Archive | julio, 1999

La felicidad en píldoras

La última que se anuncia es la píldora contra la adicción, que ya funciona en animales

Los felices sesenta no habrían sido lo que fueron sin la píldora. Deslindar sexo y reproducción ha sido uno de las grandes conquistas sociales y farmacológicas del siglo, y quizá como muestra de agradecimiento universal el término píldora ha estado reservado prácticamente en exclusiva para la de Pincus. La píldora por antonomasia, lo recoge así el diccionario de la Real Academia Española, es la píldora anticonceptiva. Sin embargo, en este fin de siglo otras sustancias químicas aspiran, con el apoyo más o menos tácito de los medios de comunicación, a merecer asimismo tan ínclito nombre. Se conoce que en el inconsciente colectivo la píldora se asocia con grandes cambios en el estilo de vida de los humanos y sus roles sociales.

 

En los últimos años se han anunciado y pregonado a los cuatro vientos, entre otras píldoras, las de la obesidad, la timidez o la impotencia. Como se ve, se trata de asuntos que afectan a cuestiones de gran importancia en las relaciones interpersonales. Tanto es así que a nadie se le ocurriría hablar de la píldora contra la gastroenteritis, la mucoviscidosis o el dolor de muelas, pero en cambio sí serían imaginables —y deseables— las píldoras contra la violencia o el aburrimiento. Cierto es que todo esto tiene algo de inverosímil y hasta de mágico, pero quizá se trata de eso, y el secreto de toda buena píldora es que funcione sin que la ciencia médica sepa exactamente cómo. Esto es lo que ha ocurrido con el sildenafilo, por ahora el último fenómeno mediático y farmacológico, aunque en este caso el acierto de la marca, Viagra, ha superado todas las previsiones y camina solo por el mundo sin las muletas de "píldora de la impotencia".

 

El éxito de esta píldora obedece a diversos factores, sin olvidar la impresionante campaña de marketing que la ha acompañado. La indicación del fármaco, la disfunción eréctil o impotencia del varón, y su administración oral ya hacían presagiar una buena acogida, pero es que además, como ha demostrado la ya larga experiencia que se tiene con Viagra, se trata de un fármaco bastante eficaz (resuelve el problema en más del 60% de los casos) y muy seguro, a pesar de las muertes que se le han atribuido y no perfectamente esclarecidas. Al éxito final ha contribuido la poderosa maquinaria de amplificación que son los medios de comunicación que han venido ocupándose de la píldora y sus aledaños desde su aprobación por la FDA de Estados Unidos en marzo de 1998. Las noticias en los medios superan con mucho los artículos científicos (al día 10 de julio MedLine recogía 214). Hasta ese día la BBC, por ejemplo, había difundido 335 noticias; la agencia ReutersHealth, 128, y el servicio de noticias incluido en el sitio web de Atheneum 37. Esta abundancia de tinta de periódicos no indica que se haya postergado el nivel científico del medicamento, sino simplemente que lo informativo ha trascendido lo puramente científico.

 

Hay razones para pensar que estamos ante una píldora que, como la de Pincus, actúa sobre aspectos físicos, psicológicos y sociales de las personas, es decir, aborda su salud de forma integral, según la vigente definición de la OMS. Y no sería de extrañar que los próximos éxitos de la industria farmacéutica vengan por ahí. En los últimos meses del año llegará a algunos países de Europa (a España, en la primavera del 2000) la llamada píldora para dejar de fumar, el Zyban, que fue aprobada por la FDA en 1997. Y sin ir tan lejos, esta semana mismo la revista Nature publica un trabajo en el que se da cuenta del éxito en animales de una sustancia, denominada por ahora BP 897, que al menos en los ratones disminuye el deseo de consumir cocaína. Se trata de una molécula que funciona como agonista parcial de la dopamina y que, según los investigadores, podría utilizarse para tratar no sólo la adicción a la cocaína sino también otro tipo de adicciones. Si la sustancia acaba superando los ensayos clínicos y se convierte en medicamento muy probablemente tendrá el éxito asegurado. ¿Quiere esto decir que vamos hacia un mundo feliz a golpe de píldora? Quizá no sea para tanto, pero tampoco habría nada de malo en ello, siempre que las píldoras que vengan sean seguras y eficaces.

