Archive | mayo, 1999

¿Dónde queda Nueva Inglaterra?

Sobre el tratamiento de la información de salud en la prensa diaria y las fuentes que utiliza

En una fecha tan próxima y lejana a la vez como 1980 el periódico El País, que ya era por aquel entonces el de más difusión y prestigio en la prensa española, citaba la revista The New England Journal of Medicine (NEJM) como "El Diario Médico de Nueva Inglaterra". Esto hace tiempo que ha dejado de ocurrir en ese diario y en otros, que utilizan el NEJM como una fuente habitual en sus informaciones médicas. Leer hoy en la prensa una referencia semejante (imaginemos, por ejemplo, "La Lanceta" en vez de The Lancet) sería algo casi tan desconcertante y equívoco como citar "Los Tiempos de Nueva York" en vez de The New York Times. Pero este minúsculo dato de hemeroteca nos puede servir hoy para reflexionar sobre cómo ha evolucionado en España la información de salud en la prensa de información general.

Las cosas empezaron a cambiar con la irrupción del síndrome tóxico en 1981 y poco después del sida. Los periodistas "todoterreno", que lo mismo informaban de sucesos que de medicina, fueron cediendo paso a periodistas cada vez más especializados en medicina y sanidad, mientras iba creciendo el espacio destinado a estos temas. Aunque apenas se ha estudiado la información médica en la prensa diaria, los pocos estudios que hay son reveladores. Vale la pena comentar un trabajo sobre "La información sanitaria en la Prensa diaria" publicado en 1991 en la Revista de Sanidad e Higiene Pública. Se trata de un estudio horizontal, en el que se han revisado los ejemplares de los cinco diarios más difundidos entonces (El País, Abc, La Vanguardia, El Periódico y Diario 16) durante cuatro semanas de 1987. Uno de los objetivos del estudio era evaluar el rigor, definido como la ausencia de errores capaces de inducir conductas inadecuadas en el lector en relación con la salud. Según los autores, se otorgó menos importancia a errores de tipo terminológico (artrosis por artritis, por ejemplo) que a la creación de expectativas excesivas de curación, consejos inadecuados… Pues bien, según los resultados de este trabajo, el rigor informativo osciló entre un 92% y un 98%. Y algo parecido ocurrió con la evaluación de la inteligibilidad o claridad en la exposición, que alcanzó unos valores que oscilaron entre un 94% y un 98%. Los autores de este trabajo observan además que "los casos de rigor insuficiente suelen corresponder a artículos aparecidos fuera de las secciones de sanidad (internacional, sucesos, etc.)". Con esta aseveración no hacen sino reconocer el oficio que ya en el año 1987 tenían los informadores de medicina y sanidad.

Con todo, sobre la prensa pesan no pocas acusaciones, algunas ciertamente merecidas. Las más habituales son la falta de rigor y de veracidad en la información, la desinformación del lector, el desprestigio de la clase médica y, más recientemente, un cierto tono de grandilocuencia y espectacularidad que contribuye a crear falsas expectativas entre los pacientes. Aunque faltan estudios amplios para demostrar estas acusaciones, desde hace tres años contamos con un buen instrumento de análisis cuantitativo y cualitativo de la información médica en la prensa. Es el llamado Informe Quiral, que realiza el Observatorio de la Comunicación Científica de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona para la Fundación Vila Casas. Para el informe de 1998 se han revisado exhaustivamente cinco diarios: El País, ABC, El Mundo, La Vanguardia y El Periódico de Catalunya, contabilizándose en total 8.706 textos periodísticos, un 45% más que en 1977 (5.984 registros). Los temas que más impacto tuvieron en la prensa fueron por este orden: la píldora de impotencia (Viagra), las negligencias médicas y las infecciones hospitalarias. Esta "pool position" es un dato más que avala la valoración del director del Informe Quiral, Vladimir de Semir, de que "se está produciendo una gradual deriva hacia la espectacularización e incluso hacia el sensacionalismo."

Otro dato para la reflexión es el que se refiere a las fuentes que se citan en los artículos periodísticos: médicos y expertos (45%), instituciones (28%), publicaciones (15%) y agencias de noticias (14%). Los médicos y expertos son la principal fuente informativa y es natural que así sea, entre otras cosas para contextualizar debidamente las demás fuentes. Pero es notable también el peso que tienen las publicaciones y el número de citas de algunas revistas: Nature / Nature Medicine / Nature Genetics (225 veces), The Lancet (181) y The New England Journal of Medicine (139). Ciertamente, Nueva Inglaterra queda ya muy lejos.

