Archive | agosto, 1999

El síndrome postvacacional

Sobre las sensaciones no precisamente saludables que provoca la vuelta al trabajo

Una reciente encuesta de la British Heart Foundation muestra que un 40% de los trabajadores de entre 25 y 50 años cree que el trabajo daña su salud. Entre otras cosas, piensan que el trabajo les hace ganar peso, les impide hacer ejercicio y les hace sentirse cansados e irritados. Muchos de los 659 adultos encuestados reconocen además que trabajan ahora más intensamente que hace dos años y creen que esto perjudica su salud. A buen seguro, si una encuesta de estas características se realizara a principios de septiembre, justo al regreso de las vacaciones, los datos serían todavía más preocupantes. Estos días especiales son seguramente los más propicios para magnificar los aspectos negativos del trabajo y minimizar sus aspectos positivos. Son días, en suma, en los que quien más quien menos nota alguna molestia al reanudar sus ocupaciones, una fatiga excesiva, una ligera desmemoria, un invencible sueño matutino, una pérdida de atención o cualquier disconfort que no se sentía hace tan sólo unos días.

 

Aunque no está reconocido como una entidad patológica, la vuelta al trabajo provoca un cierto malestar físico y mental que se ha dado en llamar síndrome postvacacional. Este síndrome inexistente o virtual obedece a una situación muy concreta: el cambio brusco entre el estilo de vida propio de las vacaciones y el del trabajo. En el mejor de los casos no es más que un leve y natural proceso de adaptación entre el estilo de vida vacacional y el laboral. Los casos más graves hay que achacarlos a la realización de un trabajo que no aporta los nutrientes psicológicos que todo trabajo debería aportar.

 

La influencia del trabajo sobre la salud ha sido analizada desde muy diversos frentes y presenta tanto aspectos beneficiosos como perjudiciales para el bienestar físico, psicológico y social de las personas, dependiendo de si la actividad laboral es elegida o impuesta, imaginativa o rutinaria, agradable o desagradable. El psicólogo ocupacional británico Peter Warr ha identificado nueve "nutrientes" psicológicos que todo trabajo saludable debería proporcionar: variedad de actividades, demandas laborales moderadas, oportunidad de utilizar las propias habilidades, autonomía, incertidumbre mínima, condiciones laborales dignas, retribución suficiente, amistad en el trabajo y una posición socialmente valorada. Un trabajo será más o menos atractivo y saludable dependiendo de la dosis que aporte de cada uno de estos nueve ingredientes, considerando que los "nutrientes" cruciales de un trabajo son un cierto grado de autonomía y el mínimo posible de incertidumbre.

 

Sin embargo, los trabajos reales se alejan bastante de este ideal. En la encuesta nacional realizada en Estados Unidos en 1997, un 68% de los trabajadores se queja de que tienen que trabajar muy rápido y un 88% muy duro; un 25% padece estrés y un 26% agotamiento emocional; al 30% no les quedan energías para disfrutar con sus familias y un tercio se lleva trabajo a casa. Las encuestas sobre las condiciones de trabajo en España reflejan otras muchas preocupaciones: defectos de organización, monotonía, falta de interés y autonomía, posturas molestas, horarios inconvenientes, falta de comunicación, conflictos con los jefes, exceso de ruidos, manipulación de sustancias tóxicas y un largo etcétera, por no hablar de la siniestralidad laboral. No es de extrañar, por tanto, la aparición de este síndrome postvacacional al volver al trabajo. A quien no le afecte es porque no trabaja o porque quizá padezca ese otro síndrome, acaso de peor pronóstico, que es el de adicción al trabajo.

Cronobiología de las vacaciones

El estudio de los ritmos biológicos pone en cuestión el modelo actual de vacaciones

No vamos a decir aquí que la cronobiología sea un asunto ajeno a la medicina, pues con esta entrada hay en MedLine cerca de 50.000 referencias, pero sí que sus conclusiones son tenidas por precarias e ignoradas por muchos. De todas formas, la cronoergonomía (la parte de la cronobiología dedicada a definir racionalmente los conceptos de trabajo y descanso) procura dilucidar cuestiones como hasta qué punto son necesarias las vacaciones, si son escasas o suficientes y si están bien repartidas a lo largo del año.

 

El modelo actual con ciclos cortos de descanso semanal y otro más largo durante el verano se ha ido imponiendo sobre la marcha, atendiendo sólo a factores religiosos, culturales o económicos, pero sin tener en cuenta los requerimientos de orden fisiológico o psicológico. "El objetivo del descanso y de las vacaciones debería ser el proporcionar las condiciones adecuadas que permitieran al individuo restablecer una condición psicofisiológica óptima, después del periodo de trabajo", afirman los investigadores Gabino González y María Valladolid, del Museo Nacional de Ciencias Naturales, en su libro "El tercer ojo y los ritmos biológicos de los vertebrados (incluida la especie humana)", donde abordan el estudio científico de las vacaciones desde la perspectiva de la cronobiología. Como dicen estos investigadores, "para la sociedad sería muy útil determinar tanto el momento como la duración de este periodo de descanso, de manera que los individuos volvieran en el mejor estado posible".

