Archive | diciembre, 1999

El mensaje de Smaha

Sobre el parlamento de fin de año del presidente de la American Heart Association

Como cada año por estas fechas la American Heart Association (AHA), por la boca de su presidente, hace llegar a todos los hombres y mujeres de buena voluntad del mundo (Estados Unidos, se entiende) su mensaje navideño. Es un mensaje de todo corazón, dirigido al corazón y que nos habla mayormente del corazón. Y no se trata de una metáfora, es el destilado de cifras y letras del sesudo informe de fin de año de AHA titulado “2000 Heart and Stroke Statistical Update”. El presidente de los corazones americanos nos habla, con los últimos datos estadísticos, de sus amenazas y riesgos, del pasado y del porvenir, del escenario real y del ideal. En fin, mister Lynn Smaha, el actual presidente de la AHA ha hablado. Lo hizo ayer 30 de diciembre, hacia las 4 PM (hora local). En esta ocasión su mensaje tiene, como no podía ser menos, un cariz finisecular. Pero detengámonos unos instantes en lo que ha dicho. Continue Reading →

Un siglo de salud pública

Sobre los principales avances que han reducido la morbimortalidad en el siglo XX

El pasado 2 de abril los Centers for Disease Control and Prevention de Atlanta, en Estados Unidos, más conocidos como CDC, iniciaron una serie de informes sobre los que podían ser los mayores logros en materia de salud pública del siglo. A modo de descargo advertían que quizá no figuran todos los que son y que el orden tampoco era significativo. Desde el 2 de abril y sin seguir un riguroso orden ni una periodicidad fija han venido apareciendo en su sitio web los Ten Great Public Health Achievements in the 20th Century, al tiempo que se publicaban estos artículos en el Morbidity and Mortality Weekly Report (MMWR).  Todos los datos estadísticos incluidos en esta serie hacen referencia a Estados Unidos, donde la esperanza de vida a lo largo del siglo ha aumentado en 30 años, 25 de los cuales son atribuibles a los avances habidos en materia de salud pública. Pero más allá de las cifras concretas de un país y su particular evolución, estos diez grandes logros pueden ser extrapolables al conjunto del mundo desarrollado y sin duda son un buen motivo de reflexión sobre lo mucho que ha cambiado la salud de los hombres en estos últimos 100 años. Lo que sigue es uno de los  bocetos posibles de un siglo pleno de avances médicos, con enlaces a los distintos artículos (entre paréntesis figura la fecha en la que se publicó el artículo en el MMWR):

 

1. Vacunas (2 de abril). Aunque la era de las vacunas se inició en el siglo XIX, su difusión y diversificación en el siglo XX ha permitido erradicar una enfermedad infecciosa (la viruela) y mantener a raya otras muchas. El avance ha sido espectacular.
2. Seguridad en los coches (14 de mayo). El número de millas (o kilómetros) recorridos en coche ha seguido una curva ascendente cada año. Los muertos son todavía muchos, pero por millón de kilómetros cada vez hay menos gracias a los avances en seguridad.

3. Seguridad en el trabajo (11 de junio). Las enfermedades profesionales (desde la silicosis a algunos cánceres) y los accidentes de trabajo se han ido reduciendo a lo largo del siglo. Queda mucho por hacer y las diferencias entre algunos países son abismales.

4. Control de las enfermedades infecciosas (30 de julio). El siglo XX ha sido el de los antibióticos, pero también el de la aplicación de medidas higiénicas que han puesto a raya el cólera, el tifus y otras infecciones. Con todo, los agentes infecciosos se resisten.

5. Disminución de la mortalidad coronaria y por ictus (6 de agosto). Gracias a la identificación de los factores del riesgo (tabaquismo, hipertensión, hipercolesterolemia, obesidad y otros), el diagnóstico precoz y la disponibilidad de mejores tratamientos.