El iceberg de la depresión

Sobre la capacitación del médico de familia en el tratamiento de los trastornos depresivos

Es bien posible que en medicina no haya otro iceberg mayor que el de la depresión. De entrada, lo que impresiona es el tamaño de este problema de salud, de unas dimensiones que quedan bien patentes en el estudio prospectivo elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS) para el año 2020 (la depresión será entonces el mayor problema de salud, como comentamos en esta columna la semana pasada) y por su altísima prevalencia: una de cada 20 personas sufre al año una depresión y más del 15% de la toda la población mundial padecerá un episodio depresivo a lo largo de su vida (un 12,7% de los hombres y un 21,3% de las mujeres). Estas tasas de prevalencia no se corresponden, sin embargo, con los diagnósticos clínicos, manifestándose así un claro fenómeno de iceberg. En una de las conclusiones del libro blanco sobre "La calidad asistencial de la depresión en España", elaborado hace dos años con la colaboración de la sociedades españolas de Psiquiatría Biológica, Medicina General, Medicina Rural y Generalista y la Asociación Española para la Calidad, se hacía notar que dos tercios de la población española que padece depresión no solicitan ayuda médica mientras que buena parte de los que van al médico no lo hace por esta causa sino por otro tipo de dolencias.

Las causas de que la depresión sea un problema infradiagnosticado son muchas, pero entre ellas está el error de considerar que las depresiones reactivas o con causa conocida no son patológicas, como apuntó la doctora Carmen Leal, catedrática de Psiquiatría de la Universidad de Valencia, en una reunión sobre los "Avances en psiquiatría ante el siglo XXI" organizada por la Fundación SB y celebrada recientemente en Jerusalén. La prevalencia de la depresión, según Leal, llega a afectar al 40% de las personas que viven en residencias geriátricas. Sin embargo, "no creo en la llamada depresión de la vuelta de vacaciones, como tampoco que la infelicidad o la desgracia sean trastornos patológicos", afirmó la futura presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría, para deslindar la depresión de los estados de ánimo normales y subrayar que se trata de una enfermedad. La depresión "es un trastorno médico como la hipertensión, la diabetes o la artritis que requiere tratamiento médico", enfatiza la OMS en su sitio web dedicado a "Mental Disorders in Primary Care: Depression".

Pues bien, como enfermedad que es, la depresión con todo su iceberg se está viniendo encima del médico de familia. La cuestión es si este profesional está preparado para ello. En el citado libro blanco de la depresión, que refleja las opiniones de psiquiatras, pacientes y médicos de atención primaria, estos últimos ponían de manifiesto hace dos años que carecían de las condiciones adecuadas para establecer correctamente el diagnóstico de depresión y que uno de cada cuatro médicos derivaba siempre estos casos al psiquiatra. El problema no es nuevo y preocupa en todo el mundo. El pasado lunes 17 de mayo se inauguró en Washington la reunión anual de la American Psychiatric Association y en la segunda sesión del día ya se abordaba el tema: "Psychiatric Training for Primary Care Providers: Comparisons Between Internal Medicine and Family Practice". Como quiera que los médicos de atención primaria son en muchos casos el primer contacto con el sistema de salud que tiene un enfermo depresivo, su posición es privilegiada para detectar el tratorno y tratarlo. En un reciente trabajo, publicado en el número de enero-febrero de los Archives of Family Medicine, se ha querido estudiar la capacitación de estos profesionales ante la depresión. Y, según este estudio, resulta que, al menos en EE.UU., la mayoría de los médicos de atención primaria confían en su capacidad para diagnosticar la depresión y lo asumen como una más de sus responsabilidades clínicas.

Un hecho constatado es que los pacientes depresivos utilizan unas tres veces más los servicios de salud que los que no padecen un trastorno depresivo. Por suerte, como subraya la doctora Leal, los avances terapéuticos en el tratamiento de la depresión han sido espectaculares en los últimos años. Hoy es una enfermedad curable, cuyo tratamiento está en buena medida en manos de los médicos de familia. Y quizá sea ésta la mejor vía para sacar a flote y sanear el enorme iceberg de la depresión.