Webtecas médicas

Nace en Cataluña uno de los primeros centros europeos de documentación virtual en ciencias de la salud

Internet ha despertado en muchos médicos la ilusión de disponer en su propia mesa de trabajo de una biblioteca amplia y selecta a la vez que actualizada. Esta idea hasta hace bien poco era una quimera, pero con el continuo enriquecimiento de la "world wide web" de contenidos médicos, la interconexión de los recursos y el perfeccionamiento de las técnicas de biblioteconomía ya parece algo factible. Pero una cosa es la apasionante teoría y otra la precaria realidad.

 

En los últimos cuatro años se han dado pasos de gigante hacia la materialización (valga la paradoja) de una biblioteca médica virtual en casa. Pensemos, por ejemplo, en lo que ha supuesto la posibilidad de consultar libremente la base de datos MedLine desde el propio ordenador; o en la posibilidad de acceder a los contenidos de las mejores revistas médicas; o en la aparición de los servicios de alerta sobre artículos o temas de interés, o en tantas nuevas posibilidades que ofrecen algunos editores o instituciones. Sin embargo, al buscar información médica tarde o temprano aparece un muro imposible de franquear, una laguna en el archivo o simplemente resulta excesivo el tiempo consumido. Prácticamente toda la información que uno necesita ya está en la red, pero el acceso a estos fondos es todavía precario, frustrante, limitado, lento, disperso, decepcionante, errático, discriminatorio y a veces imposible, por decir sólo algunos de los adjetivos que vienen al caso. Las razones por las que todavía no se ha cumplido la ilusión de disponer de una biblioteca médica virtual son muy diversas, desde las puramente tecnológicas hasta las más estrictamente comerciales y relacionadas con el valor económico de la información. Pero esto no disipa la acuciante necesidad de tantos profesionales de disponer de una auténtica webteca médica, tan bien nutrida y ordenada como de fácil acceso y consulta. Y quizá por eso empiezan a surgir algunas prometedoras iniciativas.

 

La Biblioteca Josep Laporte, constituida recientemente como una fundación en la que participan diversas instituciones médicas y universidades de Cataluña (Academia de Ciencias Médicas de Cataluña y Baleares, Instituto Catalán de la Salud, Instituto Municipal de Asistencia Sanitaria, Fundación Parc Taulí, Colegio de Médicos de Barcelona, Instituto Universitario Dexeus, Instituto Guttmann, Fundación Puigvert, Consorcio Hospitalario de Cataluña, Consorcio de Bibliotecas Universitarias de Cataluña, Universidad Autónoma, Universidad de Barcelona, Hospital de San Pablo y otros hospitales), echará a andar en noviembre próximo con un ambicioso proyecto de biblioteca digital, aparte de una biblioteca médica tradicional resultante de la fusión de otras tres. Como paquete inicial de servicios para las instituciones implicadas ofrecerá en una primera etapa acceso a cinco bases de datos bibliográficas y al archivo de las 60 revistas médicas más importantes a texto completo así como a diversos productos basados en la síntesis de la evidencia; asimismo permitirá consultar "on line" unas 270 revistas médicas no sólo desde sus instalaciones en el recinto del Hospital de Sant Pau, sino desde cualquier punto mediante clave de acceso. El director de esta biblioteca, Albert Jovell, estima que hasta dentro de tres años no se desarrollarán todos los servicios previstos, entre los que se incluye la puesta en marcha de diversos centros de gestión del conocimiento que seleccionen la información médica con los criterios de la evidencia científica tanto para los médicos como para los usuarios.

 

El proyecto de esta Fundación Biblioteca Josep Laporte es pionero en España y quizá sólo sea comparable en Europa al de la National Electronic Library of Health del National Health Service británico. Con el tiempo, aparecerán otras bibliotecas digitales semejantes y surgirán alianzas entre ellas y servicios en colaboración. Para ello, hace falta que el medio alcance una mayor madurez, pero estos son sin duda los primeros y acertados pasos hacia la consolidación de auténtica red de webtecas médicas de calidad. Para los médicos es ya una necesidad imperiosa, pero es que los usuarios también empiezan a reclamarlas como un derecho.