 

Aunque nadie pone en duda la necesidad de tomar vacaciones, lo que ya no está tan claro es su duración idónea. "No hay ninguna certeza de que se obtenga mayor beneficio con un descanso de un mes de duración, ni de que sea mejor tomarlo de una vez. Todavía es difícil responder a todas estas cuestiones, y más cuando es necesario tener en cuenta la diversidad de los distintos tipos de trabajo que se realizan, junto con las variaciones de un individuo a otro, incluidas las influencias del sexo y la edad", aseguran González y Valladolid. Algunos expertos opinan que en general con menos de un mes basta. "Quince días de vacaciones son en general suficientes para recuperarse y reemperender el trabajo", afirma el especialista en medicina del trabajo Noël Kaufman. Otros, como el psicólogo estadounidense Howard I. Glazer, opinan que lo mejor es repartir las vacaciones en varios periodos cortos y uno o dos más largos.

Otra cuestión que se plantea es si lo más razonable es coger vacaciones en agosto, que es el mes de descanso de buena parte de la Administración y de muchas empresas, pero también "cuando la actividad metabólica y la resistencia del organismo están en su máximo, mientras que realizamos el trabajo más intenso en invierno, cuando la sincronización estacional coloca al organismo en su nivel metabólico mínimo y aparece un máximo de mortalidad y morbilidad", según apuntan González y Valladolid. Aunque la capacidad de adaptación del ser humana es muy notable, los cronobiólogos advierten que ir en contra de los ritmos naturales puede ser perjudicial. "En el mejor de los casos", dicen González y Valladolid, "el beneficio esperado puede reducirse; en el peor pueden aparecer desórdenes, quizá no como la aparición de enfermedades específicas, sino más bien bajo el aspecto de un envejecimiento prematuro de ciertos tejidos, debido a una fatiga persistente, o como una anormalidad en los sistemas bioquímicos, que son llevados en direcciones diferentes, al existir un conflicto entre los ritmos biológicos y las restricciones existentes, impuestas por manipulaciones no apropiadas de los factores socioecológicos." Y nosotros, aquí de vacaciones en agosto, y sin enterarnos.

Psicología de las vacaciones

Los expertos aconsejan dejarse llevar por la imaginación y gestionar el estrés

La psicología ocupacional o laboral no tiene su trasunto en lo que podría denominarse psicología del ocio y las vacaciones. Así como hay infinidad de estudios encaminados a adaptar mejor el trabajo al hombre, para hacerlo más eficiente y a la vez evitar consecuencias negativas sobre la salud física y mental, el estudio de cómo adaptar las vacaciones a las personas ha merecido muy poca atención. Como no sea por algunas encuestas no siempre fiables y algún estudio perdido, poco o nada “científico” sabemos sobre qué tipo de vacaciones necesitamos y cómo potenciar los beneficios del ocio.

Si faltan estudios de esta clase es porque quizá sobreentendemos que las vacaciones deben escapar a toda norma y que están ahí para que cada cual haga lo que le plazca. Ciertamente cada tipo de persona necesita un tipo de vacaciones distinto y lo mejor para averiguarlo es dejar volar la imaginación, según aconseja el psicólogo especializado en el tratamiento del estrés Howard I. Glazer. Asimismo, recomienda elegir las vacaciones de acuerdo con la cantidad de estrés que ocasiona el trabajo: relajantes para quien trabaja a destajo y estimulantes para quien tiene una ocupación rutinaria. Este psicólogo recomienda además elegir bien los compañeros de vacaciones, porque la personalidad sufre ciertas modificaciones en tiempo de ocio y esto puede dar lugar a alguna sorpresa. A los padres les recuerda que pueden tomarse unos días de vacaciones sin los hijos y que esto es beneficioso para unos y otros. Y, atención parejas: Glazer advierte que si viajan juntos no estén siempre pegados y que pasen algún tiempo solos, pues es un error pensar que estar todo el tiempo juntos es bueno para mejorar la intimidad de la relación.

Cuestiones económicas aparte, la rutina y el estrés son quizá las dos principales quejas de cualquier persona que trabaja y son, por tanto, los dos grandes fantasmas que hay que espantar en vacaciones. Entre los ejecutivos, que gastan fama de ser los más estresados, el 97% de las mujeres y el 89% de los hombres aseguran que “las vacaciones son necesarias para evitar quemarse”, según se refleja en el estudio “Tiempo libre: La psicología de las vacaciones”, realizado en Estados Unidos por Glazer para la empresa turística Hyatt con 500 ejecutivos de ambos sexos. Otras respuestas apuntadas en este estudio son que “las vacaciones les recargan psicológicamente” (91% de las mujeres frente al 81% de los hombres) y que les “mejoran su visión de la vida” (84% de las mujeres frente al 74% de los hombres) y “mejoran la creatividad”. La vida sexual también mejora notablemente durante las vacaciones, según reconocen el 62% de los hombres y el 58% de las mujeres.