6. Alimentos más sanos y seguros (15 de octubre) Los alimentos son ahora sin duda más higiénicos que a principios de siglo y mejor conocidos en cuanto a su composición. Pero han surgido recelos sobre otro tipo de contaminantes y se añora el sabor de antaño.

7. Madres y niños más sanos (1 de octubre). La mortalidad perinatal e infantil, así como la de la madre, se han reducido drásticamente en estos últimos 100 años. Sin embargo, esta última está estancada desde hace unas décadas y persisten diferencias sociales.

8. Planificación familiar (3 de diciembre). Hasta la llegada de la píldora en los años sesenta el sexo no llegó a desvincularse de la reproducción. Esto permitió a las parejas  decidir el tamaño de la familia y prestar mejores cuidados a menos hijos.

9. Fluorización del agua potable (22 de octubre). El añadir flúor al agua corriente utilizada para beber ha resultado ser una gran medida de salud pública para prevenir la caries dental de forma universal y sin distinción de clases sociales.

10. Identificación de la nocividad del tabaco (5 de noviembre). Desde los años sesenta no ha dejado de acumularse evidencia científica sobre los riesgos del tabaquismo, considerado como el mayor problema de salud pública y el principal riesgo evitable.

El “boomerang penis”

El BMJ muestra que es posible y útil la resonancia magnética del coito humano

El “christmas issue” del British Medical Journal que desde hoy está disponible en internet se presenta realmente interesante. Entre los temas que se recogen en su portada electrónica figuran los siguientes reclamos: “alien babies”, “body piercing”, las chicas de Esexx, los coches de los médicos, los deseos de los estudiantes de medicina, martinis, el “boomerang penis”… En fin, guiños y sugerencias para todos los gustos y/o sexos. Parece como si estuviéramos ante una revista de quiosco, con la diversidad temática propia del suplemento semanal de un periódico y con un cierto toque del atrevimiento de revistas como Cosmopolitan. Pero no, se trata del BMJ, la revista de la British Medical Association. Cualquiera de los reclamos de portada merece un ojeo/hojeo electrónico, pero si pinchamos en el “boomerang penis” nos encontramos con que el BMJ nos obsequia con un bonito “crismas” para la última navidad del milenio: las “artísticas y científicas” imágenes de un coito humano obtenidas con resonancia magnética. Y efectivamente, allí puede contemplarse —en una imagen con el temblor de reverbero propio de una resonancia magnética— el susodicho pene bumerán, que es la verdadera y hasta ahora nunca vista forma del miembro viril cuando está introducido en la vagina en la “posición del misionero”.

“Lo que empezó como una curiosidad artística y científica”, según relatan el profesor de Ginecología holandés Willibrord Weijmar Schultz y demás autores del trabajo, ahora ve la luz en una revista del máximo impacto demostrando que es “posible y provechoso” tomar imágenes de resonancia magnética del coito de una pareja. Lo de posible tiene que ver, por un lado, con las dificultades y controversias  éticas y sociales para llevar a cabo este tipo de experimentos; y, por otro, con los problemas “técnicos” que plantea el que dos personas se introduzcan en el angosto tubo de 50 centímetros de diámetro (diseñado para albergar a una sola persona) de un equipo convencional de resonancia magnética y además que mantengan una relación sexual allí dentro. Pero todo esto ha podido ser superado gracias al apoyo del Hospital Universitario de Groningen, en Holanda, donde se realizaron los 13 experimentos (la respuesta sexual en diez parejas durante el coito y la respuesta por autoestimulación en tres mujeres); a la paciencia demostrada por los voluntarios y los investigadores en los siete años que duró la investigación, y al concurso, todo hay que decirlo, del sildenafil más conocido como Viagra (sólo fue innecesario en la primera pareja).