Medicina y otras yerbas

El creciente interés de la medicina oficial por las terapias alternativas es visible en internet

Para enfocar cualquier comentario o apunte para la reflexión sobre las llamadas medicinas alternativas, lo primero que hay que decir es que a escala mundial corresponden a este modelo alternativo aproximadamente entre el 70% y el 90% de todos los cuidados o intervenciones de salud. Llámense alternativas, heterodoxas, holísticas o complementarias, según quien las nombre, lo cierto es que estas prácticas no son en absoluto testimoniales o minoritarias. Incluso en los países desarrollados, donde la medicina científica manifiesta su mayor poderío, su presencia es más que significativa. Y, además, va en aumento. En Estados Unidos, por ejemplo, el número de consultas a profesionales de las medicinas alternativas (629 millones de consultas en 1997) es superior al de visitas al médico de cabecera. En el Reino Unido resulta que actualmente los especialistas en medicinas alternativas (alrededor de 40.000 practicantes) superan en número al de médicos generales (36.000 "general practitioners" o GPs), según datos del primer censo elaborado el verano pasado para el Gobierno británico por la British Medical Association (BMA). Y todavía podríamos aportar algún otro dato sorprendente: casi dos tercios de los estudiantes de medicina en Estados Unidos asisten a cursos sobre terapias alternativas para completar su formación, como respuesta al creciente interés de la población estadounidense por esas terapias, según un estudio publicado en el JAMA el pasado 9 de septiembre de 1998.

 

Esta revista de la American Medical Association (AMA), una de las cuatro grandes de la medicina científica, rompió una lanza a favor de la visibilidad de las medicinas alternativas al publicar un número monográfico el 11 de noviembre de 1998. Entre otros datos extraídos de los estudios publicados en dicho número, se pueden destacar estos tres: 1) Cuatro de cada 10 estadounidenses recurre a alguna forma de medicina alternativa. 2) Entre 1991 y 1997 el uso de las medicinas alternativas ha aumentado en Estados Unidos un 47,3%. 3) El dinero gastado por los estadounidenses en medicinas no oficiales y no cubiertas por los seguros médicos es similar al gastado en los servicios médicos oficiales y que tampoco son cubiertos por los seguros.

 

Quizá por la fuerza de estos y otros datos, la medicina oficial está prestando una atención creciente a prácticas como la acupuntura, la aromaterapia, los remedios herbales o herbarios, la homeopatía, la quiropráctica y otras prácticas no convencionales. Por si alguien no lo sabía, entre los prestigiosos National Institutes of Health (NIH) estadounidenses hay uno de perfil heterodoxo: el National Centre for Complementary and Alternative Medicine (NCCAM), que como los demás también tiene su propio sitio web en internet, aunque en él se aclara que este centro no es una agencia oficial para las medicinas alternativas ni representa necesariamente un aval a dichas terapias. Obviamente, tampoco avala sus enlaces a sitios web alternativos y, como no cabría esperar otra cosa, recomienda encarecidamente al usuario consultar cualquier tratamiento "heterodoxo" con su médico "ortodoxo". De ser así las cosas, el médico de familia puede verse en la necesidad de discutir con sus pacientes sobre aspectos como la eficacia, la seguridad o el coste (nada despreciable, por cierto) de los métodos alternativos, así como sobre la competencia de sus practicantes.

 

Una posible lectura de los datos y consideraciones aquí apuntados es que el reconocimiento por parte de la medicina oficial de la existencia de las terapias alternativas es un primer paso para traerla a su terreno y, con el tiempo, incluirla y asimilarla. Pero, eso sí, sometiéndola a la prueba de la verdad del ensayo clínico. El monográfico del JAMA es una buena prueba, como lo son también las más de 40.000 referencias sobre "medicinas alternativas" recogidas en MedLine. Las medicinas complementarias existen y son incluso mayoritarias, por eso no parece buen camino ignorarlas o menospreciarlas. ¿Hay entonces que someterlas a la prueba del nueve de la medicina científica? Quizá no haya otra salida, aunque no va a ser fácil ni factible con algunas terapias.

