medios aeronáuticos como “disruptive passenger syndrome”(en abril de 1997 se celebró la primera International Conference on Disruptive Airline Passengers, según se informa en el sitio web del Civil Aeromedical Institute de la Federal Aviation Administration de EE UU).

El número de casos parece haberse disparado en pocos años. En American Airlines se ha multiplicado por tres entre 1994 y 1995 (296 a 882); en United Airlines se ha doblado de 1995 a 1996 (226 a 404), y en el Reino Unido hubo 87 casos en 1994, 90 en 1995, 101 en 1996 y 88 en 1997. Según una encuesta canadiense, el 30% de los tripulantes aéreos con más de 10 años de antigüedad ha sufrido algún tipo de intimidación verbal. Estos y otros datos sobre el síndrome del pasajero alborotador se recogen en el último boletín del Médico Examinador Aéreo On-line, donde el especialista en medicina aerospacial José María Pérez Sastre detalla las causas, mecanismos psicológicos y manejo de este síndrome, que se explica como una reacción desmedida a la frustración. Como dice Pérez Sastre: “la lista de frustraciones a bordo de un avión de pasajeros es, por razones de todos conocidas, cada vez más larga: los tiempos de espera en los aeropuertos, los retrasos en los despegues, los espacios cada vez más pequeños entre los asientos, el vecino que no aguantamos, los vuelos non stop cada vez más largos, la comida “empaquetada” de catering, las limitaciones en el uso de teléfonos móviles y otros dispositivos electrónicos, la reciente prohibición de fumar o las huelgas malinformadas. Todo ello convenientemente aliñado con un uso a veces inadecuado de alcohol, en pasajeros normalmente con el estomago vacío, ligeramente deshidratados por la baja humedad y expuestos a bajos niveles de hipoxia en una cabina presurizada de espacio reducido y en vuelos cada vez de mayor duración…”.

“Rage”parece ser una palabra de moda, según un sitio británico que tiene una página dedicada a las reacciones de rabia en la carretera, en el aire, en la oficina, en el trabajo, en la bicicleta… Yo sé de más de uno que ante los problemas y frustaciones experimentados al acceder a internet, ya sea con móden, RDSI o cable, que todas estas tecnologías y sus proveedores distan todavía mucho de ser fiables, en más de una ocasión ha estado a punto de sufrir un acceso de “web rage”.

Me siento afortunado

Sobre la exhaustividad y fiabilidad de los buscadores de nueva generación

Un tecnófobo recalcitrante como Fernando Sánchez Dragó decía hace poco en una entrevista que cuando se quiere encontrar un dato se suele hallar antes en los libros impresos que en internet. Y afirmaba que ha hecho varias veces esta prueba con algún internauta y que siempre ha vencido él con su rudimentario método de consultar el Espasa u otro libro de su biblioteca. Lo que el autor de “Gargoris y Habidis” no se planteaba es qué ocurre cuando el dato en cuestión no puede encontrarse en su biblioteca simplemente porque no aparece en ninguno de los libros. En cambio, la descomunal webteca que es internet hace ya tiempo que es la mayor biblioteca del mundo y contiene en su seno un número indefinido de bibliotecas, hemerotecas y otras colecciones de documentos varios, muchos de ellos de acceso libre para todos los usuarios. De modo que ese dato buscado es mucho más probable que esté en internet que fuera de la red. Pero otro asunto bien distinto -y que en parte le da la razón a Sánchez Dragó- es que el encuentro se produzca, y pronto.

A pesar de la publicidad, la propaganda y la manipulación mediática sobre las excelencias de internet y de las empresas punto com, lo cierto es que la búsqueda en internet conduce tan a menudo a la frustración en vez de al feliz encuentro, que cuando éste se produce a la primera es como para pensar para uno mismo: “Me siento afortunado”. Este pensamiento es hoy una marca registrada de la compañía punto com Google, una de las abanderadas de la nueva generación de buscadores y propietaria de uno que lleva el mismo nombre y que probablemente es uno de los más eficaces, rápidos y fiables. Tan seguros están en Google de la eficacia de su buscador que junto a la tecla “Búsqueda en Google” han colocada la que dice “Me siento afortunado” convencidos de que al pulsarla nos abrirá la página que buscamos. La verdad es que utilizando Google a menudo uno se siente afortunado (no hay más que hacer la prueba), mayormente cuando se trata de localizar una empresa, una revista o una denominación concreta. Aparte de la sencillez de uso de este nuevo buscador, hay que destacar otras dos virtudes: la primera, muy útil, es que permite acceder a la página web buscada en la memoria caché del buscador, lo que permite ver la página cuando el servidor no está operativo o ha retirado la página en cuestión de la circulación; y la segunda, es la organización de la búsqueda de Google, de tal modo que los primeros sitios de la lista son los más importantes porque son los que reciben más enlaces de otros sitios. Hay que probarlo y compararlo con AltaVista, Lycos y otros para percatarse de sus ventajas.