¿Y qué ha revelado de nuevo este experimento? Al decir de los autores, un par de cosas inéditas. Primera, que el pene adopta forma de bumerán (con una longitud total de unos 22 centímetros, la raíz es mayor de lo que se suponía y forma un ángulo de unos 120 grados) y no de S como se pensaba desde los estudios de Dickinson en 1933. Y segunda, que Masters y Johnson se equivocaban al afirmar que el útero aumenta de tamaño durante la excitación sexual.

Los autores, que califican de “hermosas” las imágenes,  muestran en primer lugar su agradecimiento a los voluntarios por su cooperación y buen humor y por permitir divulgar imágenes tan íntimas. Los lectores, por nuestra parte, quizá deberíamos agradecer a los autores la aportación que representa este trabajo para la especie humana, que puede entrar ya mucho más tranquila en el tercer milenio tras conocer detalles de “living anatomy” que antes ignoraba: menudo alivio. Y, en fin, también deberíamos agradecer a la British Medical Association tan bonito”crismas”: un detallazo.

Excelencia web

Sobre los criterios de calidad de un sitio de contenido médico

¿Cuáles son los criterios que definen un sitio web de calidad? ¿Son distintos y específicos para los de contenido médico? ¿Son diferentes para internet o son los mismos que se aplican en otros formatos y modalidades de publicación y periodismo? ¿Valen las mismas reglas para los contenidos orientados a médicos y al público en general? Este tipo de cuestiones se vienen planteando desde los orígenes de la difusión de contenidos médicos en internet, pero se han ido haciendo más acuciantes con la proliferación de sitios web de salud, cuyo número nadie se atreve a fijar con precisión pero que debe de sobrepasar ya holgadamente los 20.000. Es bien cierto que ya es posible encontrar en la red información de prácticamente cualquier tema médico, pero no lo es menos que también puede encontrarse cualquier nivel de calidad.

 

Son ya numerosas las asociaciones y entidades que se están dedicando a estudiar la difusión de temas de salud en internet y a definir requisitos de calidad. Además de las más grandes y reputadas, como pueden ser la Food and Drug Association o la American Medical Association, han surgido algunas organizaciones nuevas más focalizadas y especializadas en estas cuestiones. Entre ellas hay que destacar la Health On The Net Foundation (HON) y su propuesta del conocido HON Code of Conduct para internet; la British Healthcare Internet Association o la Internet Healthcare Coalition. Esta última, que integra a todo tipo de proveedores de información de salud (universidades, editores, laboratorios, asociaciones de pacientes, etc.), tiene en su sitio un buen decálogo de consejos para separar el grano de la paja. Estos 10 principios, pautas  o considerandos, en principio orientadas al consumidor pero sin duda también de utilidad para el médico, son en esencia éstos:

 

  1. Escoger un recurso de información de salud en internet es como elegir médico. Nadie va a cualquier médico y además es posible recoger y comparar varias opiniones y criterios. En internet se puede y conviene hacer lo mismo.
  2. Las fuentes de información deben ser identificables. Y cuantos más datos identificativos de las fuentes y los colaboradores del sitio web, mejor.
  3. Desconfiar de los sitios web que se proclaman como los únicos o los mejores.
  4. No confundirse con las interminables listas de enlaces. Un enlace no presupone que la calidad del sitio de destino es idéntica a la del sitio de origen.
  5. Gestión profesional y revisión del sitio por un comité de expertos bien identificados.
  6. Actualización con fecha. El conocimiento médico está en evolución permanente, por lo que la fecha de actualización es un dato importante.
  7. La publicidad en su sitio. Cualquier patrocinio o anuncio debe estar claramente indicado para no mezclarse con los contenidos médicos.
  8. Evitar los diagnósticos y tratamientos “on line”.
  9. Compromiso de confidencialidad. Sobre la información confidencial que suministre un paciente debe existir un compromiso claro para preservar su intimidad.
  10. La décima pauta viene a decir que hay que usar el sentido común: consultar distintas fuentes, desconfiar de los remedios milagrosos y leer la letra pequeña.