Relaciones online

Iniciativas empresariales para crear nuevos flujos de información entre médicos y pacientes

Las enormes posibilidades que ofrece internet en la comunicación médico-paciente ya están empezando a cuajar en un sinnúmero de iniciativas destinadas a satisfacer algunas necesidades informativas de los médicos hacia sus pacientes, de los pacientes hacia sus médicos e incluso entre los animales de compañía y sus veterinarios. Como la semana pasada se comentaba aquí de pasada estas posibilidades, quizá valga la pena presentar cómo algunas empresas ya están empezando a explorar y explotar estas nuevas oportunidades y ofreciendo servicios concretos.

 

Empecemos por los sitios web de los pacientes. RXData se anuncia en la red como un sitio web donde alojar gratuitamente todo el historial médico de una persona e incluso de sus animales de compañía. La idea fundamental que movió a crear RXData a su presidente, Joe Wigley, no es otra que la de hacer posible que una persona que esté de viaje y caiga enfermo, lejos de su casa y de su médico de familia, pueda hacer accesible su historial clínico completo a un médico en cualquier parte del mundo. También es útil este servicio para pacientes que tengan necesidades médicas especialmente complejas y un voluminoso historial o para albergar las historias clínicas de los hijos, sus calendarios de vacunación, etc. Para asegurar la intimidad de la información, cada paciente crea su clave de acceso y tiene además un código de identificación formado por su fecha de nacimiento y algunos otros datos personales. Un médico sólo podrá acceder a la información del paciente si conoce su correo-e y su clave de acceso; para editar dicha información necesita además conocer el código de identificación y otros datos facilitados por el enfermo. En el sitio web de RXData existe además un área destinada a la información clínica de animales de compañía, de características y funcionamiento similar.

 

RXData entró en funcionamiento el 18 de marzo, se financia con publicidad y su servicio es gratuito para la mayoría de los usuarios, aunque aquellos con necesidades médicas especialmente complicadas tienen que pagar el servicio. Y para quien no dispone de su historial médico, hay empresas en la red que lo elaboran. N.E.W. Medical Identifications, por ejemplo, ofrece a través de internet la creación de una tarjeta con la información médica básica (historia clínica, alergias, ECG, personas de contacto y otros datos vitales) por el precio de 20 dólares (25 con ECG) y una cuota de mantenimiento anual de 17,50 dólares.

 

Las empresas orientadas a la creación de sitios web para médicos son mucho más numerosas. Construirse el propio sitio web sin ser un experto informático es cada día más fácil. Prácticamente cualquier proveedor de acceso ofrece espacio para albergar páginas personales, pero hay también servicios más especializados. Netopia, la oficina virtual de Netscape, ofrece a los médicos, entre otros profesionales, ayuda para desarrollar sitios web a la medida de sus necesidades por un coste de 19,95 dólares al mes. En la misma línea, Beansprout brinda un servicio gratuito a los pediatras de EE.UU. para que creen y mantengan su propio sitio web como medio de comunicación con los padres. Estos acceden al sitio web con una clave que les facilita el pediatra para que puedan concertar una cita, formular preguntas, acceder a información de utilidad sobre algunas enfermedades, diagnósticos o tratamientos y otras opciones.

 

Estos y otros servicios son la punta de lanza de las nuevas posibilidades que ya ofrece la red para una mejor comunicación entre médicos y pacientes. Como casi todo lo que tiene que ver con internet, primero surge en EE.UU. y luego se extiende por los demás países. No hay duda de que todo esto, refinado, evolucionado y adaptado a las necesidades de cada país y cada sistema sanitario no tardará en llegar a Europa y España. Por ahora es la empresa privada la que está abriendo brecha, pero tampoco es descabellado imaginar que algunos de estos servicios acaben llegando también al sistema público. Tiempo al tiempo.