Sorprendentemente, son más los hombres que las mujeres los que expresan su preferencia por disfrutar unas vacaciones dedicadas a la familia (51% frente al 41%). Y son las mujeres (57% frente al 47%) quienes preferentemente se inclinan por las llamadas vacaciones de salud, ya sea en balnearios o en los modernos hoteles expresamente dedicados al cuidado de la salud. Un punto en el que prácticamente todo el mundo está de acuerdo es que las verdaderas vacaciones, las más saludables, comportan un cambio de escenario, es decir, un abandono del hogar para olvidarse mejor de todos los problemas cotidianos. Sin embargo, no todo el mundo se va de vacaciones: en España, sólo un 55% de las personas mayores de 16 años realiza por lo menos un viaje de ocio y turismo al año. Sea cual sea la opción, Glazer recomienda tomarse las vacaciones tan en serio como la más importante reunión de trabajo. Pero quizá a quien no hay que tomarse demasiado en serio es a los psicólogos vacacionales.

Vacaciones a la fuerza

Al director del NEJM le dan siete meses de asueto a partir del 1 de septiembre

El modelo de vacaciones que le han impuesto al director del New England Journal of Medicine (NEJM), el doctor Jerome P. Kassirer, quizá no sea el más indicado o deseable, aunque nunca se sabe. La empresa editora de esta prestigiosa y veterana revista semanal que se viene publicando desde 1812, la Massachusetts Medical Society (MMS), anunció el pasado 25 de julio que Kassirer dispondrá a partir del 1 de septiembre de nada menos que siete meses de asueto suplementarios o, como dicen en el comunicado de prensa, “empezará un periodo sabático de siete meses”. Si muchos colegas de Kassirer han valorado esta decisión como “desafortunada” ha sido porque justo el final de este periodo sabático coincide con la fecha de finalización del contrato de Kassirer, el 31 de marzo del 2000. En fin, que está despedido tras ocho años al frente de la primera revista de medicina general e interna por factor de impacto.

Las vacaciones adelantadas o dimisión forzosa de Kassirer inevitablemente nos traen a la memoria la reciente destitución de George D. Lundberg, el 15 de enero, como director del Journal of the American Medical Association (JAMA). Si en el caso de Lundberg, la razón oficial fue la “inapropiada” e “inexcusable” injerencia de la revista en la política al publicar un estudio sobre el sexo oral coincidiendo con el proceso abierto contra el presidente Bill Clinton por sus relaciones sexuales con Monica Levinsky, ¿cuáles han sido los motivos que han conducido al despido de Kassirer? En el comunicado oficial se dice que “ha habido honestas diferencias de opinión entre el doctor Kassirer y la Sociedad Médica sobre temas administrativos y de publicación”. El comunicado no da ningún detalle sobre cuáles eran esas “honestas” diferencias sino que se recrea hasta lo empalagoso reproduciendo las mutuas muestras de agradecimiento entre ambas partes. Ante las preguntas de la agencia ReutersHealth, el portavoz de la Sociedad negó por tres veces que la disputa entre el director y los editores fuera sobre el contenido del NEJM: “No fue sobre la independencia editorial, no fue sobre el contenido editorial, no fue sobre la integridad editorial”.

Entonces, ¿cuál fue la causa? Al parecer, fue la utilización del reclamo de calidad y prestigio del NEJM para promocionar otras publicaciones de la casa. En efecto, en las demás publicaciones periódicas de la MMS (Hippocrates, las seis cabeceras de Journal Watch y AIDS Clinical Care, para los profesionales médicos, además de HealthNews y Heart Watch para el usuario no médico) se incluye al lado de la cabecera de la revista una leyenda que dice: “Por los editores del New England Journal of Medicine“. Y esto, aunque técnicamente es correcto, en opinión de Kassirer da a entender que los responsables del NEJM ejercen algún control sobre las otras publicaciones, lo cual no es cierto. Sin duda debe de haber algo más, pero en cualquier caso estamos ante dos casos que muestran hasta qué punto las principales revistas médicas pueden estar influidas por lo política y comercialmente correcto, quizá más que por lo científicamente correcto.

Es posible que mientras se estaban pelando las barbas de Lundberg a principios de año, Kassirer ya hubiera puesto su bigote a remojar. De todas formas se trata de dos editores bien diferentes: Lundberg tuvo una adhesión prácticamente unánime de todos los colegas y a las pocas semanas era ya el factótum de Medscape, mientras Kassirer, de 66 años, medita sobre su futuro y reconoce que no sabe qué va a hacer. Pero esto también les ocurre a muchos que como él acaban de empezar las vacaciones. Claro que, bien mirado, el no hacer nada en vacaciones es de lo más normal, correcto y hasta saludable.