Pues bien, aunque la excelencia en internet normalmente se encuentra en aquellos sitios web de personas o entidades que ya la han demostrado fuera de la red, no es patrimonio exclusivo de ellos. En cualquier caso, con todos los sitios web conviene interrogarse sobre los intereses de sus propietario y mantener una saludable dosis de escepticismo.

Analfabetismo médico

Sobre la incomprensión del paciente de los tratamientos y conceptos médicos

Tanto hablar y predicar en los sitios web de medicina —la mayoría de Estados Unidos, of course— que internet está cambiando la relación médico-paciente, y resulta que en ninguno de esos sitios se advierte que el paciente no sabe leer. Sí, señores, en plena era del consentimiento informado y de las relaciones horizontales entre médicos y enfermos,  la cruda realidad es que el paciente no entiende nada. Como lo oyen: ahora que proliferan como setas los sitios web de salud para “consumers” y cuando nadie parece poner el duda que el paciente es la nueva estrella emergente del gran negocio de la salud, resulta que en la letra pequeña pone que el paciente es analfabeto. Al menos esta es la situación en Estados Unidos, donde parece que ya hay más usuarios de internet que personas con capacidad de leer y escribir. Pero vayamos a los datos. El National Adult Literacy Survey (NALS) de 1992 puso de manifiesto que el 21% de los adultos (unos 40 a 44 millones) era analfabeto funcional y que un 25% adicional (otros 50 millones) lo era parcialmente, es decir, que no era capaz de entender, interpretar y aplicar la información de material escrito. El sondeo, que revelaba que sólo el 21% de los adultos sabía de verdad leer y escribir, causó un gran impacto, pues relegaba a Estados Unidos al puesto 49 entre los países con mayor índice de alfabetización, cuando en los años sesenta había sido el primero del mundo. 

Las consecuencias del analfabetismo sobre la salud han sido ampliamente estudiadas (el JAMA del 6 de diciembre de 1995 publicó uno de los principales estudios sobre la barrera que representa el analfabetismo para el acceso a la salud). Ser pobre y tener dificultades para leer y comprender los tratamientos y mensajes médicos es ciertamente un riesgo para la salud. En Estados Unidos al menos el problema es de envergadura, ya que, entre otros datos preocupantes, más del 60% de los enfermos crónicos es funcionalmente analfabeto; más del 66% de las personas mayores de 60 años tiene unas habilidades de comprensión pobres, y los enfermos con dificultades de comprensión tienen un 52% más de probabilidades de ser hospitalizados que aquellos que no presentan estas dificultades. Hay una amplísima variedad de situaciones y problemas descritos causados por el analfabetismo médico, desde dificultades para leer un prospecto o un termómetro hasta la incapacidad de entender e interpretar una prescripción médica. Por sorprendente que parezca hay quien no entiende qué significa tomarse un comprimido con el estómago vacío, por no hablar del texto de un consentimiento informado. Y quizá no sean tan infrecuentes situaciones como la de una madre que piensa que un jarabe de amoxicilina para una infección de oídos debe administrarse por la oreja o la de un diabético que tras enseñarle como debe pincharse utilizando una naranja entendió que lo que debía hacer era inyectar la insulina a la naranja y luego comerse la fruta.

El panorama español seguramente no es tan desolador, pero seguro que situaciones como las descritas son más frecuentes de lo que se sospecha. En internet hay algunos artículos sobre el tema (por ejemplo en los sitios web de la Society of General Internal Medicine y de la California Primary Care Association), en los que se indican algunas estrategias para tratar con los pacientes con dificultades de comprensión. Lo primordial es no dar por sentado que todo el mundo entiende los mensajes médicos. Presuponer que internet esté mejorando la alfabetización médica es hoy por hoy demasiado suponer. Sin duda tiene un gran futuro, pero de momento a quien de verdad alfabetiza es a quien ya está lo bastante bien alfabetizado como para buscar cómo alfabetizarse más.