La información como acto médico

Lo dijo Javier Sánchez Caro, subdirector general de Asistencia Jurídica del Insalud el lunes 28 de junio en Santander, en el seminario "Salud y opinión pública" celebrado esta semana en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo: "La información es un acto clínico". Estas palabras, pronunciadas en el marco de su intervención acerca de "La información sobre salud y los derechos de pacintes y consumidores" y en un contexto en el que el jurista hablaba de la tendencia irrefrenable a favor el principio del autonomía del paciente, venían a resumir a la perfección el papel que puede jugar la información médica en la relación médico-paciente, donde precisamente es la información el instrumento que horizontaliza esta relación. Un paciente bien informado es sin uda mejor dueño de su vida y de su salud.

En este seminario que concluye hoy se ha abordado también la función que puede desempeñar un medio de comunicación como Internet en la difusión de la información sobre salud. ¿Llegará un día en el que el médico ponga en la receta una dirección de Internt y remita a su paciente a un sitio web para conocer mejor su enfermdad o su problema de salud? Esta posibilidad, como otras muchas que brinda Internet, ya está aquí, pero es todavía un fenómeno muy minoritario.

El usuario no médico tiene acceso a prácticamente las mismas fuentes de información que el médico. Ahora bien, hasta qué punto utiliza el usuario no médico la información médica y en qué medida encuentra información adaptada a sus necesidades, cuál es el perfil de este usuario, a qué contenidos accede, con qué objetivos, cómo valora la calidad de esta información, qué problemas y dificulatades se le presentan para encontrar información. No es fácil contestar a estas y similares cuestiones porque, de entrada, faltan estudios fiables.

Los resultados de una encuesta telefónica difundida por Reuters Health (http://www.reutershealth.com) el 5 de marzo indicaban que el 29% de los estadounidenses que accede a Internet ha utilizado la red en alguna ocasión para buscar información médica. De esta encuesta, realizada por la compañía Schwarz Pharma, se desprende el siguiente perfil del usuario que busca información médica: mujer (el 33% de mujeres frente al 24% de hombres), de 18 a 44 años (el 35% de las personas comprendidas en estafranja de edad ha realizado alguna búsqueda), con hijos (37% de usuarios con hijos frente a un 23% sin ellos). Lo que busca este usuario tipo no es otra cosa que información sobre enfermedades y tratamientos. Pero los datos de esta encuesta no permiten conocer otros detalles sobre la búsqueda de información médica en Internet, pongamos por caso la frecuencia o el nivel de satisfación. Si, con todas las cautelas que se quiera, extrapolamos este dato a España, resulta que el ejercicio de buscar información médica en Internet es un asunto muy minoritario. Como en nuestro país, según los datos del último Estudio General de Medios de febrero-marzo de 1999 (http://www.aui.es/estadi/egm/iegm.htm), tiene acceso a Internet un 8% de la población, resultaría que sólo un 2% de la población ha realizado alguna vez una búsqueda médica en Internet. Puede que las últimas ofertas de acceso gratuito para la población española aumenten esta cifra, pero habrá que esperar para conocerlo.

Esta claro que, al margen de los profesionales de la medicina, la información en la red interesa hoy por hoy a una franja de población muy reducida: gente con acceso a Internet y que necesita conocer más a fondo una enfermedad. No hay duda de que el acceso a la información médica es beneficioso para cualquiera y quizá una de las utilidades de esta información para el paciente sea poder plantear preguntas mejor documentadas a los médicos. Los médicos, a su vez, pueden remitir a sus pacientes a sus propios sitios web para ampliar información (y ahorrar tiempo) o ponerles en la pista de otros sitios con información fiable, contrastada y adecuada a sus necesidades. Además, el paciente puede utilizar asimismo el correo electrónico para comunicarse con su médico o alojar todo su historial médico en una página personal accesible desde cualquier parte del mundo.

Pero estas y otras posibilidades son todavía muy minoritarias. Internet está en sus inicios, el medio presenta todavía muchas limitaciones tecnológicas y es demasiado lento y complicado para muchas personas. Para el usuario no médico, el conjunto de la información médica disponible le resulta disuasoria en su sobreabundancia y dispersión, pero a la vez le faltan sitios de referencia con contenidos fiables y adecuados a sus necesidades informativas. El problema es más grave si se busca información en castellano. Con el tiempo, sin duda, Internet acabará siendo un canal de información muy importante para el usuario. Las cosas van ciertamente rápidas en Internet, pero ese momento todavía está por llegar.