Con todo, Google, no es la solución a cualquier búsqueda. Este buscador dice haber indexado más de mil millones de páginas web. Un número importante pero quizá esto sólo represente un mínimo porcentaje del total. En un estudio sobre la accesibilidad de la red publicado en Nature en julio de 1999 (en www.wwwmetrics.com hay un resumen del trabajo y puede solicitarse por correo electrónico el artículo completo en formato pdf) con información de principios de ese año, el buscador que cubre un mayor porcentaje de la red es Northern Light, con un 16%, seguido de Snap (ahora Ncbi) y Altavista, con un 15,5% aproximadamente. Google era el séptimo, con un 7,8%. Pero esta es la radiografía de febrero de 1999, cuando en internet había unos 800.000.000 millones de páginas. Hoy Google indexa 1.060.000.000 y la red debe tener unas dimensiones muchísimo mayores. Más pronto o más tarde los buscadores acabarán abarcándola. Pero, ojo, la búsqueda no es una cuestión de cantidad y exhaustividad, sino de relevancia, que es lo que busca y satisface al internauta.

Noticias olímpicas

Sobre el riesgo gripal en los Juegos de Sydney y otras luces y sombras del deporte

Los Juegos Olímpicos de Sydney, que se inaugurarán el próximo 15 de septiembre en la ciudad australiana, serán los últimos del milenio pero los primeros que se celebrarán en el hemisferio sur y, por tanto, al empezar la primavera austral y no en verano como era tradicional. Y eso tiene sus riesgos. Aparte de las nubes primaverales, el principal nubarrón que se cierne sobre las olimpiadas es la amenaza de una epidemia de gripe de la que ya ha alertado la Organización Mundial de la Salud (OMS) a través de su Centro contra la Gripe en Melbourne (Australia), cuyo vicedirector Alan Hampson ha avisado que los Juegos “suponen una oportunidad única para la gripe”. Los afectados se cuentan ya por cientos de miles, mientras siguen llegando turistas y atletas de todo el mundo y las autoridades sanitarias de país y el propio Comité Organizador se afanan en recomendar la vacunación y facilitarla expresamente a los atletas. Veremos si lo que parece un brote estacional no provoca una epidemia deportiva y estos Juegos acaban siendo recordados como los de la gripe olímpica. Continue Reading →

Ciberconsultorías

Sobre el incipiente negocio de las consultas en línea y las empresas que lo explotan

El negocio de las ciberconsultas empieza a ser explotado en España por empresas que intuyen que en la duda diagnóstica, la orfandad informativa y la incertidumbre vital del paciente hay un filón. Sobre el terrero abonado por las ciberconsultas de médicos particulares han surgido auténticas ciberconsultorías “científicamente” ideadas según los principios empresariales del mercado global. Con inversiones de cientos de millones de pesetas, los primeros ciberemprendedores han saltado al ruedo hispano para hacer negocio aliviando el malestar de 400 millones de potenciales clientes. En España se producen al año unos 160 millones de consultas en el sistema público de atención primaria, pero es pronto para hacer estimaciones sobre el potencial de la consulta médica en internet y cuáles serán sus limitaciones y principales puntos calientes.
Por lo pronto, las primeras ciberconsultorías médicas han apostado por lo que se llama el mercado de la “segunda opinión”, reconociendo por un lado el nicho comercial de las segundas y sucesivas opiniones y, por otro, que la consulta médica en internet no puede reemplazar a la consulta cara a cara. Dos de las primeras y más ambiciosas empresas surgidas en España son Centro Médico Virtual y Círculo Blanco (ya comentada en esta columna hace unas semanas). Ambas tienen menos de un año de vida y un perfil médico y empresarial bastante semejante: un panel de médicos de prestigio nacional e internacional para dar las segundas opiniones, independencia “a priori” de los intereses que pueden sesgar una opinión médica, inversiones millonarias para asegurar un lanzamiento de calidad, voluntad de excelencia, garantía de confidencialidad y, en general, un llamativo cuidado por todos esos detalles tan bien estudiados por la mercadotecnia para dar una buena impresión. La mayor diferencia está en el precio de las segundas opiniones: 20.000 pesetas frente a 70.000, pero sin duda estas distintas posiciones acabarán siendo corregidas y colocadas en su sitio por el mercado.
Junto a estos ejemplos de empresas cuya apuesta comercial se basa en el prestigio y la exclusividad, hay otras cuya imagen deja mucho que desear. Ciertamente la apariencia de calidad no equivale a calidad (un concepto amplio y difuso que encuentra su cifra y su resumen en la satisfacción del cliente), pero es también uno de sus aspectos. Y es que hay sitios que se retratan solos. Valga como ejemplo el sitio medicinainternet.com, que responde así la pregunta “¿Quiénes somos?”: “Un grupo de profesionales conocedores del mundo Sanitario, con dilatada experiencia. Independientes de los servicios sanitarios oficiales actuales, que utilizando las nuevas tecnologías han constituido una Empresa de Servicios (…) siendo sus objetivos: los Enfermos, la Sanidad, divulgación y Formación de sus contenidos, sus Actividades y los Profesionales” (sic). Y a continuación añade la siguiente “NOTA: Este servicio temporalmente, no está activado, sólo puede solicitarse por teléfono”. ¿Y qué decir de las consultas en un web que se llama Achis! o de las atendidas por el Dr. Alberto Sexperto y la Dra. Zonia de Placer en la sección de sexología de saludonline.com?

Ciertamente las limitaciones de la consulta a través de internet son muchas, pero también lo son sus posibles utilidades. El tiempo irá aclarando unas y otras, mientras se van definiendo las posturas de pacientes y médicos. A la pregunta planteada en el sitio web del Colegio de médicos de Barcelona “¿aceptarías recibir consultas de tus pacientes a través de internet?”, un 59% responde sí; un 36%, no, y un 5% “no sé”. Pero, claro, ésta es sólo la opinión de quienes están en internet.