El otro “ranking”

La depresión se perfila como el primer problema de salud para el año 2020

En términos macrosanitarios, la semana ha estado presidida por la presentación del Informe sobre la Salud en el Mundo 1999 (The World Health Repport 1999: Making a Difference) de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que como era previsible no ha deparado grandes sorpresas. Se trata del primer informe anual realizado desde que Gro Harlem Brundtland accedió a la dirección general de la OMS, pero las estadísticas no cambian ostensiblemente de un año para otro, los dramas humanos del Tercer Mundo siguen sin solución y las recomendaciones de este organismo mundial tampoco son nuevas. La guerra declarada al tabaquismo para evitar 140 millones de muertes de aquí al año 2050, el ascenso anunciado del sida a primera causa de muerte en Africa, el insoportable y pertinaz goteo de muertos por la malaria, las desigualdades sanitarias agravadas por las insensibles leyes del mercado global o el ascenso continuo de las enfermedades no comunicables son algunos de los puntos que se discuten en este informe de 121 páginas. La llamada "health revolution" sigue avanzando: las tendencias globales en cuanto a esperanza de vida y tasas de natalidad mejoran, pero "más de 1000 millones de personas entrarán en el siglo XXI sin haber participado en la revolución de la salud". Por lo demás, el "ranking" de mortalidad sigue copado por viejos conocidos: enfermedades infecciosas, enfermedades cardiovasculares y cáncer.

La OMS, sin embargo, maneja también otros informes (no incluidos en su sitio web o tan escondidos que no es fácil encontrarlos) que dislocan las listas habituales de enemigos para la salud y ofrecen perspectivas distintas para medir los problemas sanitarios y orientar la investigación médica y sus presupuestos. Un equipo de expertos independiente, dirigido por Dean Jamison, profesor de Salud pública en la Universidad de California, en Los Ángeles, realizó en 1996 para la OMS un estudio prospectivo para identificar los mayores problemas de salud en el año 2020. Y resultó que estos no eran ni el cáncer, ni el sida, ni las enfermedades infecciosas: en este "ranking" figuraba en primer lugar la depresión. El resultado obedece, obviamente, a la metodología empleada: en vez de estimar el peaje que cobra una enfermedad con el método habitual de la mortalidad que ocasiona, el comité que realizó este estudio utilizó una medida (DALY: disability-adjusted life year) que pone énfasis no sólo en la mortalidad sino también en la calidad de vida y la pérdida de salud. Así, para el año 2020 se prevé a nivel mundial que tras la depresión vendrán en esta lista la enfermedad coronaria y los accidentes de tráfico. Si nos ceñimos al Tercer Mundo, donde vive la mayoría de la población, para el año 2020 las 10 primeras posiciones de esta lista serán para la depresión, los accidentes de tráfico, la enfermedad coronaria, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, los accidentes cerebrovasculares, la tuberculosis, las infecciones respiratorias de vías bajas, la guerra, las enfermedades diarreicas y el sida.

En este otro informe sí que hay aspectos que llaman la atención, como la inclusión de la guerra en este "top ten" de pérdida de salud. Otro es el ascenso de los accidentes de tráfico, que en 1990 ocupaban el puesto número 11 de la tabla en los países del Tercer Mundo y el séptimo a nivel mundial. Para el 2020, si no se pone remedio, los accidentes de tráfico serán responsables de la pérdida de uno de cada 20 años de vida del conjunto de la población. Y por supuesto llama la atención el vislumbrar la magnitud del iceberg de la depresión, que nos da una buena medida de lo desabrigado en términos de afectos que llega a ser el mundo. El impacto de este trastorno sobre la salud no se mide sólo por el número de suicidios, como bien saben los médicos de familia, pues una de cada 10 consultas de atención primaria obedece a una depresión. Pero esto es algo que merece mayores consideraciones. Continuará.

Ciberconsultas

Internet abre nuevas vías de comunicación entre médicos y pacientes

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos sitios web hay relacionados con la medicina y la salud. Los más de 20.000 sitios recogidos en las listas de Yahoo son la punta de un iceberg del que se desconoce su tamaño. Pero ahí están esos 20.000 como prueba y testimonio de la vitalidad de la cibermedicina. El buscador Altavista encuentra hoy viernes 7 de mayo a las 11:00 horas nada menos que 8.948.817 páginas web cuando se le interroga acerca de la palabra “health”. El contador de Altavista da una cifra de repetición de la palabra “health” de 21.986.356. En este batiburrillo de palabras y páginas se mezclan el último artículo del New England Journal of Medicine con la pseudociencia de cualquier charlatán y un sinfín de “infomercials” (de “information” y “commercials”) donde a veces no es fácil distinguir la información veraz de la publicidad. Pero no es lo mismo que la afirmación de que “beber muchos líquidos ayuda a prevenir el cáncer de vejiga en el hombre” la diga el New England Journal of Medicine (la conclusión de un artículo del número de ayer 6 de mayo decía textualmente: “La ingesta elevada de líquidos está asociada con un menor riesgo de cáncer de vejiga en el hombre”) o cualquier charlatán de medio pelo en su página web. Del mismo modo, hay diferencias entre leer esta noticia en la CNN en español (de entrada, no se dice la fecha del NEJM o datos complementarios como la prevalencia del cáncer de vejiga) o en una fuente tan solvente y profesional como Reuters Health. Continue Reading →